Habitar el espacio público

Desde el 2011, en varios países del mundo se han desarrollado numerosas manifestaciones políticas que han acaparado las portadas de los medios de comunicación, sin precedentes en varias décadas. Movilizaciones sociales contra el desempleo y los ajustes económicos de Europa, la corrupción en Rumania (el Gobierno de ese país intentó aprobar una ley para conceder amnistía a políticos corruptos), el movimiento 15M en España, la Primavera Árabe, manifestaciones en torno a la educación, a la salud han destacado como este ciclo de protestas ha llevado de nuevo a las calles a los ciudadanos.


Estas manifestaciones se han distinguido por su carácter predominante espacial: las plazas y las calles de la ciudad se han convertido en un componente integral del descontento y de la organización ciudadana. Pues, la ocupación del espacio público, a partir del 2011, estableció la negación de un modelo de ciudad distinguido por una ciudadanía pasiva sujeta a lógicas de consumo y su reemplazo por el ejercicio de una ciudadanía activa y sobre todo, crítica con el poder.


Y si bien el uso político del espacio público ha sido una forma de acción colectiva propia de los movimientos sociales de hoy en día, se puede afirmar que las manifestaciones actuales impugnan las premisas de crisis del espacio público como lugar de expresión ciudadana, razonamientos que marcaron de forma importante la discusión sobre espacio público y ciudadanía en décadas anteriores.


Siendo el sitio de encuentro y expresión ciudadana por excelencia, el espacio público se comprende no solamente como un lugar de circulación e interacción, sino como un espacio político: articula una dimensión gubernamental y una ciudadana. (O)

Las manifestaciones actuales impugnan las premisas de crisis del espacio público como lugar de expresión.

Habitar el espacio público

Desde el 2011, en varios países del mundo se han desarrollado numerosas manifestaciones políticas que han acaparado las portadas de los medios de comunicación, sin precedentes en varias décadas. Movilizaciones sociales contra el desempleo y los ajustes económicos de Europa, la corrupción en Rumania (el Gobierno de ese país intentó aprobar una ley para conceder amnistía a políticos corruptos), el movimiento 15M en España, la Primavera Árabe, manifestaciones en torno a la educación, a la salud han destacado como este ciclo de protestas ha llevado de nuevo a las calles a los ciudadanos.


Estas manifestaciones se han distinguido por su carácter predominante espacial: las plazas y las calles de la ciudad se han convertido en un componente integral del descontento y de la organización ciudadana. Pues, la ocupación del espacio público, a partir del 2011, estableció la negación de un modelo de ciudad distinguido por una ciudadanía pasiva sujeta a lógicas de consumo y su reemplazo por el ejercicio de una ciudadanía activa y sobre todo, crítica con el poder.


Y si bien el uso político del espacio público ha sido una forma de acción colectiva propia de los movimientos sociales de hoy en día, se puede afirmar que las manifestaciones actuales impugnan las premisas de crisis del espacio público como lugar de expresión ciudadana, razonamientos que marcaron de forma importante la discusión sobre espacio público y ciudadanía en décadas anteriores.


Siendo el sitio de encuentro y expresión ciudadana por excelencia, el espacio público se comprende no solamente como un lugar de circulación e interacción, sino como un espacio político: articula una dimensión gubernamental y una ciudadana. (O)

Las manifestaciones actuales impugnan las premisas de crisis del espacio público como lugar de expresión.