La sensibilidad de Caifanes se queda sobre el escenario cuencano

La banda mexicana Caifanes durante su concierto en Cuenca.
FOTO: Cortesía: Juan Picón

Una empatía sin 'medias tintas'. Durante casi dos horas de concierto, la banda mexicana de rock Caifanes se preocupó por algo más que dar un show musical. La tenían clara: dejar un mensaje de amor sin dejar de mostrar inconformidad con los actos de violencia mundiales. Y con esto 'se metieron a sus fans en el bolsillo'.

La noche del jueves 13 de junio del 2019, luego de su presentación en Quito un día antes, los rockeros se subieron al escenario del coliseo Jefferson Pérez de Cuenca, un espacio que, históricamente, no ha sido el mejor aliado para apreciar el sonido real de los grandes artistas.

Pero aunque esta frustración caló en muchos, fue más llevadera desde el primer minuto, cuando Saúl Hernández, Alfonso André, Sabo Romo, Diego Herrera y Rodrigo Baills, a quien todavía llaman "el reemplazo" del inolvidable Alejandro Marcovich; arrancaron con 'Afuera', ese tema "de consagración" del que suelen hablar los críticos musicales.

Una bandera de México se levantó entre el público, iluminada por las luces de los celulares que se alzaron al unísono desde las 21:36. En pocos minutos 'Viento' consumió la energía del lugar y la voz de Saúl erizó las pieles. Una voz que ha pasado por complicaciones de salud pero que aún defiende su categoría tenor en la que se ha quedado inamovible.

Los ojos bien abiertos de los fans, cantando a gritos como si esas más de tres décadas de historia de la banda fuesen a morir en Cuenca.

"Vamos a dar una vuelta al cielo, para ver lo que es eterno" y el último acorde de 'Nubes' se cierra. Saúl, el líder, saluda y su público le contesta. "A la vida no le tengas miedo si no es por algo", dice, y la banda crea una atmósfera imparable de discursos sociales, de amor, de esperanza, a partir de ese poder que tiene un músico para llegar al lado izquierdo más profundo de la gente.

Un video de besos cinematográficos famosos se proyecta en la pantalla que está detrás de los Caifanes, mientras tocan 'Miedo'. El tecladista Diego Herrera se roba por más de cinco minutos el show, gracias a una suerte de camaradería sin poses entre sus amigos. Recuesta su hombro sobre Sabo Romo, el bajista, y él lo secunda. Va por Saúl y por el guitarrista Rodrigo Baills, quien para entonces se ha arrancado su etiqueta de 'reemplazo' al demostrar un talento, entre magnético y majestuoso en la guitarra. Ellos ríen con las ocurrencias de Diego, personaje que además es pintoresco por su apariencia y ha visibilizado en más de una entrevista, un sentido del humor constante.

"Es increíble", dice Hernández, "ustedes hacen que esto todavía parezca un sueño". Llega el turno de 'Heridos', su último tema promocional lanzado en marzo de este año a las plataformas digitales y que anuncia la posible llegada de un nuevo material discográfico de la banda. Al corte de la canción, el líder de Caifanes habla de la defensa de los derechos humanos y del "momento violento" que vive el mundo. La desaparición de los estudiantes, la vulneración a los niños, las guerras son los protagonistas de ese pequeño instante que, para sorpresa de muchos, continúa con una versión distinta de 'Ayer me dijo un ave', uno de los temas quizá más insignes de corte acústico que esta vez mostró su significado real en un formato menos 'lastimero'.


'Mátenme porque me muero', 'Los dioses ocultos', 'Aviéntame', 'Aquí no es así', 'Perdí mi ojo de venado', logran el clímax de la audiencia y al cabo de unos pocos minutos los Caifanes se despiden, dejando una ligera sospecha de retorno al escenario. Como esos adioses repetitivos de los músicos que abren la posibilidad de que sus fanáticos les demuestren cuánto los quieren o de cuánto son capaces de gritar para que vuelvan.

Los cuencanos no se hacen esperar y corean un clásico que no tiene caducidad: "Olé, olé, olé, olé, Caifanes, Caifanes". Salen enseguida y se acomodan otra vez. Saúl trae puesto la camiseta del Deportivo Cuenca. La emoción de este hecho posee al público, sin saber que con tres temas y sin anestesia se venían con: 'No dejes que...', 'La célula que explota' y 'La negra Tomasa'. Desde la intro del segundo, a más de uno no le importó soltar las lágrimas y las declaraciones de amor para los mexicanos que han alcanzado lugares notables en las listas del rock en español.

Caifanes se despide de Cuenca y esta vez el público los deja ir, como si no quedasen debiendo nada. Los rockeros, los fans, los que fueron al coliseo sin saber quiénes eran o por acompañar a alguien; todos contemplan los gestos repetitivos de agradecimiento y cariño de la banda hacia su público de esa noche. Suena de fondo y sin razón aparente 'Imagine' de John Lennon; Alfonso y Sabo cantan un fragmento de esta canción en un micrófono todavía encendido. Saúl se toca el corazón con la mano derecha, lanza un beso volado al público, se arrodilla, besa el escenario y la letra de 'Imagine' cobra sentido.


