Más de 100 detenidos por vandalismo en Brasil

Los sospechosos son acusados por su presunta participación en la ola de atentados que sacude al estado de Ceará, desde el pasado miércoles. El Ejecutivo de Bolsonaro ordenó el envío de 300 agentes federales.

Una ola de vandalismo en el estado de Ceará, por la que hasta ayer fueron detenidas unas 100 personas, supone la primera prueba para las políticas de seguridad del nuevo presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, quien ha prometido una lucha sin cuartel contra el crimen.


Los ataques, en su mayoría incendiarios, comenzaron la noche del pasado miércoles y el viernes llevaron al ultraderechista Bolsonaro a enviar hacia esa región del noreste del país  300 agentes de la Fuerza Nacional de Seguridad.


Las autoridades sospechan que estos atentados han sido ordenados desde el interior de las prisiones, que en Ceará, como en buena parte del país, están virtualmente controladas por bandas del crimen que disputan territorios para la venta de drogas y otros delitos.


Esa presunción responde a que los ataques comenzaron después de que el Gobierno regional anunció medidas que apuntan a endurecer los controles en los presidios y ponerle coto a las actividades ilegales que dirigen los jefes de esas bandas desde las cárceles.


Según la Policía Civil de Ceará, el número de detenidos en los últimos días llegó en la mañana de ayer a 103 y los atentados, en su mayoría incendiarios y contra autobuses de transporte público y estacionamientos, sumaban 90 desde que comenzó la ola de violencia.


El despliegue de tropas federales, sin embargo, parece haber tenido algún efecto, pues desde su llegada a ese estado se han registrado sólo siete ataques,  en regiones del interior del estado. El gobernador de Ceará, Camilo Santana, ha asegurado que no cederán en su lucha contra el crimen organizado.
Bolsonaro tiene entre sus principales banderas el endurecimiento del combate al crimen, que en el país causa unas 60.000 muertes por año. (I)

Más de 100 detenidos por vandalismo en Brasil

Los sospechosos son acusados por su presunta participación en la ola de atentados que sacude al estado de Ceará, desde el pasado miércoles. El Ejecutivo de Bolsonaro ordenó el envío de 300 agentes federales.

Una ola de vandalismo en el estado de Ceará, por la que hasta ayer fueron detenidas unas 100 personas, supone la primera prueba para las políticas de seguridad del nuevo presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, quien ha prometido una lucha sin cuartel contra el crimen.


Los ataques, en su mayoría incendiarios, comenzaron la noche del pasado miércoles y el viernes llevaron al ultraderechista Bolsonaro a enviar hacia esa región del noreste del país  300 agentes de la Fuerza Nacional de Seguridad.


Las autoridades sospechan que estos atentados han sido ordenados desde el interior de las prisiones, que en Ceará, como en buena parte del país, están virtualmente controladas por bandas del crimen que disputan territorios para la venta de drogas y otros delitos.


Esa presunción responde a que los ataques comenzaron después de que el Gobierno regional anunció medidas que apuntan a endurecer los controles en los presidios y ponerle coto a las actividades ilegales que dirigen los jefes de esas bandas desde las cárceles.


Según la Policía Civil de Ceará, el número de detenidos en los últimos días llegó en la mañana de ayer a 103 y los atentados, en su mayoría incendiarios y contra autobuses de transporte público y estacionamientos, sumaban 90 desde que comenzó la ola de violencia.


El despliegue de tropas federales, sin embargo, parece haber tenido algún efecto, pues desde su llegada a ese estado se han registrado sólo siete ataques,  en regiones del interior del estado. El gobernador de Ceará, Camilo Santana, ha asegurado que no cederán en su lucha contra el crimen organizado.
Bolsonaro tiene entre sus principales banderas el endurecimiento del combate al crimen, que en el país causa unas 60.000 muertes por año. (I)

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