El cierre de un ciclo

Marcelo Cabrera se despide hoy de la Alcaldía de Cuenca con la promesa de no dejar la política. Sus declaraciones en una entrevista a este medio dan a entender que escribe un punto final a su ciclo en la administración local, pero abre la posibilidad de buscar nuevos retos en dignidades de carácter nacional.
Marcelo Cabrera volvió hace cinco años a la Alcaldía con una victoria que sabía a revancha. Le ganó la contienda a Paúl Granda, con quien había perdido su primer intento de reelección en el 2009. Los primeros años de su administración reflejaron esa rivalidad: Cabrera cuestionó cada vez que tuvo ocasión la gestión de su antecesor, mientras intentaba hallar una solución a una obra que, en campaña, no había sido su prioridad: el tranvía.

El nuevo sistema de movilidad terminó absorbiéndolo. Tanto que sus propios proyectos quedaron pausados. Su oferta bandera, construir una nueva circunvalación, no prosperó. Las otras ofertas de campaña tienen sus matices, unas quedaron a medio camino: construyó dos de los cuatro megaparques del proyecto inicial, entregó 600 de 5.000 viviendas; otras quedaron en intenciones, como el mercado mayorista. También le queda la frustración de no haber podido inaugurar el tranvía.  Tiene a su favor haber intervenido, al fin, la plaza San Francisco, implementado el sistema de bicicleta pública, mejorado el índice de áreas verdes de la ciudad e implementado una serie de iniciativas en el área social.


En la actuación política, el alcalde saliente siempre evitó mostrar una posición respecto al Gobierno nacional e intentó mantener una buena relación.
El espacio queda corto para un análisis más profundo, que es necesario hacerlo. Evaluar a nuestras autoridades debería ser una práctica constante, no solo de los políticos y los medios de comunicación, también de los ciudadanos. El voto conlleva una responsabilidad y debería ser nuestra obligación mirar años después si la confianza puesta en las urnas tuvo o no la respuesta que esperábamos. (O)
Evaluar a nuestras autoridades debería ser
una práctica constante de todos: políticos, medios y ciudadanía.

El cierre de un ciclo

Marcelo Cabrera se despide hoy de la Alcaldía de Cuenca con la promesa de no dejar la política. Sus declaraciones en una entrevista a este medio dan a entender que escribe un punto final a su ciclo en la administración local, pero abre la posibilidad de buscar nuevos retos en dignidades de carácter nacional.
Marcelo Cabrera volvió hace cinco años a la Alcaldía con una victoria que sabía a revancha. Le ganó la contienda a Paúl Granda, con quien había perdido su primer intento de reelección en el 2009. Los primeros años de su administración reflejaron esa rivalidad: Cabrera cuestionó cada vez que tuvo ocasión la gestión de su antecesor, mientras intentaba hallar una solución a una obra que, en campaña, no había sido su prioridad: el tranvía.

El nuevo sistema de movilidad terminó absorbiéndolo. Tanto que sus propios proyectos quedaron pausados. Su oferta bandera, construir una nueva circunvalación, no prosperó. Las otras ofertas de campaña tienen sus matices, unas quedaron a medio camino: construyó dos de los cuatro megaparques del proyecto inicial, entregó 600 de 5.000 viviendas; otras quedaron en intenciones, como el mercado mayorista. También le queda la frustración de no haber podido inaugurar el tranvía.  Tiene a su favor haber intervenido, al fin, la plaza San Francisco, implementado el sistema de bicicleta pública, mejorado el índice de áreas verdes de la ciudad e implementado una serie de iniciativas en el área social.


En la actuación política, el alcalde saliente siempre evitó mostrar una posición respecto al Gobierno nacional e intentó mantener una buena relación.
El espacio queda corto para un análisis más profundo, que es necesario hacerlo. Evaluar a nuestras autoridades debería ser una práctica constante, no solo de los políticos y los medios de comunicación, también de los ciudadanos. El voto conlleva una responsabilidad y debería ser nuestra obligación mirar años después si la confianza puesta en las urnas tuvo o no la respuesta que esperábamos. (O)
Evaluar a nuestras autoridades debería ser
una práctica constante de todos: políticos, medios y ciudadanía.