Ataque a Siria levanta tensiones

Este fin de semana, el Gobierno de Donald Trump encabezó una serie de bombardeos estratégicos en Siria, con el propósito –según dijo- de debilitar las posiciones del mandatario sirio Bachar Al Asad, a quien acusa de emplear armas químicas contra la población.
Esta operación encabezada por Estados Unidos contó con el respaldo de una coalición integrada por ese país, además de Gran Bretaña y Francia.
Según Trump, el ataque fue preciso, los misiles alcanzaron sus objetivos y no hay víctimas militares ni civiles qué lamentar, por lo que calificó a la operación como un éxito.
La madrugada del sábado, un total de 105 misiles fueron lanzados y el principal blanco fue el centro de investigación de Barzah, en las proximidades de la ciudad de Damasco, considerado el núcleo de la producción de armas químicas sirias y también fueron golpeados dos almacenes en Homs.
Sin embargo, más que la efectividad o no de la operación militar, el acto ha sido considerado por los expertos como un mensaje directo y provocativo hacia el presidente ruso Vladímir Putin, aliado del régimen sirio y con cuyo Gobierno la diplomacia estadounidense ha sostenido relaciones. Aunque también se considera que la acción envía un mensaje a los gobiernos de Irán y Corea del Norte.
De otro lado, aunque la acción estadounidense suena como un triunfo en occidente, solo se trata de una victoria política.
Tras siete años de guerra, con más de 10 millones de desplazados y más de medio millón de muertos, es claro que -en términos reales- ese ataque no aporta en sentido alguno a la paz en una región donde el conflicto parece enraizado. (O)

Tras siete años de guerra, más de 10 millones de desplazados y más de medio millón de muertos, ese ataque no aporta a la paz