El vandalismo y el patrimonio

Los enfrentamientos entre la fuerza pública y los manifestantes que se han desarrollado durante la última semana han dejado cuantiosos daños en bienes públicos y privados de la ciudad. Si bien, en su gran mayoría, fueron ocasionado por vándalos que buscaban generar el caos.
Lo que sorprendió y causó el reproche ciudadano fue observar a manifestantes y a los miembros de la Policía utilizar maceteros como barricadas, a personas con barreta en mano destruir veredas, plazas y más espacios para obtener piedras y objetos contundentes para lanzarlos a los policías o militares.
El derribo de dos semáforos, destrucción de cajas con equipos de comunicación y pintarrajear paredes ya rayaron en actos de vandalismo que no responden a una protesta adecuada, de quienes nos jactamos de vivir en la ciudad más culta y educada del país.
Hoy, muchos defensores del patrimonio de la ciudad han levantado su voz y recriminado a quienes protagonizan las marchas; los acusan de destruir estos bienes; pero se olvidan que semanas atrás se destruyó una casa patrimonial y el tema ha quedado en el olvido.
No cabe duda que nuestra memoria es a corto plazo, ya que al igual que la cada patrimonial destruida semana atrás, decenas de viviendas catalogadas y registradas como patrimonio han desaparecido progresivamente sin que al momento existan sanciones que sienten un precedente para que estos actos no se repitan.
En esta ocasión son las veredas y plazas, antes fueron viviendas y, seguramente mañana o pasado serán más casas, viviendas las que destruyan, ya sea por negligencia o vandalismo, pero todo quedará en el olvido o en un simple reclamo fugaz en redes sociales. (O)

El vandalismo y el patrimonio

Los enfrentamientos entre la fuerza pública y los manifestantes que se han desarrollado durante la última semana han dejado cuantiosos daños en bienes públicos y privados de la ciudad. Si bien, en su gran mayoría, fueron ocasionado por vándalos que buscaban generar el caos.
Lo que sorprendió y causó el reproche ciudadano fue observar a manifestantes y a los miembros de la Policía utilizar maceteros como barricadas, a personas con barreta en mano destruir veredas, plazas y más espacios para obtener piedras y objetos contundentes para lanzarlos a los policías o militares.
El derribo de dos semáforos, destrucción de cajas con equipos de comunicación y pintarrajear paredes ya rayaron en actos de vandalismo que no responden a una protesta adecuada, de quienes nos jactamos de vivir en la ciudad más culta y educada del país.
Hoy, muchos defensores del patrimonio de la ciudad han levantado su voz y recriminado a quienes protagonizan las marchas; los acusan de destruir estos bienes; pero se olvidan que semanas atrás se destruyó una casa patrimonial y el tema ha quedado en el olvido.
No cabe duda que nuestra memoria es a corto plazo, ya que al igual que la cada patrimonial destruida semana atrás, decenas de viviendas catalogadas y registradas como patrimonio han desaparecido progresivamente sin que al momento existan sanciones que sienten un precedente para que estos actos no se repitan.
En esta ocasión son las veredas y plazas, antes fueron viviendas y, seguramente mañana o pasado serán más casas, viviendas las que destruyan, ya sea por negligencia o vandalismo, pero todo quedará en el olvido o en un simple reclamo fugaz en redes sociales. (O)