Evo deja el poder tras 13 años

La auditoría solicitada a la OEA por el propio Gobierno, el motín de la Policía, la presión en las calles, la radicalización de la oposición y la obsesión por mantenerse en el poder fueron los componentes de una bomba que ayer llegó a su punto máximo y explotó en manos del presidente boliviano Evo Morales quien, acorralado por la presión de millones de sus compatriotas, renunció a su cargo dejando un legado de 13 años como el primer mandatario de origen indígena del país sudamericano.
En un desesperado intento por controlar y detener la presión de su pueblo, la mañana de ayer Morales anunció la renovación total de los vocales del Tribunal Supremo Electoral y convocó a nuevas elecciones nacionales, para que el pueblo boliviano elija democráticamente a las nuevas autoridades, sin precisar si volverá a postularse.
El informe de auditoría solicitado por el propio Morales a la Organización de Estados Americanos, OEA, desconoció los resultados de las elecciones presidenciales del 20 de octubre, en las que el Tribunal Supremo Electoral proclamó como vencedor a Morales en primera vuelta, lo que despertó la inconformidad de la oposición y de los bolivianos, quienes calificaron a los resultados como un fraude desde el principio.
En su discurso de salida, Morales justificó su renuncia para evitar que continúe la violencia en el país tras semanas de enfrentamientos entre sus partidarios y sus detractores con al menos tres muertos y cientos de heridos. “Vamos a cumplir la sentencia de Tupac Katari, volveremos y seremos millones”, advirtió en sus palabras de despedida el líder boliviano, para quien esta medida es su salida responde a un golpe cívico, político y militar. (O)
Morales justificó su renuncia para evitar que continúe la violencia en el país y no descarta un posible regreso.

Evo deja el poder tras 13 años

La auditoría solicitada a la OEA por el propio Gobierno, el motín de la Policía, la presión en las calles, la radicalización de la oposición y la obsesión por mantenerse en el poder fueron los componentes de una bomba que ayer llegó a su punto máximo y explotó en manos del presidente boliviano Evo Morales quien, acorralado por la presión de millones de sus compatriotas, renunció a su cargo dejando un legado de 13 años como el primer mandatario de origen indígena del país sudamericano.
En un desesperado intento por controlar y detener la presión de su pueblo, la mañana de ayer Morales anunció la renovación total de los vocales del Tribunal Supremo Electoral y convocó a nuevas elecciones nacionales, para que el pueblo boliviano elija democráticamente a las nuevas autoridades, sin precisar si volverá a postularse.
El informe de auditoría solicitado por el propio Morales a la Organización de Estados Americanos, OEA, desconoció los resultados de las elecciones presidenciales del 20 de octubre, en las que el Tribunal Supremo Electoral proclamó como vencedor a Morales en primera vuelta, lo que despertó la inconformidad de la oposición y de los bolivianos, quienes calificaron a los resultados como un fraude desde el principio.
En su discurso de salida, Morales justificó su renuncia para evitar que continúe la violencia en el país tras semanas de enfrentamientos entre sus partidarios y sus detractores con al menos tres muertos y cientos de heridos. “Vamos a cumplir la sentencia de Tupac Katari, volveremos y seremos millones”, advirtió en sus palabras de despedida el líder boliviano, para quien esta medida es su salida responde a un golpe cívico, político y militar. (O)
Morales justificó su renuncia para evitar que continúe la violencia en el país y no descarta un posible regreso.