¡Cuidado!

Visto

Entre los fuertes compromisos asumidos por nuestro país con el Fondo Monetario Internacional está la reforma laboral. Se sostiene que el enorme desempleo y la in-competitividad se deben a los elevados costos salariales. Que, por lo tanto, se dice que hay que bajar los salarios para recuperar competitividad y generar empleo digno y estable.


El mecanismo pasaría por una reforma profunda del Código del Trabajo de manera que se abarate y se facilite tanto la incorporación como el despido de trabajadores. Se pretende, ente otras cosas: abrir la contratación por horas, ampliar la jornada laboral diaria y semanal sin reconocer ningún pago extra (hasta 12 horas diarias durante 6 días semanales) establecer los contratos de prueba por 36 meses, eliminar la jubilación patronal, permitir con toda amplitud la contratación temporal y ocasional. Se argumenta que se respetarían los derechos laborales intangibles ya adquiridos por los trabajadores que hoy están amparados por el Código del Trabajo. Que estos cambios “solamente” regirían para los nuevos trabajadores. Más allá de la impertinencia social y grave retroceso en materia de derechos, es claro que la discriminación entre trabajadores “viejos” y trabajadores “nuevos” viola flagrantemente la Constitución de la República. Uno de los principios fundamentales de la Constitución es el de la IGUALDAD ANTE LA CONSTITUCIÓN Y LA LEY. Además, hay que recordar aquel reiterado principio que exige a igual trabajo igual remuneración. No se puede ocultar la realidad económica del Ecuador de hoy: estamos atravesando por un largo momento de recesión productiva y desempleo. La vía del recorte salarial y de los derechos de los trabajadores y la precarización laboral, asoma como la más fácil, sobre todo en condiciones de serias debilidades de la organización sindical. Ya es hora que el empresariado vuelva los ojos a la productividad basada en la innovación y conocimiento tecnológico.
Además, es indispensable comprender que asistimos a una fuerte contracción de la demanda agregada (tanto por el recorte del gasto e inversión pública como por el desempleo). Al disminuir los salarios reales, la demanda agregada se contrae aún más. Hace falta un pacto social por el trabajo y el empleo con la única condición: ¡ No a la precarización laboral ! para ningún trabajador, ni “antiguo” ni “nuevo”. (O)


No se puede ocultar la realidad: Estamos atravesando por un largo momento de recesión productiva y desempleo.

¡Cuidado!

Entre los fuertes compromisos asumidos por nuestro país con el Fondo Monetario Internacional está la reforma laboral. Se sostiene que el enorme desempleo y la in-competitividad se deben a los elevados costos salariales. Que, por lo tanto, se dice que hay que bajar los salarios para recuperar competitividad y generar empleo digno y estable.


El mecanismo pasaría por una reforma profunda del Código del Trabajo de manera que se abarate y se facilite tanto la incorporación como el despido de trabajadores. Se pretende, ente otras cosas: abrir la contratación por horas, ampliar la jornada laboral diaria y semanal sin reconocer ningún pago extra (hasta 12 horas diarias durante 6 días semanales) establecer los contratos de prueba por 36 meses, eliminar la jubilación patronal, permitir con toda amplitud la contratación temporal y ocasional. Se argumenta que se respetarían los derechos laborales intangibles ya adquiridos por los trabajadores que hoy están amparados por el Código del Trabajo. Que estos cambios “solamente” regirían para los nuevos trabajadores. Más allá de la impertinencia social y grave retroceso en materia de derechos, es claro que la discriminación entre trabajadores “viejos” y trabajadores “nuevos” viola flagrantemente la Constitución de la República. Uno de los principios fundamentales de la Constitución es el de la IGUALDAD ANTE LA CONSTITUCIÓN Y LA LEY. Además, hay que recordar aquel reiterado principio que exige a igual trabajo igual remuneración. No se puede ocultar la realidad económica del Ecuador de hoy: estamos atravesando por un largo momento de recesión productiva y desempleo. La vía del recorte salarial y de los derechos de los trabajadores y la precarización laboral, asoma como la más fácil, sobre todo en condiciones de serias debilidades de la organización sindical. Ya es hora que el empresariado vuelva los ojos a la productividad basada en la innovación y conocimiento tecnológico.
Además, es indispensable comprender que asistimos a una fuerte contracción de la demanda agregada (tanto por el recorte del gasto e inversión pública como por el desempleo). Al disminuir los salarios reales, la demanda agregada se contrae aún más. Hace falta un pacto social por el trabajo y el empleo con la única condición: ¡ No a la precarización laboral ! para ningún trabajador, ni “antiguo” ni “nuevo”. (O)


No se puede ocultar la realidad: Estamos atravesando por un largo momento de recesión productiva y desempleo.

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