El éxodo venezolano se represa en el sur

Familias venezolanas que permanecen en el Centro Binacional Fronterizo de Perú.
FOTO: Diego Cáceres EL TIEMPO

La solicitud de la visa humanitaria o certificado de refugio por parte de Perú ha provocado que varios viajeros inicien el camino de regreso, pero no a su país, sino al sur del Ecuador.

Cerca de 2.000 venezolanos aguardan desde hace tres días en el Centro Binacional de Atención en Frontera, CEBAF, de Perú, una oportunidad para continuar su viaje. Desde el pasado 15 de junio quienes desean ingresar a Perú tienen que obtener una visa o un certificado de refugio, y conseguirlos se ha convertido en una barrera elástica que hace que el éxodo hacia el sur se repliegue en el Austro ecuatoriano.

Algunos migrantes, angustiados por la espera, han decidido emprender el camino de regreso, pero con un nuevo destino: el sur de Ecuador.

Esta situación, denominada por las fundaciones de asistencia humanitaria como ‘efecto rebote’, empezó y se prevé que en no más de dos semanas se masifique abarrotando los centros de ayuda de Loja, Machala y Cuenca.

La ciudadela 24 de Mayo, en Huaquillas, es ya una muestra de lo que puede acarrear el filtro impuesto por Perú en su frontera norte. Desde allí salió ayer Jaime junto con su cuñado, esposa e hija de siete años con rumbo al CEBAF de Ecuador y por ahora sin más destino que un poco de seguridad.

“Ya hay demasiadas personas en ese lugar (la ciudadela) y la misma comunidad venezolana ha empezado a desalojar a la gente. A uno le toca dormir afuera, en el piso, y con niños eso no se puede”, cuenta el migrante.

El refugio improvisado, en el que las carpas invaden terrenos baldíos, es un escenario que Cuenca no quiere replicar cuando los migrantes empiecen a buscar refugio en esta ciudad, comenta Édgar Orellana, director de la Casa del Migrante.

Por ahora la Posada San Francisco brinda abrigo a 100 migrantes y sus hijos, pero Orellana considera que la capacidad del centro se quedará corta para el número de migrantes que se espera, llegue a la ciudad en las próximas semanas.

“No vamos a replicar el modelo de carpas. Queremos dar un trato humano a los migrantes y garantizar que su estadía sea temporal”, añadió.

Para lograrlo la Casa del Migrante articula acciones con la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados, ACNUR, con el fin de crear corredores humanitarios de doble vía: hacia el norte para quienes deseen regresar a Colombia y hacia el sur para quienes logren obtener una visa o certificado de refugio.

Para este último grupo, el Consulado de Perú en Cuenca prepara el servicio de entrega de visas que ya se otorgan para grupos vulnerables, esto es niños y sus acompañantes o adultos mayores que tengan familia en el vecino país.

Niños
Hasta tres buses diarios parten desde el CEBAF de Perú con destino al sur del país llevando principalmente a niños con sus padres o acompañantes que en ocasiones son sus tíos o abuelos. Ellos son prioridad para las entidades de asistencia que han implementado tres carpas con capacidad para 25 personas con el fin de atenderlos, aunque los menores de 10 años en el sitio superan las 100 personas.

Ariel es padre de tres de las niñas que forman parte de una improvisada colonia en la que los juegos y risas se confunden con el intenso calor costanero, la arena, la sed y el hambre de sus familias.

Antonella, de cinco años; Ashley, de tres; y Bárbara Daniella, de siete meses de nacida, no saben lo que es dormir en una cama hace 11 días. El pecho de sus padres es la cama de las más pequeñas, mientras Antonella se recuesta sobre un palet de madera a la espera de un destino.

Ariel tenía una lavadora de carros en Caracas que tuvo que abandonar porque el dinero apenas le alcanzaba para comer con su familia. Lleva tres días esperando en el CEBAF a que le den refugio en Perú y está a punto de rendirse. “Esto no es vida ya. Si no logramos pasar hoy (ayer) vamos a tener que regresarnos, buscar otra forma de vivir”, comenta el padre de familia.

