Campaña política en la recta final

Dos semanas es todo el tiempo que les queda a los candidatos a las elecciones seccionales para convencer al electorado de que son la mejor opción para dirigir los gobiernos autónomos, desde los más pequeños como las juntas parroquiales, pasando por las alcaldías, hasta las prefecturas del país. Pensando en la proximidad de este evento, el Consejo Nacional Electoral, CNE, efectuó ayer su primer simulacro, dando el primer repaso para dejar la casa lista con miras a recibir la fiesta democrática que se espera vivir el 24 de marzo.
Es poco el tiempo que le queda a la campaña, pero sin duda será el de las jornadas más largas e intensas. Las últimas elecciones a nivel local, nacional e internacional han dado muestra de que las encuestas fallan y hay un factor preponderante para que esto suceda: el alto número de votantes indecisos, electores que definen a quien le darán la confianza de su sufragio en los días previos o incluso el mismo día frente a la papeleta y a las urnas. La experiencia de los candidatos lo dice, la inexperiencia de quienes están por primera vez en una lid electoral lo deduce. La victoria se consigue en la recta final.
La campaña electoral no deja de ser una batalla, pero debe representar una batalla de ideas y argumentos en lugar de insultos y descréditos, una apuesta por dirigir los caminos de la sociedad desde los núcleos de la ciudad y de la provincia que debe tener como amuleto el ejemplo de ser buenos ciudadanos. Hacemos votos para que este concepto sea el que marque los últimos días de la campaña, que sean las propuestas el caballo de batalla de los candidatos, que los apasionamientos no terminen en enfrentamientos entre hermanos, que los postulantes a cada una de las dignidades tengan la altura y el respeto de ofrecer un combate limpio, que sean dos semanas de una fiesta que se viva en paz. (O)
La campaña electoral no deja de ser una batalla, pero representa un combate de ideas y argumentos, no de insultos.

Campaña política en la recta final

Dos semanas es todo el tiempo que les queda a los candidatos a las elecciones seccionales para convencer al electorado de que son la mejor opción para dirigir los gobiernos autónomos, desde los más pequeños como las juntas parroquiales, pasando por las alcaldías, hasta las prefecturas del país. Pensando en la proximidad de este evento, el Consejo Nacional Electoral, CNE, efectuó ayer su primer simulacro, dando el primer repaso para dejar la casa lista con miras a recibir la fiesta democrática que se espera vivir el 24 de marzo.
Es poco el tiempo que le queda a la campaña, pero sin duda será el de las jornadas más largas e intensas. Las últimas elecciones a nivel local, nacional e internacional han dado muestra de que las encuestas fallan y hay un factor preponderante para que esto suceda: el alto número de votantes indecisos, electores que definen a quien le darán la confianza de su sufragio en los días previos o incluso el mismo día frente a la papeleta y a las urnas. La experiencia de los candidatos lo dice, la inexperiencia de quienes están por primera vez en una lid electoral lo deduce. La victoria se consigue en la recta final.
La campaña electoral no deja de ser una batalla, pero debe representar una batalla de ideas y argumentos en lugar de insultos y descréditos, una apuesta por dirigir los caminos de la sociedad desde los núcleos de la ciudad y de la provincia que debe tener como amuleto el ejemplo de ser buenos ciudadanos. Hacemos votos para que este concepto sea el que marque los últimos días de la campaña, que sean las propuestas el caballo de batalla de los candidatos, que los apasionamientos no terminen en enfrentamientos entre hermanos, que los postulantes a cada una de las dignidades tengan la altura y el respeto de ofrecer un combate limpio, que sean dos semanas de una fiesta que se viva en paz. (O)
La campaña electoral no deja de ser una batalla, pero representa un combate de ideas y argumentos, no de insultos.