En busca de Carachula, la ciudad encantada

Llegar a Carachula, Ciudad de Piedra, no es tan fácil. Este sitio, ubicado a 3.000 metros sobre el nivel del mar, en la provincia del Azuay, tiene formaciones rocosas que simulan una ciudad perdida. Hay dos vías para  su acceso. La primera, por el cantón San Fernando-Pedernales Frío; y la segunda, por el cantón Santa Isabel, límite con la provincia de El Oro,  hasta la parroquia Shaglli y de allí al lugar de las piedras.
Las piedras con figuras son parte del escenario mágico y ancestral que está en Shaglli. Cortesía Viviana criollo

Por el primer trayecto se tarda unas tres horas, entre vehículo y  caminata. El  sol acompaña desde la mañana. Sus rayos caen directamente al cuerpo, pero los paisajes hacen olvidar el cansancio.

Las inmensas rocas tienen forma de animales, de caras humanas o de una ciudad de grandes edificios. Inmediatamente y sin perder tiempo se inicia el recorrido por esa zona. La piedra en forma de jarrón es la primera en ser explorada. Esta formación tiene unos seis metros de largo, aproximadamente, y su forma perfecta parece moldeada por el paso de los años.

Desde la parte baja parece imposible subir hasta aquellas rocas, pero si se observa con detenimiento existen pequeños caminos que guían hasta la cúspide. En el ascenso no hay dificultad debido a las gradas formadas por el agua, que facilitan su acceso.

Algo característico de este lugar es que las piedras generan una variedad de vida vegetal, distintas clases de musgos y algunas flores de páramo que van creciendo en medio de todas esas rocas. Desde la cima de este ‘jarrón’ se puede apreciar con más detenimiento el lugar.

Hay alrededor de 15 formaciones rocosas gigantescas, que se contabilizan desde esa altura. Entre ellas está una en forma de iglesia, con un campanario en su parte superior. Otra tiene la forma de un elefante, otra la silueta de un rostro humano; mientras más lejana está una roca, más semejanza tiene con el Coliseo Romano, que está en la capital de Italia.

Carachula no permite confusión, sus piedras son únicas, una mezcla entre gris y blanco, además de ser un lugar poco habitado y visitado por falta de promoción. La forma de esas rocas facilita la movilidad, aunque hay momentos en que es necesario no tener vértigo para poder cruzar de un extremo a otro. Desde esa altura pueden verse diferentes colores y formas que despiertan curiosidad sobre su origen, o sobre cómo adquirieron aquellas texturas. No existen estudios sobre este particular; es un sitio poco conocido y las autoridades no han puesto mayor interés en promocionar o en investigar su origen. (I)

Leyendas y mitos del lugar

Los mitos son parte de la vida de Carachula, argumenta Guadalupe Criollo. Ese lugar antes era una ruta propicia para los viajeros y comerciantes que llevaban productos como la papa, el melloco y el queso, para vender en el mercado del cantón Santa Isabel. Y de esas travesías de los comerciantes surgían las leyendas que fueron transmitidas de generación en generación.

La leyenda del campanario es la más conocida, aunque tiene diferentes versiones y con el paso del tiempo se han modificado algunos datos. Según Rosa Inés Segarra,  de Shaglli, este sitio no ha sido explotado como fuente de turismo. Aquí existen leyendas que podrían cautivar a propios y extraños, cuenta. Desde la cima hay que buscar la piedra más grande y larga, que está ubicada en la parte norte de este asombroso lugar.

Su forma llama la atención porque encima de ella hay otra piedra de menor tamaño que se asemeja a un altar. “Es el campanario”, dice Segarra, quien relata la historia: antes, los viajeros buscaban refugios entre las piedras para descansar y uno de ellos encontró dos bejucos (plantas trepadoras).   Debajo de una piedra rectangular y al halar una campana resonó y  huyeron despavoridos de este sitio. También se dice que, si se hace sonar tres veces esa campana, la ciudad sería desencantada. Los habitantes de Shaglli explican que esa era una ciudad donde había casas y una iglesia. Pero fue encantada un Viernes Santo por un sacerdote y ahora solo otro religioso puede devolverles la ciudad, comentan.

Otra leyenda asegura que el Viernes Santo, después de las 24:00, la ciudad cobra vida pero solo durante una hora, “hasta se escuchan los campanazos que llaman a la gente a misa”, indican. Según ellos, quienes permanezcan allí pasada esa hora se quedarán también encantados; es decir, “hecho piedras”, sostienen los acompañantes. Pero las plantas silvestres como hongos y achupallas complementan el colorido de estas piedras. Algunas flores en diferentes tonos también sobresalen con la interrogante de cómo lograron crecer, si ese es un espacio rocoso. De toda esa belleza enigmática que presentan estas gigantescas piedras, muchas son bastante altas y superan los 50 metros.