Maribel viaja con su hermana, un adolescente, tres niños y una bebé. Ayer recibió refugio debido a su situación, pero no tiene dinero para retomar el viaje. Asegura que para llegar hasta el norte de Perú vendió su celular, audífonos y hasta los perfumes que traía con ella. Un taxi para llegar a Tumbes cuesta 10 dólares, lo único que le quedaba ayer eran 3,50 dólares, dos maletas casi vacías y la angustia al hombro.

Daniel forma parte del grupo que no pudo más. Los dos pares de zapatos que trajo desde Zulia tampoco soportaron. Llenos de huecos son la evidencia de un camino que ahora tiene como destino Cuenca. “Allá tengo una tía que me espera. Intenté llegar a Lima pero me han robado, me ha tocado dormir bajo un árbol, me han atacado las hormigas... no doy más. Yo nunca quise esta vida” se lamenta el joven de 27 años, quien es ingeniero en Sistemas.

Sin dinero en sus bolsillos emprende el largo viaje de regreso a pie, “y detrás de mí vienen muchos más” avisa: expatriados, caminantes, migrantes. (I)

DATOS
-Apoyo. ACNUR y la Organización Internacional de Migraciones brindan ayuda en el lado sur de la frontera. HIAS se hace cargo del lado norte.
-Previsión. Se espera la llegada de una “cola” de migrantes que arribó a Ecuador desde Colombia y que busca llegar hasta Perú.
-Contingencia. La Casa del Migrante coordina tres ejes de trabajo: el refugio, corredores humanitarios y la gestión para el otorgamiento de visas o refugio.

DESTACADO
La Casa del Migrante en Cuenca aplica un plan de contingencia para brindar ayuda humanitaria a quienes regresen desde la frontera sur.

LA CIFRA
2.000
migrantes, aproximadamente, aguardan en el CEBAF de Perú.

John Machado
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El éxodo venezolano se represa en el sur

Familias venezolanas que permanecen en el Centro Binacional Fronterizo de Perú.
FOTO: Diego Cáceres EL TIEMPO

La solicitud de la visa humanitaria o certificado de refugio por parte de Perú ha provocado que varios viajeros inicien el camino de regreso, pero no a su país, sino al sur del Ecuador.

Cerca de 2.000 venezolanos aguardan desde hace tres días en el Centro Binacional de Atención en Frontera, CEBAF, de Perú, una oportunidad para continuar su viaje. Desde el pasado 15 de junio quienes desean ingresar a Perú tienen que obtener una visa o un certificado de refugio, y conseguirlos se ha convertido en una barrera elástica que hace que el éxodo hacia el sur se repliegue en el Austro ecuatoriano.

Algunos migrantes, angustiados por la espera, han decidido emprender el camino de regreso, pero con un nuevo destino: el sur de Ecuador.

Esta situación, denominada por las fundaciones de asistencia humanitaria como ‘efecto rebote’, empezó y se prevé que en no más de dos semanas se masifique abarrotando los centros de ayuda de Loja, Machala y Cuenca.

La ciudadela 24 de Mayo, en Huaquillas, es ya una muestra de lo que puede acarrear el filtro impuesto por Perú en su frontera norte. Desde allí salió ayer Jaime junto con su cuñado, esposa e hija de siete años con rumbo al CEBAF de Ecuador y por ahora sin más destino que un poco de seguridad.

“Ya hay demasiadas personas en ese lugar (la ciudadela) y la misma comunidad venezolana ha empezado a desalojar a la gente. A uno le toca dormir afuera, en el piso, y con niños eso no se puede”, cuenta el migrante.

El refugio improvisado, en el que las carpas invaden terrenos baldíos, es un escenario que Cuenca no quiere replicar cuando los migrantes empiecen a buscar refugio en esta ciudad, comenta Édgar Orellana, director de la Casa del Migrante.

