Desde los márgenes, mujeres en pie de lucha

La historia de lucha por la reivindicación de los derechos de la mujer se remonta a 1646, fecha cuando la mama afroguayaquileña, María del Tránsito Sorroza, obtuvo su libertad gracias a su habilidad como partera. Con el pago por sus servicios, lejos de gastar en lujos, se dedicaba a reunir dinero para comprar la libertad de otras chicas.
Yo he viajado, he caminado por todos los lugares, pero jamás he negociado con la sangre de mis hermanos”

Se ganó el apodo de ‘Manos de seda’ porque tenía el don de atender con éxito los casos de partos más difíciles y alcanzó el reconocimiento del señorío de la época. Ella marca la historia de la libertad del pueblo afroecuatoriano; pero, sobre todo, es muestra del valor de la mujer dentro de esta cultura que se define como ‘matriarcal’.


Otra de las grandes luchadoras por los derechos civiles de los indígenas, pero que también fue un legado de lucha por la igualdad de género, es Dolores Cacuango. Aunque nació y murió sumida en la pobreza, fue una mujer inteligente que no solo implantó la Educación Intercultural Bilingüe para su Cayambe natal, sino que también se aseguró de que las mujeres tuvieran acceso a la educación.


Era una creyente de que las mujeres tenían que trabajar, hombro a hombro, con los hombres: “si las mujeres no entran en la lucha, nunca seremos libres”, repetía Mama Dulu, como era conocida.
Para su época, las indígenas trabajaban en las mansiones de los oligarcas como “propias”, tenían que hacer lo que los patrones y sus hijos dispusieran y eran jornadas laborales de hasta 18 horas diarias.
No recibían salario, eran violadas, azotadas y, cuando llegaban a casa, los maridos las obligaban a hacer los oficios del hogar; peor aún, también las maltrataban tanto física como psicológicamente. “Patrón en el trabajo y patrón en la casa”, solía decir Cacuango.


Luchó durante toda su vida para cambiar esta realidad y, para lograrlo, tuvo a una pupila y amiga, Tránsito Amaguaña, quien también fue lideresa del movimiento indígena del país. En 1946 fundó la Federación Ecuatoriana de Indios, FEI.
La lucha de Amaguaña fue por las mujeres, pero también por todo el pueblo indígena. Dirigió la primera marcha de trabajadores en Olmedo junto a Cacuango. Su trabajo es reconocido en las zonas rurales, pues logró recuperar algunas extensiones de tierra que le habían arrebatado a los indígenas.


Son solo tres de las tantas mujeres ecuatorianas que han marcado historia en pro de los derechos femeninos en el país. El trabajo de estas tres grandes no acabó con su muerte, porque hay mujeres que siguen sus luchas y trabajan incansablemente para que el esfuerzo de Sorroza, Cacuango y Amaguaña tenga sentido.

Mirada actual
Entre las mujeres que continúan la lucha inquebrantable para la reivindicación de los derechos femeninos, están Nila de Aguiar, Julia Tepán y Rosalina Rojas. (EPA) (F)

Nila de Aguiar

Triple discriminación hacia

mujeres afroecuatorianas

Cuenca. La organización, enaltecer las tradiciones afroecuatorianas y la conquista de espacios en donde puedan ser escuchadas ha sido la constante lucha de Nila de Aguiar. Es una mujer reconocida en la ciudad porque, a diario, alza su voz por los derechos del pueblo afro; pero, además, es una eterna defensora de los derechos de las afroecuatorianas.

Para ella, como afroecuatoriana, es duro aceptar que todas enfrentan tres puntos de exclusión que son: el hecho de ser afrodescendientes, por ser mujeres y además por ser latinas. “Hace algunos años se autoconvocaron las mujeres afros en Santo Domingo, República Dominicana; y, después de días de reuniones y conversaciones, se hizo este diagnóstico”, comenta.

Ella ha tenido que experimentar tratos discriminatorios en las calles de Cuenca, pero recuerda, como si fuera ayer, los insultos que recibió por parte de un hombre, quien hizo burlas por su color de piel  y luego tocó sus partes íntimas frente a ella y otra chica. “Aunque hice una denuncia formal y pública, ese caso quedó impune”, lamenta Aguiar.

Asegura que ahora su trabajo está enfocado en lograr la articulación nacional del pueblo afro para que se ejecuten las leyes que ya existen. Y que las mujeres y hombres se eduquen para que así puedan ocupar puestos importantes para que hagan cumplir el Decenio Internacional de los Afrodescendientes, en que se consigna la justicia, el desarrollo y el reconocimiento. (F)

Julia Tepán

“No puedo callar, tenemos derecho a ser reconocidas”

Cuenca. “Nosotros no estamos en el Ministerio de Salud porque ellos han querido, ni porque nos han valorado, sino por nuestro trabajo incansable para ser incluidas en el sistema y gracias al esfuerzo de las mamas como Dolores Cacuango o la valiente Tránsito Amaguaña”, expresa Julia Tepán, tecnóloga en medicina andina y miembro del Ministerio de Salud.

