La falta de planificación, un reto para el futuro alcalde

Dentro de dos años se habrá cumplido el tiempo de vida útil del relleno sanitario, el déficit de vivienda es de 45.000 casas, se requiere una nueva planta de tratamiento de aguas residuales, cambios en la movilidad y la desconcentración de servicios públicos. ¿Qué proponen los candidatos para esto?

Ana María Quito decidió cambiar su residencia en la parroquia Yanuncay por una nueva casa en Ochoa León, pasó cinco meses sin agua potable, aún no cuenta con iluminación pública, y a diario le toma dos horas ir y volver de su trabajo. Su calidad de vida es proporcional a la planificación de una ciudad, que está “enferma de colesterol urbano”, según el experto en ordenamiento territorial, Pablo Osorio.


“En Cuenca existe un desequilibrio social” argumenta el analista, y las cifras lo respaldan. Existe un déficit de vivienda, de acuerdo con datos de la Municipalidad, de 45.000 soluciones habitacionales; en contraparte hay 10.000 viviendas sin habitar y 12.000 lotes vacíos. Por otro lado, el suelo agrícola y de protección ambiental se reduce en un 1,4 por ciento al año, según el Banco Interamericano de Desarrollo.


En movilidad, el crecimiento del parque automotor supera en cuatro a uno al incremento de la población, los viajes se siguen concentrando en el Centro Histórico y no se ha ampliado la cobertura de transporte público en los últimos 15 años.


A esto se suma el cumplimiento de vida útil de los principales equipamientos de la ciudad. El relleno sanitario de Pichacay empezará a saturarse desde el 2021, se requiere una nueva planta de tratamiento de aguas residuales, el aeropuerto y la terminal terrestre necesitan reubicarse y en la ciudad no existe mercado mayorista.

Osorio explica que hace 30 años Cuenca se planificó como “grandes cubos”, en los que se dividía la zona industrial, agrícola, comercial y de vivienda, “pero el modelo fracasó”. A esto se suma, comenta, que se han construido equipamientos “sin pensar en la gente” como por ejemplo el tranvía, que generó pérdidas a los frentistas durante su construcción, o el Centro de Rehabilitación Social de Turi, que incrementa los niveles de riesgo en “una zona que ha sido olvidada”.
El problema no es solo de Cuenca. De acuerdo con un estudio del Banco Interamericano de Desarrollo, BID, el costo de la mala planificación en las ciudades de Latinoamérica es de 220’000.000 al año, esto equivale a construir un tranvía cada 365 días.


Este costo, en Cuenca, representa la creación y pavimentación de nuevas vías, ampliación de cobertura de servicios de agua potable y alcantarillado, soluciones emergentes en movilidad y vivienda según indica el concejal Carlos Orellana.
Osorio comenta que el votante debe pedir al candidato propuestas que incluyan el crecimiento en altura, la creación de nodos articuladores en parroquias rurales y una proyección de la ciudad al menos hasta el año 2030, que no dependa de un proyecto político, sino de un proyecto de ciudad.


El concejal Orellana indica que el votante debe preguntar a los candidatos que harán con El Arenal, el relleno, la zona de tolerancia, el aeropuerto y la terminal terrestre.


Ambos coinciden en que es esencial pensar si los proyectos de los candidatos cambiarán nuestra propia vida, y mejorarán el futuro de todos. (I)
En Cuenca urgen soluciones al relleno sanitario, los terminales terrestres y aéreo, el mercado mayorista y el déficit  de vivienda.

La falta de planificación, un reto para el futuro alcalde

Dentro de dos años se habrá cumplido el tiempo de vida útil del relleno sanitario, el déficit de vivienda es de 45.000 casas, se requiere una nueva planta de tratamiento de aguas residuales, cambios en la movilidad y la desconcentración de servicios públicos. ¿Qué proponen los candidatos para esto?

Ana María Quito decidió cambiar su residencia en la parroquia Yanuncay por una nueva casa en Ochoa León, pasó cinco meses sin agua potable, aún no cuenta con iluminación pública, y a diario le toma dos horas ir y volver de su trabajo. Su calidad de vida es proporcional a la planificación de una ciudad, que está “enferma de colesterol urbano”, según el experto en ordenamiento territorial, Pablo Osorio.


“En Cuenca existe un desequilibrio social” argumenta el analista, y las cifras lo respaldan. Existe un déficit de vivienda, de acuerdo con datos de la Municipalidad, de 45.000 soluciones habitacionales; en contraparte hay 10.000 viviendas sin habitar y 12.000 lotes vacíos. Por otro lado, el suelo agrícola y de protección ambiental se reduce en un 1,4 por ciento al año, según el Banco Interamericano de Desarrollo.


En movilidad, el crecimiento del parque automotor supera en cuatro a uno al incremento de la población, los viajes se siguen concentrando en el Centro Histórico y no se ha ampliado la cobertura de transporte público en los últimos 15 años.


A esto se suma el cumplimiento de vida útil de los principales equipamientos de la ciudad. El relleno sanitario de Pichacay empezará a saturarse desde el 2021, se requiere una nueva planta de tratamiento de aguas residuales, el aeropuerto y la terminal terrestre necesitan reubicarse y en la ciudad no existe mercado mayorista.

Osorio explica que hace 30 años Cuenca se planificó como “grandes cubos”, en los que se dividía la zona industrial, agrícola, comercial y de vivienda, “pero el modelo fracasó”. A esto se suma, comenta, que se han construido equipamientos “sin pensar en la gente” como por ejemplo el tranvía, que generó pérdidas a los frentistas durante su construcción, o el Centro de Rehabilitación Social de Turi, que incrementa los niveles de riesgo en “una zona que ha sido olvidada”.
El problema no es solo de Cuenca. De acuerdo con un estudio del Banco Interamericano de Desarrollo, BID, el costo de la mala planificación en las ciudades de Latinoamérica es de 220’000.000 al año, esto equivale a construir un tranvía cada 365 días.


Este costo, en Cuenca, representa la creación y pavimentación de nuevas vías, ampliación de cobertura de servicios de agua potable y alcantarillado, soluciones emergentes en movilidad y vivienda según indica el concejal Carlos Orellana.
Osorio comenta que el votante debe pedir al candidato propuestas que incluyan el crecimiento en altura, la creación de nodos articuladores en parroquias rurales y una proyección de la ciudad al menos hasta el año 2030, que no dependa de un proyecto político, sino de un proyecto de ciudad.


El concejal Orellana indica que el votante debe preguntar a los candidatos que harán con El Arenal, el relleno, la zona de tolerancia, el aeropuerto y la terminal terrestre.


Ambos coinciden en que es esencial pensar si los proyectos de los candidatos cambiarán nuestra propia vida, y mejorarán el futuro de todos. (I)
En Cuenca urgen soluciones al relleno sanitario, los terminales terrestres y aéreo, el mercado mayorista y el déficit  de vivienda.