Por: Isabel Aguilar


La sensibilidad de Caifanes se queda sobre el escenario cuencano

La banda mexicana Caifanes durante su concierto en Cuenca.
FOTO: Cortesía: Juan Picón

Una empatía sin 'medias tintas'. Durante casi dos horas de concierto, la banda mexicana de rock Caifanes se preocupó por algo más que dar un show musical. La tenían clara: dejar un mensaje de amor sin dejar de mostrar inconformidad con los actos de violencia mundiales. Y con esto 'se metieron a sus fans en el bolsillo'.

La noche del jueves 13 de junio del 2019, luego de su presentación en Quito un día antes, los rockeros se subieron al escenario del coliseo Jefferson Pérez de Cuenca, un espacio que, históricamente, no ha sido el mejor aliado para apreciar el sonido real de los grandes artistas.

Pero aunque esta frustración caló en muchos, fue más llevadera desde el primer minuto, cuando Saúl Hernández, Alfonso André, Sabo Romo, Diego Herrera y Rodrigo Baills, a quien todavía llaman "el reemplazo" del inolvidable Alejandro Marcovich; arrancaron con 'Afuera', ese tema "de consagración" del que suelen hablar los críticos musicales.

Una bandera de México se levantó entre el público, iluminada por las luces de los celulares que se alzaron al unísono desde las 21:36. En pocos minutos 'Viento' consumió la energía del lugar y la voz de Saúl erizó las pieles. Una voz que ha pasado por complicaciones de salud pero que aún defiende su categoría tenor en la que se ha quedado inamovible.

Los ojos bien abiertos de los fans, cantando a gritos como si esas más de tres décadas de historia de la banda fuesen a morir en Cuenca.

"Vamos a dar una vuelta al cielo, para ver lo que es eterno" y el último acorde de 'Nubes' se cierra. Saúl, el líder, saluda y su público le contesta. "A la vida no le tengas miedo si no es por algo", dice, y la banda crea una atmósfera imparable de discursos sociales, de amor, de esperanza, a partir de ese poder que tiene un músico para llegar al lado izquierdo más profundo de la gente.

Un video de besos cinematográficos famosos se proyecta en la pantalla que está detrás de los Caifanes, mientras tocan 'Miedo'. El tecladista Diego Herrera se roba por más de cinco minutos el show, gracias a una suerte de camaradería sin poses entre sus amigos. Recuesta su hombro sobre Sabo Romo, el bajista, y él lo secunda. Va por Saúl y por el guitarrista Rodrigo Baills, quien para entonces se ha arrancado su etiqueta de 'reemplazo' al demostrar un talento, entre magnético y majestuoso en la guitarra. Ellos ríen con las ocurrencias de Diego, personaje que además es pintoresco por su apariencia y ha visibilizado en más de una entrevista, un sentido del humor constante.

"Es increíble", dice Hernández, "ustedes hacen que esto todavía parezca un sueño". Llega el turno de 'Heridos', su último tema promocional lanzado en marzo de este año a las plataformas digitales y que anuncia la posible llegada de un nuevo material discográfico de la banda. Al corte de la canción, el líder de Caifanes habla de la defensa de los derechos humanos y del "momento violento" que vive el mundo. La desaparición de los estudiantes, la vulneración a los niños, las guerras son los protagonistas de ese pequeño instante que, para sorpresa de muchos, continúa con una versión distinta de 'Ayer me dijo un ave', uno de los temas quizá más insignes de corte acústico que esta vez mostró su significado real en un formato menos 'lastimero'.


'Mátenme porque me muero', 'Los dioses ocultos', 'Aviéntame', 'Aquí no es así', 'Perdí mi ojo de venado', logran el clímax de la audiencia y al cabo de unos pocos minutos los Caifanes se despiden, dejando una ligera sospecha de retorno al escenario. Como esos adioses repetitivos de los músicos que abren la posibilidad de que sus fanáticos les demuestren cuánto los quieren o de cuánto son capaces de gritar para que vuelvan.

Los cuencanos no se hacen esperar y corean un clásico que no tiene caducidad: "Olé, olé, olé, olé, Caifanes, Caifanes". Salen enseguida y se acomodan otra vez. Saúl trae puesto la camiseta del Deportivo Cuenca. La emoción de este hecho posee al público, sin saber que con tres temas y sin anestesia se venían con: 'No dejes que...', 'La célula que explota' y 'La negra Tomasa'. Desde la intro del segundo, a más de uno no le importó soltar las lágrimas y las declaraciones de amor para los mexicanos que han alcanzado lugares notables en las listas del rock en español.

Caifanes se despide de Cuenca y esta vez el público los deja ir, como si no quedasen debiendo nada. Los rockeros, los fans, los que fueron al coliseo sin saber quiénes eran o por acompañar a alguien; todos contemplan los gestos repetitivos de agradecimiento y cariño de la banda hacia su público de esa noche. Suena de fondo y sin razón aparente 'Imagine' de John Lennon; Alfonso y Sabo cantan un fragmento de esta canción en un micrófono todavía encendido. Saúl se toca el corazón con la mano derecha, lanza un beso volado al público, se arrodilla, besa el escenario y la letra de 'Imagine' cobra sentido.


Por: Isabel Aguilar