Mujeres dedican su vida a la paja toquilla

Carmen Zapatanga tiene 83 años de edad. Ella vive en el cantón de Gualaceo, pero ni la edad ni la distancia le impiden llegar a Cuenca para vender sus productos hechos con paja toquilla.


Se sienta a un costado de la plaza de San Francisco y muestra sus trabajos: diminutos sombreros, animalitos, cestos, joyeros. Todas estas artesanías colorean el piso.


Sus dedos no descansan, ya que lleva una pequeña horma para tejer mientras espera algún cliente que quiera adquirir sus productos. “Ya vieja aprendí a tejer”, dice y sonríe. “Llegaron unos señores a Gualaceo a enseñarnos y desde ahí hago estas cosas”.


Los costos de sus artesanías oscilan desde los  50 centavos de dólar hasta los 4,50 dólares, según el material usado y el tamaño de los distintos accesorios.
El esposo de doña Carmen, Manuel Jesús Zumba, murió hace 40 años. Entonces ella quedó sola al cuidado de sus animales, “él araba, sembraba la tierra, hacía cosas del campo”, rememora la mujer.


Carmen Zapatanga ha llegado a dominar la paja toquilla; indica que para darle color a la misma, tiñe con elementos que compra en Cuenca y tiene que ir entrelazando la paja para que vaya tomando forma y color de manera uniforme.


Aún recuerda al sacerdote español José Luis Carambis, quien llegó hasta la parroquia de San Juan en el cantón Gualaceo. “Algunos aprendieron a tejer sombreros con él, otros a bordar y otros a tejer artesanías”, sostiene doña Carmen, quien pese a su edad, no toma un descanso.


Ella mantiene en constante movimiento sus hábiles manos y al mismo tiempo llama a las personas para que adquieran sus productos que son elaborados en su casa o en su sitio de trabajo. Detalla que le toma un día tejer un cesto de mediano tamaño, mientras que en un sombrero en miniatura se lleva una hora, al igual que los pajaritos que son elaborados con paja toquilla.


En otro sector de esta plaza histórica de Cuenca está Rosa Baculima, quien junto con su hija se dedican a la confección de pequeños adornos. Hace 30 años ella teje muñecas, adornos para Navidad, canastas, nacimientos, todo eso con este material.


“Muchos de mis trabajos van a EE.UU. y a España, pero acá también les gusta y se quedan para adornar los hogares”, indica mientras sigue tejiendo, pese a sus problemas de salud que prefiere no detallar. (F)


El resultado se conocerá a fin de año.
TRABAJO. Rosa Baculima se dedica a la confección de pequeños adornos. Hace 30 años  teje muñecas, canastas, nacimientos, entre otros.
VISITA. A Cuenca llegaron miembros del Consejo Mundial de Artesanías-World Craft Council para recorrer, conocer y evaluar el trabajo artesanal.


ANÁLISIS. La delegación determinará si los artesanos cuencanos cumplen acciones a favor de salvaguardar, desarrollar y poner en valor la artesanía.
“El trabajo de los artesanos cuencanos ha traspasado fronteras”


Alberto Bertolaza, presidente para Latinoamérica del  Consejo Mundial de Artesanías-World Craft Council, señaló que “el trabajo de los artesanos cuencanos ha traspasado fronteras y sus creaciones mantienen viva la identidad y la memoria; además de contribuir con el desarrollo local”. Bertolaza visitó la ciudad como parte de la delegación internacional que analiza la postulación de Cuenca al título ‘Ciudad artesanal y diversa del mundo’. El proceso de evaluación a cargo de la comitiva culminará con el reconocimiento especial a la preservación de saberes manuales y su vinculación con la identidad y la tradición, el veredicto se lo conocerá a fines de 2019.


Jaime Peralta, un ciudadano que recorría la plaza de San Francisco y miraba las artesanías de  Rosa Baculima, considera que “nuestra paja toquilla por siempre nos ha dado trabajo, también la oportunidad de que nuestro país sea conocido a nivel internacional”.


