Un nuevo golpe al periodismo

Lo ocurrido el pasado viernes en nuestra ciudad es una muestra más de los diversos problemas que afronta el periodismo en los actuales momentos: agresiones físicas y verbales, amenazas e intimidaciones que impiden realizar su trabajo de forma adecuada se han convertido, lastimosamente, en una constante en nuestra sociedad con mayor frecuencia.
Las protestas de octubre pasado sin duda marcaron un antes y después para el periodismo, las agresiones a reporteros y medios de comunicación prendieron las alarmas de que algo estaba ocurriendo y que el oficio del periodismo se encontraba en riesgo, no solo por parte de los agresores, sino por parte de quienes desprestigiaban con cualquier argumento su trabajo.
Es que el problema va más allá de negar una entrevista o poner una serie de trabas para evitar que un periodista acceda a determinada información. Va más allá de impedir una cobertura o de emitir comunicados a través de redes sociales para de esta manera evitar responder preguntas o cuestionamientos. El problema radica en qué se está haciendo para cambiar esta realidad.
A esta situación se suma el escaso o nulo trabajo de los organismos o gremios que agrupan a los periodistas y que, más allá de los agasajos, reconocimientos y actos de carácter netamente social, poco o nada han hecho en los últimos años por reivindicar la profesión, por hacerla respetar y por constituirse en un verdadero ente defensor de su clase.
Ayer, como parte del Día del Periodismo Azuayo, todos se solidarizaron con los periodistas que fueron agredidos, así como lo hicieron cuando atacaron a periodistas en las protestas de octubre o cuando asesinaron a tres periodistas en la frontera, pero lastimosamente solo ha quedado en eso, una frase de solidaridad. (O)

Un nuevo golpe al periodismo

Lo ocurrido el pasado viernes en nuestra ciudad es una muestra más de los diversos problemas que afronta el periodismo en los actuales momentos: agresiones físicas y verbales, amenazas e intimidaciones que impiden realizar su trabajo de forma adecuada se han convertido, lastimosamente, en una constante en nuestra sociedad con mayor frecuencia.
Las protestas de octubre pasado sin duda marcaron un antes y después para el periodismo, las agresiones a reporteros y medios de comunicación prendieron las alarmas de que algo estaba ocurriendo y que el oficio del periodismo se encontraba en riesgo, no solo por parte de los agresores, sino por parte de quienes desprestigiaban con cualquier argumento su trabajo.
Es que el problema va más allá de negar una entrevista o poner una serie de trabas para evitar que un periodista acceda a determinada información. Va más allá de impedir una cobertura o de emitir comunicados a través de redes sociales para de esta manera evitar responder preguntas o cuestionamientos. El problema radica en qué se está haciendo para cambiar esta realidad.
A esta situación se suma el escaso o nulo trabajo de los organismos o gremios que agrupan a los periodistas y que, más allá de los agasajos, reconocimientos y actos de carácter netamente social, poco o nada han hecho en los últimos años por reivindicar la profesión, por hacerla respetar y por constituirse en un verdadero ente defensor de su clase.
Ayer, como parte del Día del Periodismo Azuayo, todos se solidarizaron con los periodistas que fueron agredidos, así como lo hicieron cuando atacaron a periodistas en las protestas de octubre o cuando asesinaron a tres periodistas en la frontera, pero lastimosamente solo ha quedado en eso, una frase de solidaridad. (O)