Un logro que entusiasma

En mayo del 2018, un ciclista carchense le enseñó a Ecuador a emocionarse al ver sus colores en lo alto de una gran competencia ciclística. Richard Carapaz ganaba la octava etapa del Giro de Italia y se convertía en el primer ecuatoriano en ganar una vuelta ciclística. Su nombre se volvió una promesa en Ecuador, un país que no sabía que tenía una “locomotora” que dejara en alto su nombre en el deporte, esa práctica que siempre logra emocionarnos, enojarnos, unirnos. Ya lo hizo antes la marcha, cuando Jefferson Pérez ganó su oro olímpico.


Y la promesa empezó a cumplirse. Este año, Carapaz, con sus 25 años, volvió a escribir un hito en la historia del deporte ecuatoriano y en la suya propia: el sábado, tras ganar la decimocuarta etapa del Giro de Italia, se ubicó primero en la clasificación general, algo que ningún otro compatriota había logrado y se convirtió en el sexto latinoamericano en colocarse la ‘maglia rosa’, una camiseta que está reservada para los líderes de la clasificación general. Hay una sensación general de victoria, una alegría nacional por el logro de Carapaz. Lo que ha hecho el ciclista carchense es un ejemplo de perseverancia. Sus hitos, aunque nos tomaron por sorpresa, no son casuales. Desde los 15 años, el atleta buscó su meta, fueron largas horas de entrenamiento hasta cruzarla. Cuando lo hizo el año pasado era un anónimo y hoy está revolucionando al país.


Ecuador no es un país que festeje todo el tiempo logros deportivos, por ello cuando surgen deportistas como Carapaz hay un entusiasmo contagiante. Lo que también debería contagiarse es esa perseverancia que ha demostrado el carchense, el trabajo duro y la capacidad de dejar en alto el nombre del país. Es también un momento para que quienes toman decisiones reflexionen sobre la importancia de su papel en la formación de futuros logros como el que hoy celebramos. (O)
Lo alcanzado por Carapaz en el Giro de Italia se vuelve contagiante, es un ejemplo de lo que la perseverancia puede alcanzar.

Un logro que entusiasma

En mayo del 2018, un ciclista carchense le enseñó a Ecuador a emocionarse al ver sus colores en lo alto de una gran competencia ciclística. Richard Carapaz ganaba la octava etapa del Giro de Italia y se convertía en el primer ecuatoriano en ganar una vuelta ciclística. Su nombre se volvió una promesa en Ecuador, un país que no sabía que tenía una “locomotora” que dejara en alto su nombre en el deporte, esa práctica que siempre logra emocionarnos, enojarnos, unirnos. Ya lo hizo antes la marcha, cuando Jefferson Pérez ganó su oro olímpico.


Y la promesa empezó a cumplirse. Este año, Carapaz, con sus 25 años, volvió a escribir un hito en la historia del deporte ecuatoriano y en la suya propia: el sábado, tras ganar la decimocuarta etapa del Giro de Italia, se ubicó primero en la clasificación general, algo que ningún otro compatriota había logrado y se convirtió en el sexto latinoamericano en colocarse la ‘maglia rosa’, una camiseta que está reservada para los líderes de la clasificación general. Hay una sensación general de victoria, una alegría nacional por el logro de Carapaz. Lo que ha hecho el ciclista carchense es un ejemplo de perseverancia. Sus hitos, aunque nos tomaron por sorpresa, no son casuales. Desde los 15 años, el atleta buscó su meta, fueron largas horas de entrenamiento hasta cruzarla. Cuando lo hizo el año pasado era un anónimo y hoy está revolucionando al país.


Ecuador no es un país que festeje todo el tiempo logros deportivos, por ello cuando surgen deportistas como Carapaz hay un entusiasmo contagiante. Lo que también debería contagiarse es esa perseverancia que ha demostrado el carchense, el trabajo duro y la capacidad de dejar en alto el nombre del país. Es también un momento para que quienes toman decisiones reflexionen sobre la importancia de su papel en la formación de futuros logros como el que hoy celebramos. (O)
Lo alcanzado por Carapaz en el Giro de Italia se vuelve contagiante, es un ejemplo de lo que la perseverancia puede alcanzar.