En Carachula se encuentra hasta hoy naturaleza abundante, donde también sobresalen los árboles de quinua, la “chuquirahua”, una planta de flores coloridas y de uso medicinal para el dolor de cabeza y otras enfermedades. Dos lugares para llegar a estas formaciones El otro  ingreso a la ‘Ciudad de Piedra’ es por la parte de Santa Isabel; de allí a Shaglli hay 61 km. En esta parroquia está la entrada a Carachula, por allí se va incluso a las lagunas, donde se hace  pesca deportiva. En esa zona hay cultivos privados de trucha, cuyos propietarios se ocupan de preparar comida para los visitantes. El potencial turístico de esta parroquia es evidente: además de Carachula, hay otras formaciones rocosas, como Bolarrumi, una piedra de gran tamaño que se mantiene en equilibrio sobre una punta. (F)

En busca de Carachula, la ciudad encantada

Las piedras con figuras son parte del escenario mágico y ancestral que está en Shaglli. Cortesía Viviana criollo

Por el primer trayecto se tarda unas tres horas, entre vehículo y  caminata. El  sol acompaña desde la mañana. Sus rayos caen directamente al cuerpo, pero los paisajes hacen olvidar el cansancio.

Las inmensas rocas tienen forma de animales, de caras humanas o de una ciudad de grandes edificios. Inmediatamente y sin perder tiempo se inicia el recorrido por esa zona. La piedra en forma de jarrón es la primera en ser explorada. Esta formación tiene unos seis metros de largo, aproximadamente, y su forma perfecta parece moldeada por el paso de los años.

Desde la parte baja parece imposible subir hasta aquellas rocas, pero si se observa con detenimiento existen pequeños caminos que guían hasta la cúspide. En el ascenso no hay dificultad debido a las gradas formadas por el agua, que facilitan su acceso.

Algo característico de este lugar es que las piedras generan una variedad de vida vegetal, distintas clases de musgos y algunas flores de páramo que van creciendo en medio de todas esas rocas. Desde la cima de este ‘jarrón’ se puede apreciar con más detenimiento el lugar.

Hay alrededor de 15 formaciones rocosas gigantescas, que se contabilizan desde esa altura. Entre ellas está una en forma de iglesia, con un campanario en su parte superior. Otra tiene la forma de un elefante, otra la silueta de un rostro humano; mientras más lejana está una roca, más semejanza tiene con el Coliseo Romano, que está en la capital de Italia.

Carachula no permite confusión, sus piedras son únicas, una mezcla entre gris y blanco, además de ser un lugar poco habitado y visitado por falta de promoción. La forma de esas rocas facilita la movilidad, aunque hay momentos en que es necesario no tener vértigo para poder cruzar de un extremo a otro. Desde esa altura pueden verse diferentes colores y formas que despiertan curiosidad sobre su origen, o sobre cómo adquirieron aquellas texturas. No existen estudios sobre este particular; es un sitio poco conocido y las autoridades no han puesto mayor interés en promocionar o en investigar su origen. (I)

Leyendas y mitos del lugar

Los mitos son parte de la vida de Carachula, argumenta Guadalupe Criollo. Ese lugar antes era una ruta propicia para los viajeros y comerciantes que llevaban productos como la papa, el melloco y el queso, para vender en el mercado del cantón Santa Isabel. Y de esas travesías de los comerciantes surgían las leyendas que fueron transmitidas de generación en generación.

La leyenda del campanario es la más conocida, aunque tiene diferentes versiones y con el paso del tiempo se han modificado algunos datos. Según Rosa Inés Segarra,  de Shaglli, este sitio no ha sido explotado como fuente de turismo. Aquí existen leyendas que podrían cautivar a propios y extraños, cuenta. Desde la cima hay que buscar la piedra más grande y larga, que está ubicada en la parte norte de este asombroso lugar.

Su forma llama la atención porque encima de ella hay otra piedra de menor tamaño que se asemeja a un altar. “Es el campanario”, dice Segarra, quien relata la historia: antes, los viajeros buscaban refugios entre las piedras para descansar y uno de ellos encontró dos bejucos (plantas trepadoras).   Debajo de una piedra rectangular y al halar una campana resonó y  huyeron despavoridos de este sitio. También se dice que, si se hace sonar tres veces esa campana, la ciudad sería desencantada. Los habitantes de Shaglli explican que esa era una ciudad donde había casas y una iglesia. Pero fue encantada un Viernes Santo por un sacerdote y ahora solo otro religioso puede devolverles la ciudad, comentan.

Otra leyenda asegura que el Viernes Santo, después de las 24:00, la ciudad cobra vida pero solo durante una hora, “hasta se escuchan los campanazos que llaman a la gente a misa”, indican. Según ellos, quienes permanezcan allí pasada esa hora se quedarán también encantados; es decir, “hecho piedras”, sostienen los acompañantes. Pero las plantas silvestres como hongos y achupallas complementan el colorido de estas piedras. Algunas flores en diferentes tonos también sobresalen con la interrogante de cómo lograron crecer, si ese es un espacio rocoso. De toda esa belleza enigmática que presentan estas gigantescas piedras, muchas son bastante altas y superan los 50 metros.

En Carachula se encuentra hasta hoy naturaleza abundante, donde también sobresalen los árboles de quinua, la “chuquirahua”, una planta de flores coloridas y de uso medicinal para el dolor de cabeza y otras enfermedades. Dos lugares para llegar a estas formaciones El otro  ingreso a la ‘Ciudad de Piedra’ es por la parte de Santa Isabel; de allí a Shaglli hay 61 km. En esta parroquia está la entrada a Carachula, por allí se va incluso a las lagunas, donde se hace  pesca deportiva. En esa zona hay cultivos privados de trucha, cuyos propietarios se ocupan de preparar comida para los visitantes. El potencial turístico de esta parroquia es evidente: además de Carachula, hay otras formaciones rocosas, como Bolarrumi, una piedra de gran tamaño que se mantiene en equilibrio sobre una punta. (F)