2017

Los diciembres tienen algo de nostalgia, una sensación de vaso medio vacío  por el lapso de tiempo que se va, llevándose vivencias, alegrías, sinsabores. Los eneros en cambio son frescos, estimulantes, una percepción de vaso medio lleno por un nuevo ciclo temporal que llama a la vida, un tiempo por estrenar, pleno de promesas, compromisos y ganas de empezar sin malos ratos.

Para Ecuador, el año por venir tiene connotaciones diferenciadas de otros que llegaron y pasaron’ Luego de una década de estabilidad política, de evolución significativa en los fundamentos y formas de convivencia; de innovación profunda en la manera de ver la vida, de entender la relación Estado - Sociedad, de encauzar el destino nacional, de formar capacidades para la vida, de garantizar condiciones para una convivencia digna y muchos otros logros impulsados por la sociedad en su conjunto, Ecuador decidirá en unas semanas el rumbo a seguir.

El 2017 iniciará con un acuerdo comercial ratificado con la Comunidad Europea, con un precio del petróleo con tendencia al alza, con hidroeléctricas operando, con una red vial competitiva, con una vigorosa conectividad, con una marca país posicionada en el mundo para la industria turística, con nuevas fuentes de ingreso fiscal, con una creciente innovación en la formación de talento humano, con una cultura del autocuidado iniciada, con una cultura tributaria saludable, con una sociedad más tolerante y equitativa. También arrancará con retos pendientes: territorios subnacionales sin condiciones para el emprendimiento competitivo; hábitats urbanos de alto riesgo; ciudades con una creciente polarización económica (barrios precarios y conjuntos habitacionales exclusivos); una progresiva masa de trabajadores informales dispersos, sin cultura asociativa; una fauna urbana descontrolada. En el ámbito rural las fronteras agrícolas retroceden ante la industria inmobiliaria; el campesinado supervive entre inundaciones y estiajes; la agroindustria consume cada vez más tierra y agua; las unidades productivas agrícolas familiares son devoradas por el mercado; una débil consolidación de productos nacionales de alto valor agregado. Un reto mayor está en un sector privado tradicional, incapaz de aprovechar las ventajas estructurales competitivas del país; una cultura empresarial especulativa, acostumbrada a recibir rentas sin esfuerzo; la riqueza concentrada en pocas manos.

Queda por saber si las innovaciones sociales resultaron en una sociedad alerta y decisiva, deseosa de profundizar las transformaciones para el desarrollo nacional equitativo, o los cambios produjeron gente apática, fácilmente influenciable, despreocupada de buscar la verdad.

Que el 2017 sea portador de sabiduría para que Ecuador tome la mejor decisión en pro del bien común. (O)

Los diciembres tienen algo de nostalgia, una sensación de vaso medio vacío  por el lapso de tiempo que se va, llevándose vivencias, alegrías, sinsabores. Los eneros en cambio son frescos, estimulantes, una percepción de vaso medio lleno por un nuevo ciclo temporal que llama a la vida, un tiempo por estrenar, pleno de promesas, compromisos y ganas de empezar sin malos ratos.

Para Ecuador, el año por venir tiene connotaciones diferenciadas de otros que llegaron y pasaron’ Luego de una década de estabilidad política, de evolución significativa en los fundamentos y formas de convivencia; de innovación profunda en la manera de ver la vida, de entender la relación Estado - Sociedad, de encauzar el destino nacional, de formar capacidades para la vida, de garantizar condiciones para una convivencia digna y muchos otros logros impulsados por la sociedad en su conjunto, Ecuador decidirá en unas semanas el rumbo a seguir.

El 2017 iniciará con un acuerdo comercial ratificado con la Comunidad Europea, con un precio del petróleo con tendencia al alza, con hidroeléctricas operando, con una red vial competitiva, con una vigorosa conectividad, con una marca país posicionada en el mundo para la industria turística, con nuevas fuentes de ingreso fiscal, con una creciente innovación en la formación de talento humano, con una cultura del autocuidado iniciada, con una cultura tributaria saludable, con una sociedad más tolerante y equitativa. También arrancará con retos pendientes: territorios subnacionales sin condiciones para el emprendimiento competitivo; hábitats urbanos de alto riesgo; ciudades con una creciente polarización económica (barrios precarios y conjuntos habitacionales exclusivos); una progresiva masa de trabajadores informales dispersos, sin cultura asociativa; una fauna urbana descontrolada. En el ámbito rural las fronteras agrícolas retroceden ante la industria inmobiliaria; el campesinado supervive entre inundaciones y estiajes; la agroindustria consume cada vez más tierra y agua; las unidades productivas agrícolas familiares son devoradas por el mercado; una débil consolidación de productos nacionales de alto valor agregado. Un reto mayor está en un sector privado tradicional, incapaz de aprovechar las ventajas estructurales competitivas del país; una cultura empresarial especulativa, acostumbrada a recibir rentas sin esfuerzo; la riqueza concentrada en pocas manos.

Queda por saber si las innovaciones sociales resultaron en una sociedad alerta y decisiva, deseosa de profundizar las transformaciones para el desarrollo nacional equitativo, o los cambios produjeron gente apática, fácilmente influenciable, despreocupada de buscar la verdad.

Que el 2017 sea portador de sabiduría para que Ecuador tome la mejor decisión en pro del bien común. (O)