De la protesta al vandalismo

En los últimos días se registraron protestas ante las medidas económicas anunciadas por el Gobierno, esto desencadeno enfrentamientos entre los protestantes y las instituciones de control, registrándose daños a los bienes públicos.


Una cosa es protestar y expresar su desacuerdo con las medidas tomadas y buscar un consenso para ambos bandos, pero otra es llegar a la agresión, atacar al prójimo y destruir los bienes ajenos.


Con sorpresa se observó como ciertos manifestantes destruyeron parte de calzada y veredas para utilizar las piedras y cerámicas como proyectiles; la destrucción de los ventanales de una institución bancaria e incluso el ataque a una ambulancia de la Cruz Roja.


Sin duda, vándalos disfrazados de protestantes, se aprovecharon del tumulto para agredir y causa daño a los bienes públicos.  Cómo justificar que se intentes violar las seguridades de las bicicletas públicas, se las pintó, se dañaron las llantas.


Alardeamos de vivir en la ciudad más culta del país, pero existen aquellos que escudados en la protesta y con el rostro cubierto, buscan la manera de causar daño y destruir los bienes que pertenecen a todos los cuencanos.


Afortunadamente,  el número de vándalos es menor y entre ese grupo de personas destructoras, existe quienes se preocupan por la ciudad y, en medio de la protesta, se preocupan por la seguridad de terceros e incluso de los bienes públicos.


Existe una pequeña línea que divide la rebeldía del vandalismo.  Todos tenemos derecho a expresar nuestra inconformidad, pero existen formas y modos; no se puede ni debe permitir actos de violencia o vandálicos. (O)

De la protesta al vandalismo

En los últimos días se registraron protestas ante las medidas económicas anunciadas por el Gobierno, esto desencadeno enfrentamientos entre los protestantes y las instituciones de control, registrándose daños a los bienes públicos.


Una cosa es protestar y expresar su desacuerdo con las medidas tomadas y buscar un consenso para ambos bandos, pero otra es llegar a la agresión, atacar al prójimo y destruir los bienes ajenos.


Con sorpresa se observó como ciertos manifestantes destruyeron parte de calzada y veredas para utilizar las piedras y cerámicas como proyectiles; la destrucción de los ventanales de una institución bancaria e incluso el ataque a una ambulancia de la Cruz Roja.


Sin duda, vándalos disfrazados de protestantes, se aprovecharon del tumulto para agredir y causa daño a los bienes públicos.  Cómo justificar que se intentes violar las seguridades de las bicicletas públicas, se las pintó, se dañaron las llantas.


Alardeamos de vivir en la ciudad más culta del país, pero existen aquellos que escudados en la protesta y con el rostro cubierto, buscan la manera de causar daño y destruir los bienes que pertenecen a todos los cuencanos.


Afortunadamente,  el número de vándalos es menor y entre ese grupo de personas destructoras, existe quienes se preocupan por la ciudad y, en medio de la protesta, se preocupan por la seguridad de terceros e incluso de los bienes públicos.


Existe una pequeña línea que divide la rebeldía del vandalismo.  Todos tenemos derecho a expresar nuestra inconformidad, pero existen formas y modos; no se puede ni debe permitir actos de violencia o vandálicos. (O)