La conquista de los espacios se ha dado de manera paulatina, primero fue el territorio, después la Educación Intercultural Bilingüe y, por último, la integración de los agentes de medicina andina en los hospitales. “Se creó con el nombre de salud indígena, pero después de años de lucha. Nosotras no hemos tenido presupuesto, ni en dónde dormir, teníamos que estar apegaditas todas las mujeres del campo para hacer reuniones con la finalidad de hacer llegar propuestas a los señores presidentes, hasta que aceptaron”, recuerda.

Ella empezó en 1980 con el trabajo inquebrantable de las indígenas, pero aún continúa. Asegura que todas las agentes de medicina intercultural perciben un sueldo de poco más de 500 dólares, cuando tienen títulos de tercer nivel, y reclama que deben ganar más, como las enfermeras: “Me sigo sintiendo discriminada y por eso no bajo mi voz”, recalca mama Julia.  A todas las mujeres les envía un mensaje de fortaleza y un gran “yo sí puedo”, porque ella no solo cura, sino que se encarga de darle palabras de aliento a las mujeres y trabaja para que sanen su alma. (F)

Rosalina Rojas

“Nosotras somos de pico, pala y trabajo incansable”

Cuenca. Rosalina Rojas es oriunda de la comunidad San Antonio de Gapal, parroquia El Valle. Se define como una mujer rural que, a sus 63 años, sigue trabajando para que la campesina logre más remuneración por su trabajo y para garantizarles una vejez digna en la que puedan cobrar por tantos años de trabajo.

“Pertenezco a una asociación de mujeres agrícolas desde el 2010, cuando fue fundada, pero desde que era niña trabajo la tierra y fue en el campo que encontré la comida para alimentar a mis hijos”, recuerda Rojas, y le inculca a sus hijos para que sigan sembrando maíz, poroto y todo lo que se necesita.

Una de las luchas más arduas que ha librado siendo lideresa de la asociación es la integración de las productoras al seguro social campesino, pero no lo pudo lograr.  “Nos dijeron que somos de El Valle y que es urbano, pero trabajamos el campo y toda nuestra vida hemos sembrado para darle de comer a nuestro hijos y a los hijos de los demás cuando salimos a vender en los mercados; pero, aun así, nos dijeron que buscáramos a un patrono, pero no tenemos”, recuerda.

Para lograr una solución a esta falta de seguro, ellas mismas tienen ahorros, se hacen préstamos y también se aseguran de tener dinero guardado para su vejez. “Hay mujeres que han muerto defendiendo nuestros derechos y, así mismo, nosotras seguimos trabajando para tener mejor remuneración en el campo”, concluye. (F))

Cuenca.

Desde los márgenes, mujeres en pie de lucha

Yo he viajado, he caminado por todos los lugares, pero jamás he negociado con la sangre de mis hermanos”

Se ganó el apodo de ‘Manos de seda’ porque tenía el don de atender con éxito los casos de partos más difíciles y alcanzó el reconocimiento del señorío de la época. Ella marca la historia de la libertad del pueblo afroecuatoriano; pero, sobre todo, es muestra del valor de la mujer dentro de esta cultura que se define como ‘matriarcal’.


Otra de las grandes luchadoras por los derechos civiles de los indígenas, pero que también fue un legado de lucha por la igualdad de género, es Dolores Cacuango. Aunque nació y murió sumida en la pobreza, fue una mujer inteligente que no solo implantó la Educación Intercultural Bilingüe para su Cayambe natal, sino que también se aseguró de que las mujeres tuvieran acceso a la educación.


Era una creyente de que las mujeres tenían que trabajar, hombro a hombro, con los hombres: “si las mujeres no entran en la lucha, nunca seremos libres”, repetía Mama Dulu, como era conocida.
Para su época, las indígenas trabajaban en las mansiones de los oligarcas como “propias”, tenían que hacer lo que los patrones y sus hijos dispusieran y eran jornadas laborales de hasta 18 horas diarias.
No recibían salario, eran violadas, azotadas y, cuando llegaban a casa, los maridos las obligaban a hacer los oficios del hogar; peor aún, también las maltrataban tanto física como psicológicamente. “Patrón en el trabajo y patrón en la casa”, solía decir Cacuango.


Luchó durante toda su vida para cambiar esta realidad y, para lograrlo, tuvo a una pupila y amiga, Tránsito Amaguaña, quien también fue lideresa del movimiento indígena del país. En 1946 fundó la Federación Ecuatoriana de Indios, FEI.
La lucha de Amaguaña fue por las mujeres, pero también por todo el pueblo indígena. Dirigió la primera marcha de trabajadores en Olmedo junto a Cacuango. Su trabajo es reconocido en las zonas rurales, pues logró recuperar algunas extensiones de tierra que le habían arrebatado a los indígenas.


Son solo tres de las tantas mujeres ecuatorianas que han marcado historia en pro de los derechos femeninos en el país. El trabajo de estas tres grandes no acabó con su muerte, porque hay mujeres que siguen sus luchas y trabajan incansablemente para que el esfuerzo de Sorroza, Cacuango y Amaguaña tenga sentido.

