Esteban Solano, el cuencano que domina las cumbres

Con 30 años, Esteban Solano, quién decidió ir a estudiar en Quito, al pie del Ruco Pichincha, encontró el gusto por escalar las montañas.

En Cuenca, su ciudad natal, desde pequeño visitaba el Parque Nacional Cajas, cada fin de semana caminaba y corría con sus amigos
Escalaba los muros de las casas, paseaba en su bicicleta por todos los rincones de Cuenca.

Pero nada era suficiente, siempre quería más. Los fines de semana eran muy cortos, por lo que cuando no estudiaba se perdía por los bosques cercano de su casa.

A sus 15 años conoció el muro de escalada de la Federación Deportiva del Azuay y decidió entrenar. “En el muro era más técnica, me enseñaron a hacer nudos, a usar las cuerdas, los arnés y otros implementos. Sin duda, eso me ayudó mucho ya que el trepar montañas implica muchos factores, uno de esos es la técnica”, recalca.

Al terminar la universidad y convertirse en diseñador gráfico, después de un tiempo decide ir a continuar con sus estudios es la Quito, donde al poco tiempo y luego de despertarse todos los días y ver por la ventaja de su casa al Ruco Pichincha, nuevamente le entró el gusto por la aventura.

Un fin de semana decidió ir a correr en las faldas de la montaña. Empezaron los entrenamientos para lograr el ascenso al Ruco Pichincha y desde la cumbre misma observó el volcán Cotopaxi, siendo ese instante donde nació el sueño por ascender.

Comenta que empezó a entrenar y prepararse para hacer su primer ascenso y cuando estuvo listo el volcán erupcionó, las autoridades cerraron el parque y prohíben las subidas, pero como ya estuvo listo junto a un amigo deciden trepar el Cayambe, una montaña de 5.790 metros de altitud.

Por primera vez utilizó los crampones, y otros instrumentos de montañismo. “Estuve con todos los ánimos. Nos tomó seis horas llegar a la cumbre, una cima inmensa donde fácilmente entra un estadio de fútbol”, cuenta, sin embargo, recuerda que llegó el descenso, siendo ese el momento más crítico, pues ya había gastado todas las fuerzas en el ascenso.

Meses después, pese al miedo que te generó el primer ascenso y ya con más preparación decide ir al Antisana. Su tercera montaña fue el Illiniza Sur, considerado para él hasta ese entonces el cerro más complicado, ya que tiene una inclinación y el peligro de caer en una pendiente esta latente.

Casi un año después, el cuencano confiesa que abren el Cotopaxi, por lo que ese sueño que nació a su arribo a Quito estaba por hacerse realidad. El ascenso lo hizo un sábado y le tomó cuatro horas. Primer gran objetivo cumplido.

Tesis
A la par de su fanatismo por las montañas, en la universidad comenzaba a realizar la tesis, y esa pasión decide hacer un libro llamado “Por las rutas de alta montaña del Ecuador”.

Mientras se encaminaba en el proyecto se enteró que en el país existen dos clases de montañas: la media con una altura máxima de 5.000 metros y alta de 5.000 en adelante, siendo el Chimborazo la más alta, pues supera los 6.000.

A raíz de eso, Solano se pone un nuevo reto en su cabeza que es subir las 10 montañas más altas del país.

En su órbita estuvo el volcán Tungurahua, ascenso que inicia en el cantón Baños y a decir de él fue una escalada especial, ya que su superficie es caliente porque está en actividad. A pocos meses de cumplir 30 años, Esteban decide celebrar su onomástico en la cumbre del Chimborazo y así fue, pues ese día plantó su bandera en la cima de la montaña más alta del Ecuador.

Su siguiente objetivo era subir el Illiniza Norte y la semana anterior completó su octava cumbre al llegar a la punta del volcán Altar.

