Falta más atención a la arqueología de Azuay y Cañar

Cinco complejos patrimoniales en estas dos provincias del Sur están deteriorados. A los Municipios les compete su cuidado. El INPC promueve mesas técnicas para su recuperación y puesta en valor.

Los vestigios arqueológicos que están en las provincias de Azuay y Cañar son las muestras tangibles de la existencia de las culturas inca y cañari, pero caen de a poco por falta de cuidado.

El director regional 6 del Instituto Nacional de Patrimonio Cultural, INPC, Patricio Zamora, afirma que es real el detrimento de los complejos, aunque asegura que desde el INPC se trabaja en la promoción de mesas técnicas para su conservación.

El funcionario detalló que son los Gobiernos Autónomos Descentralizados los que tienen la competencia en la conservación y promoción de estos espacios y, aunque el INPC tiene la potestad de sancionarlos si no cumplen, confiesa que no lo hacen, pues “el que pierde es el patrimonio”.

Añadió que el INPC está para dar apoyo y asesoría técnica, pero “no tenemos injerencia para determinar cuánto dinero se va a destinar para convertir el patrimonio en un destino turístico y dinamizar la economía”, señaló Zamora.

En recorridos hechos durante este año en las dos provincias se pudo observar que los complejos de Azuay son los que están más deteriorados y requieren una intervención. Se trata de Chobshi, en Sígsig; Paredones, en Molleturo; y Dumapara, en Nabón.

El Complejo Arqueológico de Chobshi no ha recibido mantenimiento, los líquenes, musgos y el monte cubren y deterioran las rocas del Castillo de Duma, que tiene 115 metros de largo por 22,80 metros de ancho y que es una estructura de la cultura cañari. Tras una denuncia de los habitantes de Chobshi, el INPC y el Municipio del Sígsig ya tienen un plan de intervención del castillo, que se pondrá en marcha hasta el 15 de enero.

El Municipio también prevé diseñar un proyecto para atraer el turismo a este lugar.

En Paredones de Molleturo el abandono es total. Hace tres semanas, el arqueólogo Waldimir Galarza hizo un recorrido por el lugar con el equipo reporteril de EL TIEMPO y aseguró que hay unidades constructivas a punto de colapsar.

Las ruinas son incas - cañaris y los antiguos usaron piedras canteadas y talladas de roca andesita, las colocaron una sobre otra y fueron pegadas con barro.

Por su parte, Zamora aseguró que ya se han hecho acercamientos con la Junta Parroquial de Molleturo para limpiar y elaborar un plan de gestión, pero hasta ahora eso no se ha concretado.

En Nabón se encuentra Dumapara. Ahí los vestigios están cubiertos por maleza. Hace tres años, el arqueólogo Jaime Idrovo estudió esas ruinas, en donde hay un tramo del Cápac Ñan. Esa información se publicó en un libro patrocinado por el Municipio de Nabón. Además se elaboró un plan de intervención y se ejecutó la primera etapa, sin embargo el deterioro aún es evidente.

En Cañar hay dos complejos que, aunque están más atendidos, hace falta más trabajo. Cojitambo, ubicado en la parroquia del mismo nombre, fue intervenido hace dos meses por el INPC y jóvenes de la institución educativa Andrés F. Córdova. La Prefectura del Cañar prevé invetir 1’000.000 de dólares para ponerlo en valor.

En Coyoctor, el Municipio de El Tambo tiene un plan para intervernirlo, pues a las rocas les hace falta mantenimiento. (I)

Edy Pérez Alvarado
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Falta más atención a la arqueología de Azuay y Cañar

Los vestigios arqueológicos que están en las provincias de Azuay y Cañar son las muestras tangibles de la existencia de las culturas inca y cañari, pero caen de a poco por falta de cuidado.

El director regional 6 del Instituto Nacional de Patrimonio Cultural, INPC, Patricio Zamora, afirma que es real el detrimento de los complejos, aunque asegura que desde el INPC se trabaja en la promoción de mesas técnicas para su conservación.

El funcionario detalló que son los Gobiernos Autónomos Descentralizados los que tienen la competencia en la conservación y promoción de estos espacios y, aunque el INPC tiene la potestad de sancionarlos si no cumplen, confiesa que no lo hacen, pues “el que pierde es el patrimonio”.

Añadió que el INPC está para dar apoyo y asesoría técnica, pero “no tenemos injerencia para determinar cuánto dinero se va a destinar para convertir el patrimonio en un destino turístico y dinamizar la economía”, señaló Zamora.

En recorridos hechos durante este año en las dos provincias se pudo observar que los complejos de Azuay son los que están más deteriorados y requieren una intervención. Se trata de Chobshi, en Sígsig; Paredones, en Molleturo; y Dumapara, en Nabón.

El Complejo Arqueológico de Chobshi no ha recibido mantenimiento, los líquenes, musgos y el monte cubren y deterioran las rocas del Castillo de Duma, que tiene 115 metros de largo por 22,80 metros de ancho y que es una estructura de la cultura cañari. Tras una denuncia de los habitantes de Chobshi, el INPC y el Municipio del Sígsig ya tienen un plan de intervención del castillo, que se pondrá en marcha hasta el 15 de enero.

El Municipio también prevé diseñar un proyecto para atraer el turismo a este lugar.

En Paredones de Molleturo el abandono es total. Hace tres semanas, el arqueólogo Waldimir Galarza hizo un recorrido por el lugar con el equipo reporteril de EL TIEMPO y aseguró que hay unidades constructivas a punto de colapsar.

Las ruinas son incas - cañaris y los antiguos usaron piedras canteadas y talladas de roca andesita, las colocaron una sobre otra y fueron pegadas con barro.

Por su parte, Zamora aseguró que ya se han hecho acercamientos con la Junta Parroquial de Molleturo para limpiar y elaborar un plan de gestión, pero hasta ahora eso no se ha concretado.

En Nabón se encuentra Dumapara. Ahí los vestigios están cubiertos por maleza. Hace tres años, el arqueólogo Jaime Idrovo estudió esas ruinas, en donde hay un tramo del Cápac Ñan. Esa información se publicó en un libro patrocinado por el Municipio de Nabón. Además se elaboró un plan de intervención y se ejecutó la primera etapa, sin embargo el deterioro aún es evidente.

En Cañar hay dos complejos que, aunque están más atendidos, hace falta más trabajo. Cojitambo, ubicado en la parroquia del mismo nombre, fue intervenido hace dos meses por el INPC y jóvenes de la institución educativa Andrés F. Córdova. La Prefectura del Cañar prevé invetir 1’000.000 de dólares para ponerlo en valor.

En Coyoctor, el Municipio de El Tambo tiene un plan para intervernirlo, pues a las rocas les hace falta mantenimiento. (I)

Edy Pérez Alvarado
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