Bolivianas visten a la élite de Estados Unidos

La Paz, EFE. Son las cuatro de la tarde y el murmullo de las máquinas de tejer se deja oír incluso antes de cruzar la puerta tras la que se esconde el taller boliviano donde más de cien manos tejen el lujo de Ralph Lauren, Óscar de la Renta o Donna Karan.
Madres bolivianas que integran la asociación de Madres & Artesanas Tex durante la confección de sus prendas.

Saber tejer y ser madres, esas son las únicas leyes que rigen el taller de puertas hacia adentro y que cumplen todas las mujeres que integran en La Paz, la asociación de Madres & Artesanas Tex, donde no solo se tejen delicados apliques y prendas, sino también las mimbres de la conciliación laboral.

Yelka Maric, gestora de esta asociación de mujeres tejedoras y bordadoras, explica que concede plena libertad a las trabajadoras para que realicen su trabajo desde “donde se sientan más cómodas”.

Conciliar la vida familiar con la vida laboral es el “punto de coincidencia” que tienen Maric y las madres que operan en el taller.

Para Maric, lo más “importante” cuando salió el primer pedido para una de las marcas más icónicas de EE.UU, como Polo Ralph Lauren, era terminarlo a tiempo, “no importaba dónde”, afirma con una sonrisa.

La emprendedora recuerda ese momento como un punto clave en el cambio de estrategia y dirección de la empresa, que empezó con la producción tradicional y, rápidamente, unos seis meses después de su creación, dio el salto a la producción de marca para ofrecerla al público. (E) 

Bolivianas visten a la élite de Estados Unidos

Madres bolivianas que integran la asociación de Madres & Artesanas Tex durante la confección de sus prendas.

Saber tejer y ser madres, esas son las únicas leyes que rigen el taller de puertas hacia adentro y que cumplen todas las mujeres que integran en La Paz, la asociación de Madres & Artesanas Tex, donde no solo se tejen delicados apliques y prendas, sino también las mimbres de la conciliación laboral.

Yelka Maric, gestora de esta asociación de mujeres tejedoras y bordadoras, explica que concede plena libertad a las trabajadoras para que realicen su trabajo desde “donde se sientan más cómodas”.

Conciliar la vida familiar con la vida laboral es el “punto de coincidencia” que tienen Maric y las madres que operan en el taller.

Para Maric, lo más “importante” cuando salió el primer pedido para una de las marcas más icónicas de EE.UU, como Polo Ralph Lauren, era terminarlo a tiempo, “no importaba dónde”, afirma con una sonrisa.

La emprendedora recuerda ese momento como un punto clave en el cambio de estrategia y dirección de la empresa, que empezó con la producción tradicional y, rápidamente, unos seis meses después de su creación, dio el salto a la producción de marca para ofrecerla al público. (E) 

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