Para el próximo reto, ya que aún le faltan el Sangay y el Carihuairazo por escalar para cumplir su objetivo de las 10 montañas. (D)

Milton Rocano
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Esteban Solano, el cuencano que domina las cumbres

Con 30 años, Esteban Solano, quién decidió ir a estudiar en Quito, al pie del Ruco Pichincha, encontró el gusto por escalar las montañas.

En Cuenca, su ciudad natal, desde pequeño visitaba el Parque Nacional Cajas, cada fin de semana caminaba y corría con sus amigos
Escalaba los muros de las casas, paseaba en su bicicleta por todos los rincones de Cuenca.

Pero nada era suficiente, siempre quería más. Los fines de semana eran muy cortos, por lo que cuando no estudiaba se perdía por los bosques cercano de su casa.

A sus 15 años conoció el muro de escalada de la Federación Deportiva del Azuay y decidió entrenar. “En el muro era más técnica, me enseñaron a hacer nudos, a usar las cuerdas, los arnés y otros implementos. Sin duda, eso me ayudó mucho ya que el trepar montañas implica muchos factores, uno de esos es la técnica”, recalca.

Al terminar la universidad y convertirse en diseñador gráfico, después de un tiempo decide ir a continuar con sus estudios es la Quito, donde al poco tiempo y luego de despertarse todos los días y ver por la ventaja de su casa al Ruco Pichincha, nuevamente le entró el gusto por la aventura.

Un fin de semana decidió ir a correr en las faldas de la montaña. Empezaron los entrenamientos para lograr el ascenso al Ruco Pichincha y desde la cumbre misma observó el volcán Cotopaxi, siendo ese instante donde nació el sueño por ascender.

Comenta que empezó a entrenar y prepararse para hacer su primer ascenso y cuando estuvo listo el volcán erupcionó, las autoridades cerraron el parque y prohíben las subidas, pero como ya estuvo listo junto a un amigo deciden trepar el Cayambe, una montaña de 5.790 metros de altitud.

Por primera vez utilizó los crampones, y otros instrumentos de montañismo. “Estuve con todos los ánimos. Nos tomó seis horas llegar a la cumbre, una cima inmensa donde fácilmente entra un estadio de fútbol”, cuenta, sin embargo, recuerda que llegó el descenso, siendo ese el momento más crítico, pues ya había gastado todas las fuerzas en el ascenso.

Meses después, pese al miedo que te generó el primer ascenso y ya con más preparación decide ir al Antisana. Su tercera montaña fue el Illiniza Sur, considerado para él hasta ese entonces el cerro más complicado, ya que tiene una inclinación y el peligro de caer en una pendiente esta latente.

Casi un año después, el cuencano confiesa que abren el Cotopaxi, por lo que ese sueño que nació a su arribo a Quito estaba por hacerse realidad. El ascenso lo hizo un sábado y le tomó cuatro horas. Primer gran objetivo cumplido.

Tesis
A la par de su fanatismo por las montañas, en la universidad comenzaba a realizar la tesis, y esa pasión decide hacer un libro llamado “Por las rutas de alta montaña del Ecuador”.

Mientras se encaminaba en el proyecto se enteró que en el país existen dos clases de montañas: la media con una altura máxima de 5.000 metros y alta de 5.000 en adelante, siendo el Chimborazo la más alta, pues supera los 6.000.

A raíz de eso, Solano se pone un nuevo reto en su cabeza que es subir las 10 montañas más altas del país.

En su órbita estuvo el volcán Tungurahua, ascenso que inicia en el cantón Baños y a decir de él fue una escalada especial, ya que su superficie es caliente porque está en actividad. A pocos meses de cumplir 30 años, Esteban decide celebrar su onomástico en la cumbre del Chimborazo y así fue, pues ese día plantó su bandera en la cima de la montaña más alta del Ecuador.

Su siguiente objetivo era subir el Illiniza Norte y la semana anterior completó su octava cumbre al llegar a la punta del volcán Altar.

Para el próximo reto, ya que aún le faltan el Sangay y el Carihuairazo por escalar para cumplir su objetivo de las 10 montañas. (D)

Milton Rocano
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