El Consejo Mundial de Artesanía es una organización no gubernamental, afiliada a la Unesco sin fines de lucro, fundada en 1964. (F)

Mujeres dedican su vida a la paja toquilla

Carmen Zapatanga tiene 83 años de edad. Ella vive en el cantón de Gualaceo, pero ni la edad ni la distancia le impiden llegar a Cuenca para vender sus productos hechos con paja toquilla.


Se sienta a un costado de la plaza de San Francisco y muestra sus trabajos: diminutos sombreros, animalitos, cestos, joyeros. Todas estas artesanías colorean el piso.


Sus dedos no descansan, ya que lleva una pequeña horma para tejer mientras espera algún cliente que quiera adquirir sus productos. “Ya vieja aprendí a tejer”, dice y sonríe. “Llegaron unos señores a Gualaceo a enseñarnos y desde ahí hago estas cosas”.


Los costos de sus artesanías oscilan desde los  50 centavos de dólar hasta los 4,50 dólares, según el material usado y el tamaño de los distintos accesorios.
El esposo de doña Carmen, Manuel Jesús Zumba, murió hace 40 años. Entonces ella quedó sola al cuidado de sus animales, “él araba, sembraba la tierra, hacía cosas del campo”, rememora la mujer.


Carmen Zapatanga ha llegado a dominar la paja toquilla; indica que para darle color a la misma, tiñe con elementos que compra en Cuenca y tiene que ir entrelazando la paja para que vaya tomando forma y color de manera uniforme.


Aún recuerda al sacerdote español José Luis Carambis, quien llegó hasta la parroquia de San Juan en el cantón Gualaceo. “Algunos aprendieron a tejer sombreros con él, otros a bordar y otros a tejer artesanías”, sostiene doña Carmen, quien pese a su edad, no toma un descanso.


Ella mantiene en constante movimiento sus hábiles manos y al mismo tiempo llama a las personas para que adquieran sus productos que son elaborados en su casa o en su sitio de trabajo. Detalla que le toma un día tejer un cesto de mediano tamaño, mientras que en un sombrero en miniatura se lleva una hora, al igual que los pajaritos que son elaborados con paja toquilla.


En otro sector de esta plaza histórica de Cuenca está Rosa Baculima, quien junto con su hija se dedican a la confección de pequeños adornos. Hace 30 años ella teje muñecas, adornos para Navidad, canastas, nacimientos, todo eso con este material.


“Muchos de mis trabajos van a EE.UU. y a España, pero acá también les gusta y se quedan para adornar los hogares”, indica mientras sigue tejiendo, pese a sus problemas de salud que prefiere no detallar. (F)


El resultado se conocerá a fin de año.
TRABAJO. Rosa Baculima se dedica a la confección de pequeños adornos. Hace 30 años  teje muñecas, canastas, nacimientos, entre otros.
VISITA. A Cuenca llegaron miembros del Consejo Mundial de Artesanías-World Craft Council para recorrer, conocer y evaluar el trabajo artesanal.


ANÁLISIS. La delegación determinará si los artesanos cuencanos cumplen acciones a favor de salvaguardar, desarrollar y poner en valor la artesanía.
“El trabajo de los artesanos cuencanos ha traspasado fronteras”


Alberto Bertolaza, presidente para Latinoamérica del  Consejo Mundial de Artesanías-World Craft Council, señaló que “el trabajo de los artesanos cuencanos ha traspasado fronteras y sus creaciones mantienen viva la identidad y la memoria; además de contribuir con el desarrollo local”. Bertolaza visitó la ciudad como parte de la delegación internacional que analiza la postulación de Cuenca al título ‘Ciudad artesanal y diversa del mundo’. El proceso de evaluación a cargo de la comitiva culminará con el reconocimiento especial a la preservación de saberes manuales y su vinculación con la identidad y la tradición, el veredicto se lo conocerá a fines de 2019.


Jaime Peralta, un ciudadano que recorría la plaza de San Francisco y miraba las artesanías de  Rosa Baculima, considera que “nuestra paja toquilla por siempre nos ha dado trabajo, también la oportunidad de que nuestro país sea conocido a nivel internacional”.


El Consejo Mundial de Artesanía es una organización no gubernamental, afiliada a la Unesco sin fines de lucro, fundada en 1964. (F)