Acciones contra la pederastia

Las cada vez más frecuentes denuncias de pederastia en contra de sacerdotes están sacudiendo a la Iglesia católica. Además de visibilizar los casos y buscar la justicia, las víctimas han insistido en algo que es esencial para evitar que estos hechos se vuelvan a repetir: una actitud severa de la Iglesia con la pederastia y que demuestre su compromiso con las víctimas.
Ayer, a través de una Carta Apostólica, el papa Francisco decretó normas más estrictas que obligan a los sacerdotes y religiosos a señalar cualquier sospecha de acoso o agresión sexual.
El documento obligará a todos los miembros del clero a informar de todas las situaciones en las que se “obliga a alguien, con violencia o amenaza o mediante abuso de autoridad, a realizar o sufrir actos sexuales”.
También regula los encubrimientos de las denuncias dentro de la Iglesia y exige la creación de un sistema accesible a cualquier persona que quiera realizar una denuncia en este sentido, y que sea capaz de proporcionar protección y asistencia a los denunciantes.    
Esas medidas se tornan importantes si consideramos que por décadas este delito ha sido encubierto y el propio Vaticano lo ha admitido. Callar los abusos sexuales de los sacerdotes no solo ha impedido que se haga justicia, también ha permitido que los abusos se sigan cometiendo.  En todos los casos que se han descubierto en diferentes partes del mundo, incluyendo Ecuador, la jerarquía eclesiástica actuó de la misma forma, encubriendo a los culpables. Es por ello que el llamado del papa Francisco debe convertirse en un mandato. Las diócesis tienen un año para  abrir cauces a los afectados y los arzobispos tienen la obligación de investigar aquellas causas que implican a los prelados. La tarea puede ser larga, es momento de empezar. (O)
El papa Francisco decretó normas más estrictas para evitar los abusos sexuales en la Iglesia, es el momento de actuar.

Acciones contra la pederastia

Las cada vez más frecuentes denuncias de pederastia en contra de sacerdotes están sacudiendo a la Iglesia católica. Además de visibilizar los casos y buscar la justicia, las víctimas han insistido en algo que es esencial para evitar que estos hechos se vuelvan a repetir: una actitud severa de la Iglesia con la pederastia y que demuestre su compromiso con las víctimas.
Ayer, a través de una Carta Apostólica, el papa Francisco decretó normas más estrictas que obligan a los sacerdotes y religiosos a señalar cualquier sospecha de acoso o agresión sexual.
El documento obligará a todos los miembros del clero a informar de todas las situaciones en las que se “obliga a alguien, con violencia o amenaza o mediante abuso de autoridad, a realizar o sufrir actos sexuales”.
También regula los encubrimientos de las denuncias dentro de la Iglesia y exige la creación de un sistema accesible a cualquier persona que quiera realizar una denuncia en este sentido, y que sea capaz de proporcionar protección y asistencia a los denunciantes.    
Esas medidas se tornan importantes si consideramos que por décadas este delito ha sido encubierto y el propio Vaticano lo ha admitido. Callar los abusos sexuales de los sacerdotes no solo ha impedido que se haga justicia, también ha permitido que los abusos se sigan cometiendo.  En todos los casos que se han descubierto en diferentes partes del mundo, incluyendo Ecuador, la jerarquía eclesiástica actuó de la misma forma, encubriendo a los culpables. Es por ello que el llamado del papa Francisco debe convertirse en un mandato. Las diócesis tienen un año para  abrir cauces a los afectados y los arzobispos tienen la obligación de investigar aquellas causas que implican a los prelados. La tarea puede ser larga, es momento de empezar. (O)
El papa Francisco decretó normas más estrictas para evitar los abusos sexuales en la Iglesia, es el momento de actuar.