Yachak transmite sus saberes ancestrales

Con una oración en lengua kichwa para invocar a los espíritus, a la Pacha Mama y al taita Inti, el yachak Segundo Manuel Tutagua da inicio a sus ceremonias de curación y de limpias.


“Indio de la selva amazónica” como orgulloso se denomina, el yachak dice que “nació con el don” para  aplicar la medicina tradicional, pues viene de una familia de shamanes.


“Nuestros abuelos y antepasados eran curanderos yachaks. Para diagnosticar ellos sabían ver en la orina, en el huevo, en el cuy, en la vela, y yo también sé eso, yo lo practicaba desde mi niñez”, asegura el taita.


El yachak, descendiente de la nacionalidad shuar, sabe el nombre de cada planta y su uso, así como la preparación de remedios naturales para  purificar el cuerpo, curar las dolencias, quitar las malas energías, curar los espantos, el mal aire, el mal de ojo.


En su trabajo utiliza la  ayahuasca, zaragoza, cochinilla, canchalagua, cascarilla, palo la cruz y sangre de drago, entre las innumerables plantas medicinales que tiene en su casa y las trae del Oriente a donde viaja constantemente.


Este legado de conocimientos y saberes, que Segundo Manuel Tutagua guarda de sus antepasados lo quiere proteger para sus futuras generaciones. Para ello, ha transmitido su sabiduría a su hijo Luis, quien a los 15 años se encaminó en el aprendizaje de la medicina ancestral.


Lo primero que aprendió Luis es a diagnosticar mediante el huevo, el cuy y la orina. “Hay que estar preparado emocional y  psicológicamente y tener fuerza porque sino uno se puede poner mal”, indica Luis, el menor de los ocho hijos de Segundo que se dedica a este oficio.


Para su trabajo, padre e hijo han implementado una especie de “farmacia” en su vivienda, ubicada en el barrio El Paraíso en la  vía a Mayancela. En un estante almacenan  más de 150 botellas  que contienen plantas curativas como gañal, escancel, canela, higo y salvia, entre otras. “De ahí tomamos lo que necesitamos para preparar la medicina, según lo que requiera la persona enferma”, indica Luis de 30 años.


Mientras el joven explica cómo se realiza una limpia, en una habitación adecuada para este fin en su casa, su hijo Ostin de tres años observa.
Con un atado de hierbas en mano, Luis empieza el trabajo. Silba y se mueve alrededor de la paciente pasando por todo el  cuerpo las plantas. Le sopla con agua florida y para terminar sopla fuerte sobre la cabeza de la mujer.  


Su hijo Ostin imita a su padre y Luis, señala que su pequeño ya sabe cómo se limpia a una persona, lo que garantiza la transmisión de saberes ancestrales para ser un yachak por herencia. (F)

Al final de la limpia se hace lo que los sabios llaman “descarga”
“Cuando se hace una limpia uno se cansa porque se transmite la enegía a las personas”, indica Luis. Por ello resalta que al final se efectúa lo que los yachak llaman “descarga” y que consiste en lavarse las manos, la cara y la cabeza con agua limpia. “Esto es para quedar otra vez con buena energía”, añade el joven, quien aprendió de su padre todo lo que sabe de la medicina ancestral.


“La persona necesita fuerza, energía de la Pacha Mama, de taita Inti, para transmitir esa fuerza a las personas que se encuentran mal o están enfermas, así le ayudamos a mantener el equilibrio con la fuerza espiritual ayudados también por todos los montes con los que trabajamos”.


Segundo Manuel Tutagua, resalta que es duro ser yachak, porque no se trata solo de conocer una planta, pues se debe saber su uso y sus propiedades curativa además hay que pasar duras pruebas.


