Parroquias, cuna de los oficios artesanales

Zapateros, carpinteros, ebanistas, costureras y talleres mecánicos de bicicletas son algunos de los oficios que persisten en las parroquias rurales del cantón, especialmente en Ricaurte, San Joaquín y Llacao.
Objetos personalizados son algunos de los artículos que cumplen las manos de estos artesanos. X. Tapia | EL TIEMPO

Estas actividades económicas persisten y se adaptaron a las nuevas propuestas tecnológicas con herramientas y maquinarías modernas, las mismas que han disminuido el tiempo de su trabajo, sin que eso signifique ignorar los detalles y su estilo tradicional.

Historias
En el sector La Unión, de la parroquia Llacao, se localiza el taller artesanal de Santiago Llivisaca, carpintero con 40 años de experiencia.
Él aprendió su oficio desde los 12 años junto con su padre, quien era el maestro. En la actualidad, cuenta con clientes radicados en la ciudad.
Asegura que, cuando comenzó con su taller, solo había herramientas manuales para la elaboración de puertas, ventanas y entablados.


“En el inicio era complicado, ahora, en cambio, por los bajos costos y con el objetivo de ensamblar con mayor rapidez muebles para la cocina o dormitorios, se trabaja con tableros procesados”, precisó.
En el caso de Ricaurte, en la vía principal de esta parroquia, se ubica el taller de reparación de bicicletas de Manuel Pérez, quien es autodidacta y cuenta con su taller desde hace 17 años.


Recuerda que, en sus inicios, “había pocas bicis y que se utilizaban solo para trasladarse hacia los trabajos; ahora, hay en cada hogar, pero las utilizan para recrearse especialmente en épocas de vacaciones”.
Los trabajos que tiene con mayor frecuencias son el parchado de llantas y el engrasado.

Recorrido
En el barrio Buena Esperanza, de la parroquia Ricaurte, se localiza la zapatería de Víctor Vizhñay, quien, junto a su pega cemento, su martillo y clavos trabaja en este oficio desde hace 50 años.
“Mis padres le pagaban con huevos de gallina criolla para que un maestro zapatero me enseñe este oficio”, recuerda. Él es oriundo de la parroquia Paccha y asegura que se trasladó hace tres años a Ricaurte porque hay mayor movimiento comercial.
A tres cuadras de la iglesia central de San Joaquín, Alfonso Barbecho instaló su tapicería que ya cuenta con más de 20 años al servicio de la ciudadanía.


A los 14 años aprendió este oficio, que con el tiempo se convirtió en el sustento familiar. Su esposa, sus dos hijos e hija conocen de esta labor, ya que fueron ellos quienes trabajaron con él, alternando con sus compromisos estudiantiles.
Detalla que “con el paso de los años, algunos materiales han sido reemplazados; por ejemplo, en la elaboración de asientos, antes se usaba paja y simbras, mientras que ahora se usa esponjas”.
El artesano agrega con orgullo que su trabajo, en la actualidad, se centra en reconstruir asientos, tableros y/o volantes. (XTM) (I)

Cuenca.