El derecho a la ciudad

El concepto de derecho a la ciudad no es novedoso, pero está plenamente vigente. Hablar del derecho a la ciudad lleva inevitablemente a una lucha por la definición y las prioridades de esos derechos, y por la ciudad en su conjunto. También involucra otra gran reivindicación de los siglos XX y XXI, la integración de las luchas por la producción y reproducción.
Los recursos naturales, económicos y sociales son apropiados día a día por una lógica de consumo salvaje. La vida cotidiana en las ciudades del mundo es difícil y compleja para las mayorías. Entonces, el derecho a la ciudad bien podría ser un motor para respuestas alternativas y espacios de transformación social.
El ejercicio del derecho a la ciudad, como proyecto político, no es abstracto, es un reclamo de la vida urbana con el fin de complacer toda la variedad de valores de uso, recuperando la vida cotidiana y poniendo la sostenibilidad de la vida misma como centro de toda política.
Es una apuesta por democratizar la vida urbana, cuyo devenir en la concreción de derechos dependerá de las dinámicas sociales, políticas y culturales. El derecho a la ciudad funciona como un impulsor de experiencias que se edifican como espacios de oportunidad desde el hacer, como característica de los seres vivos.
Que la ciudades pongan en el centro la vida es uno de los grandes retos que tenemos como sociedad. Deberíamos asumir la interdependencia, incluyendo las necesidades múltiples y expectativas vitales de las personas, sin jerarquizar.
Se trata de construir una ciudad en la que se pueda vivir dignamente, sentirse parte de ella y tener acceso a recursos como trabajo, vivienda, centros de salud, escuelas, espacios de ocio, etc. (O)
El derecho a la ciudad bien podría ser un motor para respuestas alternativas y espacios de transformación social.

El derecho a la ciudad

El concepto de derecho a la ciudad no es novedoso, pero está plenamente vigente. Hablar del derecho a la ciudad lleva inevitablemente a una lucha por la definición y las prioridades de esos derechos, y por la ciudad en su conjunto. También involucra otra gran reivindicación de los siglos XX y XXI, la integración de las luchas por la producción y reproducción.
Los recursos naturales, económicos y sociales son apropiados día a día por una lógica de consumo salvaje. La vida cotidiana en las ciudades del mundo es difícil y compleja para las mayorías. Entonces, el derecho a la ciudad bien podría ser un motor para respuestas alternativas y espacios de transformación social.
El ejercicio del derecho a la ciudad, como proyecto político, no es abstracto, es un reclamo de la vida urbana con el fin de complacer toda la variedad de valores de uso, recuperando la vida cotidiana y poniendo la sostenibilidad de la vida misma como centro de toda política.
Es una apuesta por democratizar la vida urbana, cuyo devenir en la concreción de derechos dependerá de las dinámicas sociales, políticas y culturales. El derecho a la ciudad funciona como un impulsor de experiencias que se edifican como espacios de oportunidad desde el hacer, como característica de los seres vivos.
Que la ciudades pongan en el centro la vida es uno de los grandes retos que tenemos como sociedad. Deberíamos asumir la interdependencia, incluyendo las necesidades múltiples y expectativas vitales de las personas, sin jerarquizar.
Se trata de construir una ciudad en la que se pueda vivir dignamente, sentirse parte de ella y tener acceso a recursos como trabajo, vivienda, centros de salud, escuelas, espacios de ocio, etc. (O)
El derecho a la ciudad bien podría ser un motor para respuestas alternativas y espacios de transformación social.