Contra la violencia política

Cuando termina un proceso electoral hay candidatos que, tras las disputas propias de los procesos políticos, se dan la mano o vuelven a dialogar sin tensión. Eso es una muestra de madurez política y es la actitud que debería primar. Hay muchos actos que son todo lo contrario y que, además, caen en denigrar al rival y es algo que nos revela como sociedad.
En los últimos días, la excandidata a la Prefectura, María Cecilia Alvarado, ha denunciado ser víctima de violencia política, una actitud que fue predominante en la última campaña electoral en contra de las mujeres. Lo vimos también cuando el expresidente Abdalá Bucaram denigró a mujeres candidatas al Consejo de Participación Ciudadana y Control Social. Hace un año, una concejala de Cuenca, Carolina Martínez, también denunció violencia política, ella fue agredida con insultos en redes sociales. Ellas no son las únicas ni las primeras en recibir este trato. La violencia de género en la política es una realidad y atenta a la democracia. Los expertos aseguran y los datos demuestran que muchas mujeres políticas son agredidas por su condición de mujeres, a pesar de que su presencia en esta área ha incrementado notablemente.
Muchos de las agresiones se manifiestan en redes sociales, lo que permite que se propaguen con facilidad, causando más daño. Y es peor cuando están sostenidas en el anonimato.
La violencia hacia la mujer política va más allá, es sistemática, empieza en el acceso a la participación política. Hay partidos que buscan a las mujeres solo para completar las listas y cumplir con el requisito de la paridad.
La violencia, en cualquiera de sus formas, debe ser rechazada y combatida. En el escenario político deben primar las ideas y las acciones. (O)
La violencia hacia la mujer política, en cualquiera de sus formas, debe ser rechazada y combatida.

Contra la violencia política

Cuando termina un proceso electoral hay candidatos que, tras las disputas propias de los procesos políticos, se dan la mano o vuelven a dialogar sin tensión. Eso es una muestra de madurez política y es la actitud que debería primar. Hay muchos actos que son todo lo contrario y que, además, caen en denigrar al rival y es algo que nos revela como sociedad.
En los últimos días, la excandidata a la Prefectura, María Cecilia Alvarado, ha denunciado ser víctima de violencia política, una actitud que fue predominante en la última campaña electoral en contra de las mujeres. Lo vimos también cuando el expresidente Abdalá Bucaram denigró a mujeres candidatas al Consejo de Participación Ciudadana y Control Social. Hace un año, una concejala de Cuenca, Carolina Martínez, también denunció violencia política, ella fue agredida con insultos en redes sociales. Ellas no son las únicas ni las primeras en recibir este trato. La violencia de género en la política es una realidad y atenta a la democracia. Los expertos aseguran y los datos demuestran que muchas mujeres políticas son agredidas por su condición de mujeres, a pesar de que su presencia en esta área ha incrementado notablemente.
Muchos de las agresiones se manifiestan en redes sociales, lo que permite que se propaguen con facilidad, causando más daño. Y es peor cuando están sostenidas en el anonimato.
La violencia hacia la mujer política va más allá, es sistemática, empieza en el acceso a la participación política. Hay partidos que buscan a las mujeres solo para completar las listas y cumplir con el requisito de la paridad.
La violencia, en cualquiera de sus formas, debe ser rechazada y combatida. En el escenario político deben primar las ideas y las acciones. (O)
La violencia hacia la mujer política, en cualquiera de sus formas, debe ser rechazada y combatida.