Tradición alimenticia con más de 100 años

 Aurelio Pozo, de 71 años, es propietario de un antiguo molino que data de hace 150 años.
Las pesadas piedras que componen el molino son movidas por el paso del agua. En la foto, el cantón Chimbo.

Maíz, haba, arveja, cebada y otros cereales se trituran para obtener la harina.
Las harinas son el ingrediente base para preparar coladas, sopas, tortillas, pasteles y platos de consumo diario.


La conjunción de agua, cereales y piedra, pese a sus diferencias en forma, peso, textura y tonalidad, hace algunas décadas dieron paso a una tradición alimenticia muy popular en el país. Se trata de la elaboración de finas y nutritivas harinas, que se consiguen a partir de la molienda de granos, semillas y cereales propios de la región andina. La clave de esta actividad está en el abundante recurso hídrico que discurre por los gélidos afluentes de la alta montaña.


En Chimborazo, Cotopaxi, Tungurahua y Bolívar, entre otras provincias, hasta hace tres décadas, los molinos accionados por agua aún estaban en vigencia.
“Si bien hoy en día las harinas que consume la población urbana se producen en fábricas, nuestros abuelos las elaboraban en trituradoras de piedra. Estas antiguas herramientas consisten en dos redondas planchas de piedra, las cuales son movidas por la fuerza del agua de un río, y que han sido extraídas precisamente del lecho fluvial”, dijo Martín Alvarado, profesor de Guaranda.


A más del molino de piedra, la ‘aceña’ juega un papel fundamental para el funcionamiento del sistema de molturación de cereales. “Esta palabrita hace referencia a la rueda de madera o metal (turbina) con aspas, que inicialmente entra en contacto con el agua, gira sin cesar y activa el mecanismo. En la parte interna del habitáculo se instalan los rudimentarios recipientes, tanto para el grano entero como para los polvillos resultantes”, agregó Alvarado.
La familia Pozo-Mantilla del cantón Chimbo en la provincia de Bolívar mantiene la tradición de triturar especias en los emblemáticos molinos gracias a la fuerza del caudal en el río Guaranda. Este afluente proviene de los deshielos del volcán Chimborazo.


Las rocas y aceña de este molino tienen cerca de 150 años y han acompañado a varias generaciones de estenúcleo familiar. El propietario es Aurelio Pozo, de 71 años, quien recuerda que hace algunas décadas sus padres, tíos y abuelos transportaban cebada, trigo, maíz, habas y arveja desde lejanas comunidades.
El hombre cuenta que los polvillos eran claves en la alimentación de la Sierra central. Con ellos se preparaban coladas o sopas como el locro de bolas de maíz, que consiste en “masitas” de harina de maíz rellenas de queso, col y papas. “Otro de los productos que se elaboran hasta hoy es la harina de haba, para preparar con ella nutritivas sopas. (F)


Hoy la harina se produce en fábricas,  nuestros abuelos la obtenían triturando sobre la piedra”.
Martín Alvarado
Profesor de Guaranda.


Luego del demorado machacado, la harina era transportada en tiestos de barro a los mercados”.
Aurelio Pozo
Propietario de un molino en Bolívar.


Escobillas, sacos
de lona, paletas y cedazo eran los  implementos usados para recoger y empacar las finas harinas.


TRABAJO. Cebada tostada es uno de los granos que a diario se trituran en los antiguos molinos. Un dólar cuesta el uso de la herramienta por cada hora.
Método. Ante la disminución del caudal de los ríos, algunos de los 15 molinos en la provincia de Bolívar son accionados por el agua de acequias.
Historia. En Chimborazo, Cotopaxi, Tungurahua y Bolívar, hasta hace tres décadas, los molinos accionados por agua aún estaban en vigencia.


Los españoles tecnificaron
la molienda que se hacía
sobre morteros
Esta labor se perfeccionó con la llegada de los colonos españoles, portugueses e italianos a Sudamérica, a inicios del siglo XV. Si bien en el país ya se conocía y practicaba la molienda de granos, semillas, raíces y cortezas vegetales, entre otros productos, con pequeñas rocas sobre un mortero, la actividad se tecnificó con el sistema hídrico. La provincia de Bolívar es la que cuenta con el mayor número de molinos de agua en la Sierra centro, especialmente en los cantones Guaranda, Chimbo y San Miguel.


Norma Saltos y Esther Núñez, ambas de Chimbo, acuden tres veces por semana para elaborar máchica y harina de arveja, materias con las que preparan el desayuno y almuerzo de sus familiares. “Antes la molienda no tenía costo, pero hace algunos años los dueños decidieron cobrar para hacer mejoras y mantener en buen estado las piedras”, dijo Saltos.


