Azote de la violencia machista

Nuevamente el país presenció, a través de redes sociales, la muerte de una mujer en manos de su expareja, la segunda muerte pública de una mujer en menos de un mes. Esa escena, ocurrida en el sector de Pisulí, en Quito, provocó indignación e impotencia en la ciudadanía, además de un indescriptible dolor en su familia y allegados.
Según el relato, la mujer salió de su domicilio al mediodía del viernes y en la calle fue interceptada por su expareja, quien tras una discusión sacó un cuchillo y le provocó heridas en el tórax causándole la muerte en la vía pública y ante la mirada de sus vecinos y allegados. Tras el crimen, el sujeto intentó acabar con su vida propinándose a sí mismo cuatro puñaladas en el pecho. La Policía logró detenerlo y tras la audiencia de formulación de cargos se le dictó prisión preventiva.
La impotencia que ocasiona este crimen es mayor, porque desde el femicidio ocurrido en las calles de Ibarra y captado en video por ciudadanos de esa ciudad, hubo una cantidad importante de noticias en torno a la violencia de género y abusos sexuales, así como muertes, violaciones de mujeres, denuncias de abusos a niños en parroquias católicas. Una serie de noticias que provocan desazón en una sociedad que no alcanza a garantizar la seguridad de las mujeres y niños.
Esos hechos demuestran que la violencia de género es uno de los problemas más importantes de nuestra sociedad y uno de los temas en los que se debería trabajar con énfasis desde la formación de los jóvenes. Es esencial que aprendan a respetar a las mujeres en todos los aspectos y en cualquier situación.
Es mucho lo que logran hacer los movimientos feministas en pro de la defensa de los derechos de las mujeres, pero se trata de una tarea que no puede quedar solo en sus manos, sino se trata de una tarea conjunta de la sociedad, a la que se deben sumar distintos sectores, como el educativo, el Gobierno en la aplicación de políticas públicas y la sociedad en general, a través de la formación familiar y la difusión de valores como el respeto y la no violencia. (O)
El cambio en la cultura machista es una tarea de toda la sociedad y de varias instancias como: el activismo, la educación y el Gobierno.

Azote de la violencia machista

Nuevamente el país presenció, a través de redes sociales, la muerte de una mujer en manos de su expareja, la segunda muerte pública de una mujer en menos de un mes. Esa escena, ocurrida en el sector de Pisulí, en Quito, provocó indignación e impotencia en la ciudadanía, además de un indescriptible dolor en su familia y allegados.
Según el relato, la mujer salió de su domicilio al mediodía del viernes y en la calle fue interceptada por su expareja, quien tras una discusión sacó un cuchillo y le provocó heridas en el tórax causándole la muerte en la vía pública y ante la mirada de sus vecinos y allegados. Tras el crimen, el sujeto intentó acabar con su vida propinándose a sí mismo cuatro puñaladas en el pecho. La Policía logró detenerlo y tras la audiencia de formulación de cargos se le dictó prisión preventiva.
La impotencia que ocasiona este crimen es mayor, porque desde el femicidio ocurrido en las calles de Ibarra y captado en video por ciudadanos de esa ciudad, hubo una cantidad importante de noticias en torno a la violencia de género y abusos sexuales, así como muertes, violaciones de mujeres, denuncias de abusos a niños en parroquias católicas. Una serie de noticias que provocan desazón en una sociedad que no alcanza a garantizar la seguridad de las mujeres y niños.
Esos hechos demuestran que la violencia de género es uno de los problemas más importantes de nuestra sociedad y uno de los temas en los que se debería trabajar con énfasis desde la formación de los jóvenes. Es esencial que aprendan a respetar a las mujeres en todos los aspectos y en cualquier situación.
Es mucho lo que logran hacer los movimientos feministas en pro de la defensa de los derechos de las mujeres, pero se trata de una tarea que no puede quedar solo en sus manos, sino se trata de una tarea conjunta de la sociedad, a la que se deben sumar distintos sectores, como el educativo, el Gobierno en la aplicación de políticas públicas y la sociedad en general, a través de la formación familiar y la difusión de valores como el respeto y la no violencia. (O)
El cambio en la cultura machista es una tarea de toda la sociedad y de varias instancias como: el activismo, la educación y el Gobierno.