La exposición temporal indigenismos y voces propias en Ecuador

Indigenismos. Arte y política 1917-2017, es excepcional por su amplitud, alcance y calidad. Por primera vez en la historia del país se logra una exposición multimedia con los principales aportes de pintores, escritores, videastas, investigadores y fotógrafos de la vida de los pueblos originarios del territorio ecuatoriano.
María Luisa Gómez de la Torre y Dolores Cacuango. Cortesía

Más allá de mostrar las manifestaciones culturales provenientes de la mirada mestiza hacia el indígena (los Indigenismos), la exposición también presenta la construcción del indígena con voz propia, sus luchas y reivindicaciones.
El acervo de materiales presentados es tan grande que las instalaciones del Centro Cultural Metropolitano de Quito resultaron pequeñas, a pesar de la utilización del patio de entrada. Por ello, la quinta sala de la muestra está ubicada, a pocas cuadras de distancia, en el Museo de la Ciudad.

Salas uno y dos
El rol pionero de Camilo Egas, folklor y voces propias.
Las salas uno y dos presentan los Indigenismos y el Realismo Social para el período comprendido entre 1917 y 1950. La muestra es excepcional pues recoge la obra pictórica que se ha logrado conservar en museos, bibliotecas, archivos de diferentes instituciones públicas de Quito, Guayaquil, Cuenca, Riobamba, amén de las colecciones privadas de familias de pintores, escultores y escritores que han sido transmitidas a través de generaciones.


Aquí destacan los óleos sobre tela del pionero Camilo Egas: Retrato de india (1906), Las floristas (1916), San Juanito (1917), Cabeza indígena (1924), Raza india (1924) y La cosecha (1930).
También se incluyen las obras pictóricas del maestro Eduardo Kingman: Balseros (1934), El carbonero (1934), Los trabajadores (1934), Lavandera (1940), y La hora oscura (1946). Así mismo se incluyen dos trabajos tempranos de Oswaldo Guayasamín: Los trabajadores(1942) y La huelga (1942).


Las obras seleccionadas corresponden al momento primigenio del movimiento indigenista, antes de su institucionalización y acomodo a las exigencias de los mercados nacionales e internacionales, y a la participación de algunos de sus autores en las tramas nacionales e internacionales del poder político.


Rompiendo los esquemas convencionales, en la muestra destaca la presencia de dos mujeres artistas, por una parte, el cuadro Lavanderas (1939) de Germania Paz y Miño, y su escultura en madera Mujer indígena (1940); por otra parte, la presencia de Alba Calderón a través del cuadro titulado Escogedoras de café (1939).


Posteriormente, se recuerda también la participación de mama Dolores Cacuango y de la cabecilla Tránsito Amaguaña, acompañadas de la educadora mestiza María Luisa Gómez de la Torre.
Esta selección no es casual, sino que más bien responde a la mirada incluyente que sustenta el proceso curatorial, a diferencia del enfoque androcéntrico presente en la construcción histórica de nuestros países.
Sala tres


La sala tres recoge los trabajos de investigación folklórica pioneros motivados por Paulo de Caravalho Neto y de Olga Fish, del Instituto de Estudios del Floklor de Quito. Así como también los aportes de los médicos cuencanos Manuel Agustín Landívar y Carlos Aguilar de la sección azuaya del mismo instituto. De estos últimos se puede escuchar grabaciones de leyendas de Azuay y Cañar. Las curadoras relacionan de manera sutil y cuidadosa los anteriores movimientos indigenistas vistos a la luz de la presión del capital y la necesidad de producir para un mercado internacional ávido de productos “con identidad indígena”.

Sala cuatro
Bajo el título “Emplumados y enterrados” la sala cuatro presenta ilustraciones, de carácter costumbrista, de indígenas desempeñando las funciones de aguatero, cargador, vendedor de legumbres, vendedora, etc. En contraste, en esta misma sala se presentan fotografías de indígenas de la selva, autónomos y luciendo sus mejores galas con las plumas de las aves de la Amazonia para mostrar la mirada del otro mestizo sobre los pueblos selváticos.

Sala cinco
En la quinta y última sala, llamada “Laten las luchas”, hablan los propios indígenas de la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador,CONAIE, en paralelo con las nuevas corrientes estéticas y antropológicas que consideran que “con la mirada occidental hacia los otros hemos construido nuestra propia imagen”, (Tomás Ochoa, Pecados originales, 2011).


En esta sala –a modo introductorio- se presenta una línea de tiempo donde se señalan las movilizaciones indígenas por año, motivo y ubicación, desde la Colonia hasta fines del siglo XX.
Se retoman las investigaciones históricas de Segundo Moreno Yánez (Sublevaciones indígenas en la Audiencia de Quito. Desde comienzos del siglo XVIII hasta finales de la Colonia, Quito, UASB,2014)) y el libro de Oswaldo Albornoz Peralta sobre luchas indígenas en el Ecuador (Guayaquil, Editorial Claridad, 1071).


El video sobre el levantamiento de junio 1990 ilustra bien las dimensiones de las movilizaciones indígenas en las provincias de la Sierra, las reivindicaciones planteadas por sus dirigentes y los símbolos utilizados en las tomas de plazas de diferentes ciudades del callejón interandino y en las ocupaciones de las carreteras. Los testimonios recogidos en este video por el periodista chileno Julio García, quien en aquel momento laboraba en el CEDIS, empatan con los recortes de periódicos presentados en la sala cinco (I).

La muestra [Des]-marcados.