Los anturios embellecen el jardín botánico de Samaniego

Las especies forman parte de un grupo de 2.000 plantas, pero también están los hachos, guayacanes, cedros, el bijao, el bambú, los mismos que sirven como dormideros de aves. En este jardín se puede divisar también peces como la cachama (familia de las pirañas), las tilapias, las carpas y los waijas.
El sitio está ubicado a 10 minutos de la cabecera cantonal de Gualaquiza, en la provincia de Morona Santiago. Son cinco hectáreas para caminar.

El jardín botánico El Gato es un sitio casi obligado de visita cuando se llega al cantón Gualaquiza, en la provincia de Morona Santiago.
Este lugar alberga un aproximado de 2.000 plantas denominadas anturios, pero también especies faunísticas de la zona.

A simple vista parece un pedazo de selva en la Amazonía, sin embargo, a su dueño, Hugo Samaniego, le ha tomado quince años transformar las cinco hectáreas de terreno.

El jardín botánico está ubicado a diez minutos del parque central de la ciudad, en el barrio María Auxiliadora. El trabajo realizado en el jardín fue duro e intenso, dice Samaniego: “Desde niño yo quería hacer algo así; decía: si Dios me da la oportunidad de tener unos terrenos voy a hacer mi propia montaña”.

Cuenta que hace muchos años atrás compró un pastizal y con paciencia sembró hachos (palmeras de agua), guayacanes, cedros, caoba, anturios, bijao, ayawaska, y creó la calle del bambú, los mismos sirven como dormideros de aves.

Desde hace dos años, puso a disposición de los turistas nacionales y extranjeros su espacio.

Hoy, la transformación es evidente, a más de las plantas, los visitantes también pueden apreciar tilapias, carpas, cachamas y waijas. “El cachama es bravo porque es primo hermano de la piraña”, señala, mientras observa la laguna donde pasan estos peces.

Explica que el chontacuro (gusano de la chonta) se cultiva en estos lugares. “Los nativos Shuar talan, lo dejan tres meses en el piso, luego abren y ahí están miles de gusanos. Los míos están pequeños todavía, en condiciones normales estos árboles suelen medir hasta 30 metros, pero para ser gigantes se necesitan unos 50 a 60 años”, concluye.

Samaniego muestra unas hojas verdes y dice: “este es el barbasco, las personas Shuar suelen chancar la raíz, ponerlo en el agua para que se adormezcan los peces”.

Luego de unos minutos, entre el sonido del agua de una vertiente, apunta hacia una enredadera y expresa: “este es el ayahuasca, la que está como una trenza. Sus hojas buscan la luz del sol y los shamanes hacen rituales con esa planta”.

Un paraíso en Gualaquiza
Al ver el trabajo de Samaniego, muchas personas empezaron a donarle animales. Al pasar por un espacio que hace referencia a las Islas Galápagos, deja ver dos tortugas, también tiene a ‘Pepito’, un mono ardilla. Un poco más allá se escucha el croar de las ranas toro, y llega el ave ‘garrapatero colorado’, mientras, un martín pescador trina. “Ese que grita es nervioso, a él no le gusta que estén cerca de sus pescados”, indica.

Samaniego, conocido también como el ‘Gato’, de ahí el nombre del jardín, armó todos los senderos con piedras que encontró en el mismo lugar.

Levantó muros de piedra y construyó dos miradores. En unas cabañas de madera, desde el sitio, se tiene una vista de distintos sectores de Gualaquiza.

De un lado se aprecia el barrio María Auxiliadora, el colegio Municipal y San José. Desde el otro lado se tiene una vista panorámica de la ciudad, del río Yumaza y del Portón.

El paseo termina en las calles del bambú, donde cuenta otro secreto más: “la parte alta es como una cúpula de iglesia. Sembré en línea recta, hasta ver que quede simpático”. (I)

Nicole Torres
Universidad de Cuenca

Los anturios embellecen el jardín botánico de Samaniego

El sitio está ubicado a 10 minutos de la cabecera cantonal de Gualaquiza, en la provincia de Morona Santiago. Son cinco hectáreas para caminar.

El jardín botánico El Gato es un sitio casi obligado de visita cuando se llega al cantón Gualaquiza, en la provincia de Morona Santiago.
Este lugar alberga un aproximado de 2.000 plantas denominadas anturios, pero también especies faunísticas de la zona.

A simple vista parece un pedazo de selva en la Amazonía, sin embargo, a su dueño, Hugo Samaniego, le ha tomado quince años transformar las cinco hectáreas de terreno.

El jardín botánico está ubicado a diez minutos del parque central de la ciudad, en el barrio María Auxiliadora. El trabajo realizado en el jardín fue duro e intenso, dice Samaniego: “Desde niño yo quería hacer algo así; decía: si Dios me da la oportunidad de tener unos terrenos voy a hacer mi propia montaña”.

Cuenta que hace muchos años atrás compró un pastizal y con paciencia sembró hachos (palmeras de agua), guayacanes, cedros, caoba, anturios, bijao, ayawaska, y creó la calle del bambú, los mismos sirven como dormideros de aves.

Desde hace dos años, puso a disposición de los turistas nacionales y extranjeros su espacio.

Hoy, la transformación es evidente, a más de las plantas, los visitantes también pueden apreciar tilapias, carpas, cachamas y waijas. “El cachama es bravo porque es primo hermano de la piraña”, señala, mientras observa la laguna donde pasan estos peces.

Explica que el chontacuro (gusano de la chonta) se cultiva en estos lugares. “Los nativos Shuar talan, lo dejan tres meses en el piso, luego abren y ahí están miles de gusanos. Los míos están pequeños todavía, en condiciones normales estos árboles suelen medir hasta 30 metros, pero para ser gigantes se necesitan unos 50 a 60 años”, concluye.

Samaniego muestra unas hojas verdes y dice: “este es el barbasco, las personas Shuar suelen chancar la raíz, ponerlo en el agua para que se adormezcan los peces”.

Luego de unos minutos, entre el sonido del agua de una vertiente, apunta hacia una enredadera y expresa: “este es el ayahuasca, la que está como una trenza. Sus hojas buscan la luz del sol y los shamanes hacen rituales con esa planta”.

Un paraíso en Gualaquiza
Al ver el trabajo de Samaniego, muchas personas empezaron a donarle animales. Al pasar por un espacio que hace referencia a las Islas Galápagos, deja ver dos tortugas, también tiene a ‘Pepito’, un mono ardilla. Un poco más allá se escucha el croar de las ranas toro, y llega el ave ‘garrapatero colorado’, mientras, un martín pescador trina. “Ese que grita es nervioso, a él no le gusta que estén cerca de sus pescados”, indica.

Samaniego, conocido también como el ‘Gato’, de ahí el nombre del jardín, armó todos los senderos con piedras que encontró en el mismo lugar.

Levantó muros de piedra y construyó dos miradores. En unas cabañas de madera, desde el sitio, se tiene una vista de distintos sectores de Gualaquiza.

De un lado se aprecia el barrio María Auxiliadora, el colegio Municipal y San José. Desde el otro lado se tiene una vista panorámica de la ciudad, del río Yumaza y del Portón.

El paseo termina en las calles del bambú, donde cuenta otro secreto más: “la parte alta es como una cúpula de iglesia. Sembré en línea recta, hasta ver que quede simpático”. (I)

Nicole Torres
Universidad de Cuenca