Por ahora la Posada San Francisco brinda abrigo a 100 migrantes y sus hijos, pero Orellana considera que la capacidad del centro se quedará corta para el número de migrantes que se espera, llegue a la ciudad en las próximas semanas.

“No vamos a replicar el modelo de carpas. Queremos dar un trato humano a los migrantes y garantizar que su estadía sea temporal”, añadió.

Para lograrlo la Casa del Migrante articula acciones con la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados, ACNUR, con el fin de crear corredores humanitarios de doble vía: hacia el norte para quienes deseen regresar a Colombia y hacia el sur para quienes logren obtener una visa o certificado de refugio.

Para este último grupo, el Consulado de Perú en Cuenca prepara el servicio de entrega de visas que ya se otorgan para grupos vulnerables, esto es niños y sus acompañantes o adultos mayores que tengan familia en el vecino país.

Niños
Hasta tres buses diarios parten desde el CEBAF de Perú con destino al sur del país llevando principalmente a niños con sus padres o acompañantes que en ocasiones son sus tíos o abuelos. Ellos son prioridad para las entidades de asistencia que han implementado tres carpas con capacidad para 25 personas con el fin de atenderlos, aunque los menores de 10 años en el sitio superan las 100 personas.

Ariel es padre de tres de las niñas que forman parte de una improvisada colonia en la que los juegos y risas se confunden con el intenso calor costanero, la arena, la sed y el hambre de sus familias.

Antonella, de cinco años; Ashley, de tres; y Bárbara Daniella, de siete meses de nacida, no saben lo que es dormir en una cama hace 11 días. El pecho de sus padres es la cama de las más pequeñas, mientras Antonella se recuesta sobre un palet de madera a la espera de un destino.

Ariel tenía una lavadora de carros en Caracas que tuvo que abandonar porque el dinero apenas le alcanzaba para comer con su familia. Lleva tres días esperando en el CEBAF a que le den refugio en Perú y está a punto de rendirse. “Esto no es vida ya. Si no logramos pasar hoy (ayer) vamos a tener que regresarnos, buscar otra forma de vivir”, comenta el padre de familia.

Maribel viaja con su hermana, un adolescente, tres niños y una bebé. Ayer recibió refugio debido a su situación, pero no tiene dinero para retomar el viaje. Asegura que para llegar hasta el norte de Perú vendió su celular, audífonos y hasta los perfumes que traía con ella. Un taxi para llegar a Tumbes cuesta 10 dólares, lo único que le quedaba ayer eran 3,50 dólares, dos maletas casi vacías y la angustia al hombro.

Daniel forma parte del grupo que no pudo más. Los dos pares de zapatos que trajo desde Zulia tampoco soportaron. Llenos de huecos son la evidencia de un camino que ahora tiene como destino Cuenca. “Allá tengo una tía que me espera. Intenté llegar a Lima pero me han robado, me ha tocado dormir bajo un árbol, me han atacado las hormigas... no doy más. Yo nunca quise esta vida” se lamenta el joven de 27 años, quien es ingeniero en Sistemas.

Sin dinero en sus bolsillos emprende el largo viaje de regreso a pie, “y detrás de mí vienen muchos más” avisa: expatriados, caminantes, migrantes. (I)

DATOS
-Apoyo. ACNUR y la Organización Internacional de Migraciones brindan ayuda en el lado sur de la frontera. HIAS se hace cargo del lado norte.
-Previsión. Se espera la llegada de una “cola” de migrantes que arribó a Ecuador desde Colombia y que busca llegar hasta Perú.
-Contingencia. La Casa del Migrante coordina tres ejes de trabajo: el refugio, corredores humanitarios y la gestión para el otorgamiento de visas o refugio.

DESTACADO
La Casa del Migrante en Cuenca aplica un plan de contingencia para brindar ayuda humanitaria a quienes regresen desde la frontera sur.

LA CIFRA
2.000
migrantes, aproximadamente, aguardan en el CEBAF de Perú.

John Machado
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