Mirada actual
Entre las mujeres que continúan la lucha inquebrantable para la reivindicación de los derechos femeninos, están Nila de Aguiar, Julia Tepán y Rosalina Rojas. (EPA) (F)

Nila de Aguiar

Triple discriminación hacia

mujeres afroecuatorianas

Cuenca. La organización, enaltecer las tradiciones afroecuatorianas y la conquista de espacios en donde puedan ser escuchadas ha sido la constante lucha de Nila de Aguiar. Es una mujer reconocida en la ciudad porque, a diario, alza su voz por los derechos del pueblo afro; pero, además, es una eterna defensora de los derechos de las afroecuatorianas.

Para ella, como afroecuatoriana, es duro aceptar que todas enfrentan tres puntos de exclusión que son: el hecho de ser afrodescendientes, por ser mujeres y además por ser latinas. “Hace algunos años se autoconvocaron las mujeres afros en Santo Domingo, República Dominicana; y, después de días de reuniones y conversaciones, se hizo este diagnóstico”, comenta.

Ella ha tenido que experimentar tratos discriminatorios en las calles de Cuenca, pero recuerda, como si fuera ayer, los insultos que recibió por parte de un hombre, quien hizo burlas por su color de piel  y luego tocó sus partes íntimas frente a ella y otra chica. “Aunque hice una denuncia formal y pública, ese caso quedó impune”, lamenta Aguiar.

Asegura que ahora su trabajo está enfocado en lograr la articulación nacional del pueblo afro para que se ejecuten las leyes que ya existen. Y que las mujeres y hombres se eduquen para que así puedan ocupar puestos importantes para que hagan cumplir el Decenio Internacional de los Afrodescendientes, en que se consigna la justicia, el desarrollo y el reconocimiento. (F)

Julia Tepán

“No puedo callar, tenemos derecho a ser reconocidas”

Cuenca. “Nosotros no estamos en el Ministerio de Salud porque ellos han querido, ni porque nos han valorado, sino por nuestro trabajo incansable para ser incluidas en el sistema y gracias al esfuerzo de las mamas como Dolores Cacuango o la valiente Tránsito Amaguaña”, expresa Julia Tepán, tecnóloga en medicina andina y miembro del Ministerio de Salud.

La conquista de los espacios se ha dado de manera paulatina, primero fue el territorio, después la Educación Intercultural Bilingüe y, por último, la integración de los agentes de medicina andina en los hospitales. “Se creó con el nombre de salud indígena, pero después de años de lucha. Nosotras no hemos tenido presupuesto, ni en dónde dormir, teníamos que estar apegaditas todas las mujeres del campo para hacer reuniones con la finalidad de hacer llegar propuestas a los señores presidentes, hasta que aceptaron”, recuerda.

Ella empezó en 1980 con el trabajo inquebrantable de las indígenas, pero aún continúa. Asegura que todas las agentes de medicina intercultural perciben un sueldo de poco más de 500 dólares, cuando tienen títulos de tercer nivel, y reclama que deben ganar más, como las enfermeras: “Me sigo sintiendo discriminada y por eso no bajo mi voz”, recalca mama Julia.  A todas las mujeres les envía un mensaje de fortaleza y un gran “yo sí puedo”, porque ella no solo cura, sino que se encarga de darle palabras de aliento a las mujeres y trabaja para que sanen su alma. (F)

Rosalina Rojas

“Nosotras somos de pico, pala y trabajo incansable”

Cuenca. Rosalina Rojas es oriunda de la comunidad San Antonio de Gapal, parroquia El Valle. Se define como una mujer rural que, a sus 63 años, sigue trabajando para que la campesina logre más remuneración por su trabajo y para garantizarles una vejez digna en la que puedan cobrar por tantos años de trabajo.

“Pertenezco a una asociación de mujeres agrícolas desde el 2010, cuando fue fundada, pero desde que era niña trabajo la tierra y fue en el campo que encontré la comida para alimentar a mis hijos”, recuerda Rojas, y le inculca a sus hijos para que sigan sembrando maíz, poroto y todo lo que se necesita.

Una de las luchas más arduas que ha librado siendo lideresa de la asociación es la integración de las productoras al seguro social campesino, pero no lo pudo lograr.  “Nos dijeron que somos de El Valle y que es urbano, pero trabajamos el campo y toda nuestra vida hemos sembrado para darle de comer a nuestro hijos y a los hijos de los demás cuando salimos a vender en los mercados; pero, aun así, nos dijeron que buscáramos a un patrono, pero no tenemos”, recuerda.

Para lograr una solución a esta falta de seguro, ellas mismas tienen ahorros, se hacen préstamos y también se aseguran de tener dinero guardado para su vejez. “Hay mujeres que han muerto defendiendo nuestros derechos y, así mismo, nosotras seguimos trabajando para tener mejor remuneración en el campo”, concluye. (F))

Cuenca.