Las pérdidas son incalculables

El Banco Central del Ecuador cuantificó las pérdidas ocasionadas por la paralización del país entre el 3 y el 13 de octubre del año pasado en aproximadamente 821 millones de dólares a causa del cierre de operaciones del oleoducto, de las exportaciones, turismo, comercios y un sinnúmero más de sectores que se vieron directa o indirectamente afectados por las movilizaciones.
Si bien esta cifra se calculó con base a estudios y métodos matemáticos propios de los entendidos, existe un perjuicio que difícilmente será cuantificado y que aún continúa dejando estragos en nuestra economía y en la imagen del país.
Ya han paso más de tres meses de finalizadas las protestas y las divergencias entre el Gobierno y los sectores involucrados continúan presentes, generando un ambiente de incertidumbre en el exterior.
Pese al permanente llamado al diálogo por parte del Gobierno, este no ha tenido el efecto deseado y, por el contrario, pareciera que los diferentes sectores que protagonizaron las manifestaciones en octubre, están creando su agenda y plataforma política de cara a las próximas elecciones a desarrollarse en poco más de un año.
Bajo este panorama es prácticamente imposible que el país emprenda un verdadero proyecto de desarrollo y crecimiento, es muy difícil que se recupere del daño ocasionado no solo en lo económico, sino en lo que corresponde a su imagen en el plano internacional.
Queda mucho por hacer para cambiar esta imagen, pero en este proceso debe involucrar a todos, no por pedido o exigencia, sino por un verdadero compromiso de país, por un verdadero anhelo de salir adelante en base al diálogo y al interés común, dejando atrás los intereses personales. (O)

Las pérdidas son incalculables

El Banco Central del Ecuador cuantificó las pérdidas ocasionadas por la paralización del país entre el 3 y el 13 de octubre del año pasado en aproximadamente 821 millones de dólares a causa del cierre de operaciones del oleoducto, de las exportaciones, turismo, comercios y un sinnúmero más de sectores que se vieron directa o indirectamente afectados por las movilizaciones.
Si bien esta cifra se calculó con base a estudios y métodos matemáticos propios de los entendidos, existe un perjuicio que difícilmente será cuantificado y que aún continúa dejando estragos en nuestra economía y en la imagen del país.
Ya han paso más de tres meses de finalizadas las protestas y las divergencias entre el Gobierno y los sectores involucrados continúan presentes, generando un ambiente de incertidumbre en el exterior.
Pese al permanente llamado al diálogo por parte del Gobierno, este no ha tenido el efecto deseado y, por el contrario, pareciera que los diferentes sectores que protagonizaron las manifestaciones en octubre, están creando su agenda y plataforma política de cara a las próximas elecciones a desarrollarse en poco más de un año.
Bajo este panorama es prácticamente imposible que el país emprenda un verdadero proyecto de desarrollo y crecimiento, es muy difícil que se recupere del daño ocasionado no solo en lo económico, sino en lo que corresponde a su imagen en el plano internacional.
Queda mucho por hacer para cambiar esta imagen, pero en este proceso debe involucrar a todos, no por pedido o exigencia, sino por un verdadero compromiso de país, por un verdadero anhelo de salir adelante en base al diálogo y al interés común, dejando atrás los intereses personales. (O)