Caminar a ciegas por la ciudad

Vendarse los ojos y caminar por la ciudad. Parece una escena de la película ‘Bird Box: A ciegas’, una pesadilla para la superviviente Malorie (Sandra Bullock). La heroína confía en su instinto y en su oído para embarcarse en una odisea bastante predecible y sin sorpresas, con tal de sobrevivir. Pues, para las más de 2.700 personas no videntes de Cuenca nada es previsible en la ciudad. Aunque suene como insulto a su condición, deben “andar con cuatro ojos” por esta Cuenca hostil.
El sábado, en la maestría de Antropología de lo Contemporáneo parecía un simple ejercicio de clase: caminar desde la Universidad de Cuenca hasta el Banco Pichincha de la avenida Solano, con un antifaz tapando los ojos y con la mano apoyada en el hombro derecho de Anita, no vidente desde los ocho años. Anita lleva 29 años mostrando que la “humanidad se ha vuelto ciega”, como enuncia José Saramago en su ‘Ensayo sobre la ceguera’. Nada más acertado. Después de deambular media hora, muy tensa, experimenté que esta ciudad no quiere a los ciegos, ¡les coloca trabas! Desniveles en las aceras, alcantarillas sin tapar, falta de semáforos sonoros, conductores apurados, obstáculos en las veredas, ruido excesivo... En su cotidianidad están obligados a sortear miles de barreras arquitectónicas. Digamos que enfrentan desafíos, al igual que Sandra Bullock, pero... ¡sus retos no duran 124 minutos! Y ellos no quieren compasión, sino comprensión. Y no se rinden. Como Anita, los no videntes han encontrado una manera de salir de la ceguera, en una ciudad violenta, rompiendo los prejuicios de la sociedad actual. No necesitan la visión. Anita sueña con tener los brazos más largos para obtener mayor información de las cosas que le rodean, porque... de nada sirve tener ojos en una ciudad de ciegos. (O)
Como Anita, los no videntes han encontrado una manera de salir de la ceguera, en una ciudad violenta, rompiendo los prejuicios.

Caminar a ciegas por la ciudad

Vendarse los ojos y caminar por la ciudad. Parece una escena de la película ‘Bird Box: A ciegas’, una pesadilla para la superviviente Malorie (Sandra Bullock). La heroína confía en su instinto y en su oído para embarcarse en una odisea bastante predecible y sin sorpresas, con tal de sobrevivir. Pues, para las más de 2.700 personas no videntes de Cuenca nada es previsible en la ciudad. Aunque suene como insulto a su condición, deben “andar con cuatro ojos” por esta Cuenca hostil.
El sábado, en la maestría de Antropología de lo Contemporáneo parecía un simple ejercicio de clase: caminar desde la Universidad de Cuenca hasta el Banco Pichincha de la avenida Solano, con un antifaz tapando los ojos y con la mano apoyada en el hombro derecho de Anita, no vidente desde los ocho años. Anita lleva 29 años mostrando que la “humanidad se ha vuelto ciega”, como enuncia José Saramago en su ‘Ensayo sobre la ceguera’. Nada más acertado. Después de deambular media hora, muy tensa, experimenté que esta ciudad no quiere a los ciegos, ¡les coloca trabas! Desniveles en las aceras, alcantarillas sin tapar, falta de semáforos sonoros, conductores apurados, obstáculos en las veredas, ruido excesivo... En su cotidianidad están obligados a sortear miles de barreras arquitectónicas. Digamos que enfrentan desafíos, al igual que Sandra Bullock, pero... ¡sus retos no duran 124 minutos! Y ellos no quieren compasión, sino comprensión. Y no se rinden. Como Anita, los no videntes han encontrado una manera de salir de la ceguera, en una ciudad violenta, rompiendo los prejuicios de la sociedad actual. No necesitan la visión. Anita sueña con tener los brazos más largos para obtener mayor información de las cosas que le rodean, porque... de nada sirve tener ojos en una ciudad de ciegos. (O)
Como Anita, los no videntes han encontrado una manera de salir de la ceguera, en una ciudad violenta, rompiendo los prejuicios.