“Hay que amanecer o anochecer en el agua, en el lodo, en el campo, caminar. Yo tengo 82 años y siento que me he de ir de este mundo entocnes ya queda mi hijo en este oficio”, concluye el sabio. (F)

Yachak transmite sus saberes ancestrales

Con una oración en lengua kichwa para invocar a los espíritus, a la Pacha Mama y al taita Inti, el yachak Segundo Manuel Tutagua da inicio a sus ceremonias de curación y de limpias.


“Indio de la selva amazónica” como orgulloso se denomina, el yachak dice que “nació con el don” para  aplicar la medicina tradicional, pues viene de una familia de shamanes.


“Nuestros abuelos y antepasados eran curanderos yachaks. Para diagnosticar ellos sabían ver en la orina, en el huevo, en el cuy, en la vela, y yo también sé eso, yo lo practicaba desde mi niñez”, asegura el taita.


El yachak, descendiente de la nacionalidad shuar, sabe el nombre de cada planta y su uso, así como la preparación de remedios naturales para  purificar el cuerpo, curar las dolencias, quitar las malas energías, curar los espantos, el mal aire, el mal de ojo.


En su trabajo utiliza la  ayahuasca, zaragoza, cochinilla, canchalagua, cascarilla, palo la cruz y sangre de drago, entre las innumerables plantas medicinales que tiene en su casa y las trae del Oriente a donde viaja constantemente.


Este legado de conocimientos y saberes, que Segundo Manuel Tutagua guarda de sus antepasados lo quiere proteger para sus futuras generaciones. Para ello, ha transmitido su sabiduría a su hijo Luis, quien a los 15 años se encaminó en el aprendizaje de la medicina ancestral.


Lo primero que aprendió Luis es a diagnosticar mediante el huevo, el cuy y la orina. “Hay que estar preparado emocional y  psicológicamente y tener fuerza porque sino uno se puede poner mal”, indica Luis, el menor de los ocho hijos de Segundo que se dedica a este oficio.


Para su trabajo, padre e hijo han implementado una especie de “farmacia” en su vivienda, ubicada en el barrio El Paraíso en la  vía a Mayancela. En un estante almacenan  más de 150 botellas  que contienen plantas curativas como gañal, escancel, canela, higo y salvia, entre otras. “De ahí tomamos lo que necesitamos para preparar la medicina, según lo que requiera la persona enferma”, indica Luis de 30 años.


Mientras el joven explica cómo se realiza una limpia, en una habitación adecuada para este fin en su casa, su hijo Ostin de tres años observa.
Con un atado de hierbas en mano, Luis empieza el trabajo. Silba y se mueve alrededor de la paciente pasando por todo el  cuerpo las plantas. Le sopla con agua florida y para terminar sopla fuerte sobre la cabeza de la mujer.  


Su hijo Ostin imita a su padre y Luis, señala que su pequeño ya sabe cómo se limpia a una persona, lo que garantiza la transmisión de saberes ancestrales para ser un yachak por herencia. (F)

Al final de la limpia se hace lo que los sabios llaman “descarga”
“Cuando se hace una limpia uno se cansa porque se transmite la enegía a las personas”, indica Luis. Por ello resalta que al final se efectúa lo que los yachak llaman “descarga” y que consiste en lavarse las manos, la cara y la cabeza con agua limpia. “Esto es para quedar otra vez con buena energía”, añade el joven, quien aprendió de su padre todo lo que sabe de la medicina ancestral.


“La persona necesita fuerza, energía de la Pacha Mama, de taita Inti, para transmitir esa fuerza a las personas que se encuentran mal o están enfermas, así le ayudamos a mantener el equilibrio con la fuerza espiritual ayudados también por todos los montes con los que trabajamos”.


Segundo Manuel Tutagua, resalta que es duro ser yachak, porque no se trata solo de conocer una planta, pues se debe saber su uso y sus propiedades curativa además hay que pasar duras pruebas.


“Hay que amanecer o anochecer en el agua, en el lodo, en el campo, caminar. Yo tengo 82 años y siento que me he de ir de este mundo entocnes ya queda mi hijo en este oficio”, concluye el sabio. (F)