El dueño del “arca” de la tragedia de La Josefina subastará la casa

Walter Suárez se convirtió en uno de los protagonistas de la inundación ocurrida hace 26 años en Azuay, cuando logró que su vivienda de madera flotara durante un mes atándola a 36 tanques de plástico que le donaron.

No llevaba a bordo parejas de animales para repoblar el mundo y, por fortuna, no había ninguna persona adentro. Tampoco sobrevivió al Diluvio Universal, pero la casa de descanso de Walter Suárez sí flotó por 33 días y resistió a una gran inundación.

Fue en la tragedia ocurrida en el sector conocido como La Josefina, en la provincia del Azuay, de la que en estos días se cumplen 26 años. Ubicar a Walter Suárez y la estructura, a la que la gente por asociación con el relato bíblico suele llamar “el arca”, no resultó difícil. Los viajeros que usan la vieja carretera Panamericana, entre las provincias de Cañar y Azuay, echan una mirada a la vivienda de madera que flotó a causa del desfogue de las aguas represadas de los ríos Cuenca y Jadán.

Allí está enclavada a un costado de la vía, a poca distancia del puente del Descanso, en el límite biprovincial. La estructura de madera -dice su dueño- se encuentra “intacta”. Al frente existe un valle por donde “navegó” la casa, ante la mirada de quienes vivieron la tragedia.

En 1993, la estructura estaba a unos 300 metros de donde se encuentra actualmente. Era su sitio de descanso de los fines de semana y nunca imaginó que quedaría en medio de la gigantesca laguna que formó el siniestro. Junto con sus amigos Jorge Herrera y Germán Campoverde fue por 36 tanques de aceite regalados por la empresa la Llantera y la cementera Guapán y comenzaron a colocarlos en los bordes de la vivienda.

Cuenta que a momentos las esperanzas por salvarla se les iban. “Parecía que el agua ya no nos permitía seguir”, recuerda Suárez, que hoy tiene 70 años. Revisando las viejas fotos rememora que usó una pequeña embarcación que construyó para ir a los cimientos de la casa y aflojar los pernos que la sostenían al suelo para que pudiera flotar.

Se queja de que luego de la inundación, en lugar de ayudar a su cuidado, la gente destruyó los ventanales, por lo que con la ayuda de amigos y familiares subió la casa hasta donde se halla.

Un patrimonio a la venta A Suárez, la vivienda le ha dado amigos y “fama”, pero se queja de que nadie en el país ha comprometido ayuda para su mantenimiento. Por eso ha tomado la decisión de subastarla. “Al interesado me comprometo a dejarla en cualquier parte del mundo”.

Agrega que ya tuvo ofertas de Estados Unidos. “Si nadie en Ecuador se interesa habrá que subastar en el exterior”, insiste.

Con el tiempo, le ha hecho mejoras. En la parte baja construyó una pequeña pileta, donde un ganso recorre sus aguas, y mandó a construir un altar en honor a la Virgen Dolorosa.


En la parte alta ondea la bandera del Ecuador, colocada allí mientras la casa-barco navegaba por la laguna de 200 millones de metros cúbicos de agua. Su hija Marisol anhela transformar la vivienda en sitio turístico para que los visitantes de distintos países puedan conocer la estructura y su impresionante historia. (I)

Nota: Rodrígo Matute
Foto: Fernando Machado

El dueño del “arca” de la tragedia de La Josefina subastará la casa

Walter Suárez se convirtió en uno de los protagonistas de la inundación ocurrida hace 26 años en Azuay, cuando logró que su vivienda de madera flotara durante un mes atándola a 36 tanques de plástico que le donaron.

No llevaba a bordo parejas de animales para repoblar el mundo y, por fortuna, no había ninguna persona adentro. Tampoco sobrevivió al Diluvio Universal, pero la casa de descanso de Walter Suárez sí flotó por 33 días y resistió a una gran inundación.

Fue en la tragedia ocurrida en el sector conocido como La Josefina, en la provincia del Azuay, de la que en estos días se cumplen 26 años. Ubicar a Walter Suárez y la estructura, a la que la gente por asociación con el relato bíblico suele llamar “el arca”, no resultó difícil. Los viajeros que usan la vieja carretera Panamericana, entre las provincias de Cañar y Azuay, echan una mirada a la vivienda de madera que flotó a causa del desfogue de las aguas represadas de los ríos Cuenca y Jadán.

Allí está enclavada a un costado de la vía, a poca distancia del puente del Descanso, en el límite biprovincial. La estructura de madera -dice su dueño- se encuentra “intacta”. Al frente existe un valle por donde “navegó” la casa, ante la mirada de quienes vivieron la tragedia.

En 1993, la estructura estaba a unos 300 metros de donde se encuentra actualmente. Era su sitio de descanso de los fines de semana y nunca imaginó que quedaría en medio de la gigantesca laguna que formó el siniestro. Junto con sus amigos Jorge Herrera y Germán Campoverde fue por 36 tanques de aceite regalados por la empresa la Llantera y la cementera Guapán y comenzaron a colocarlos en los bordes de la vivienda.

Cuenta que a momentos las esperanzas por salvarla se les iban. “Parecía que el agua ya no nos permitía seguir”, recuerda Suárez, que hoy tiene 70 años. Revisando las viejas fotos rememora que usó una pequeña embarcación que construyó para ir a los cimientos de la casa y aflojar los pernos que la sostenían al suelo para que pudiera flotar.

Se queja de que luego de la inundación, en lugar de ayudar a su cuidado, la gente destruyó los ventanales, por lo que con la ayuda de amigos y familiares subió la casa hasta donde se halla.

Un patrimonio a la venta A Suárez, la vivienda le ha dado amigos y “fama”, pero se queja de que nadie en el país ha comprometido ayuda para su mantenimiento. Por eso ha tomado la decisión de subastarla. “Al interesado me comprometo a dejarla en cualquier parte del mundo”.

Agrega que ya tuvo ofertas de Estados Unidos. “Si nadie en Ecuador se interesa habrá que subastar en el exterior”, insiste.

Con el tiempo, le ha hecho mejoras. En la parte baja construyó una pequeña pileta, donde un ganso recorre sus aguas, y mandó a construir un altar en honor a la Virgen Dolorosa.


En la parte alta ondea la bandera del Ecuador, colocada allí mientras la casa-barco navegaba por la laguna de 200 millones de metros cúbicos de agua. Su hija Marisol anhela transformar la vivienda en sitio turístico para que los visitantes de distintos países puedan conocer la estructura y su impresionante historia. (I)

Nota: Rodrígo Matute
Foto: Fernando Machado