El precio es significativo, continuó, pues las dos horas deuso del tradicional molino cuesta 2 dólares; si se pasa de ese tiempo cada hora adicional solo cuesta 30 centavos de dólar. (F)


Redacción El Telégrafo
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Tradición alimenticia con más de 100 años

 Aurelio Pozo, de 71 años, es propietario de un antiguo molino que data de hace 150 años.
Las pesadas piedras que componen el molino son movidas por el paso del agua. En la foto, el cantón Chimbo.

Maíz, haba, arveja, cebada y otros cereales se trituran para obtener la harina.
Las harinas son el ingrediente base para preparar coladas, sopas, tortillas, pasteles y platos de consumo diario.


La conjunción de agua, cereales y piedra, pese a sus diferencias en forma, peso, textura y tonalidad, hace algunas décadas dieron paso a una tradición alimenticia muy popular en el país. Se trata de la elaboración de finas y nutritivas harinas, que se consiguen a partir de la molienda de granos, semillas y cereales propios de la región andina. La clave de esta actividad está en el abundante recurso hídrico que discurre por los gélidos afluentes de la alta montaña.


En Chimborazo, Cotopaxi, Tungurahua y Bolívar, entre otras provincias, hasta hace tres décadas, los molinos accionados por agua aún estaban en vigencia.
“Si bien hoy en día las harinas que consume la población urbana se producen en fábricas, nuestros abuelos las elaboraban en trituradoras de piedra. Estas antiguas herramientas consisten en dos redondas planchas de piedra, las cuales son movidas por la fuerza del agua de un río, y que han sido extraídas precisamente del lecho fluvial”, dijo Martín Alvarado, profesor de Guaranda.


A más del molino de piedra, la ‘aceña’ juega un papel fundamental para el funcionamiento del sistema de molturación de cereales. “Esta palabrita hace referencia a la rueda de madera o metal (turbina) con aspas, que inicialmente entra en contacto con el agua, gira sin cesar y activa el mecanismo. En la parte interna del habitáculo se instalan los rudimentarios recipientes, tanto para el grano entero como para los polvillos resultantes”, agregó Alvarado.
La familia Pozo-Mantilla del cantón Chimbo en la provincia de Bolívar mantiene la tradición de triturar especias en los emblemáticos molinos gracias a la fuerza del caudal en el río Guaranda. Este afluente proviene de los deshielos del volcán Chimborazo.


Las rocas y aceña de este molino tienen cerca de 150 años y han acompañado a varias generaciones de estenúcleo familiar. El propietario es Aurelio Pozo, de 71 años, quien recuerda que hace algunas décadas sus padres, tíos y abuelos transportaban cebada, trigo, maíz, habas y arveja desde lejanas comunidades.
El hombre cuenta que los polvillos eran claves en la alimentación de la Sierra central. Con ellos se preparaban coladas o sopas como el locro de bolas de maíz, que consiste en “masitas” de harina de maíz rellenas de queso, col y papas. “Otro de los productos que se elaboran hasta hoy es la harina de haba, para preparar con ella nutritivas sopas. (F)


Hoy la harina se produce en fábricas,  nuestros abuelos la obtenían triturando sobre la piedra”.
Martín Alvarado
Profesor de Guaranda.


Luego del demorado machacado, la harina era transportada en tiestos de barro a los mercados”.
Aurelio Pozo
Propietario de un molino en Bolívar.


Escobillas, sacos
de lona, paletas y cedazo eran los  implementos usados para recoger y empacar las finas harinas.


TRABAJO. Cebada tostada es uno de los granos que a diario se trituran en los antiguos molinos. Un dólar cuesta el uso de la herramienta por cada hora.
Método. Ante la disminución del caudal de los ríos, algunos de los 15 molinos en la provincia de Bolívar son accionados por el agua de acequias.
Historia. En Chimborazo, Cotopaxi, Tungurahua y Bolívar, hasta hace tres décadas, los molinos accionados por agua aún estaban en vigencia.


Los españoles tecnificaron
la molienda que se hacía
sobre morteros
Esta labor se perfeccionó con la llegada de los colonos españoles, portugueses e italianos a Sudamérica, a inicios del siglo XV. Si bien en el país ya se conocía y practicaba la molienda de granos, semillas, raíces y cortezas vegetales, entre otros productos, con pequeñas rocas sobre un mortero, la actividad se tecnificó con el sistema hídrico. La provincia de Bolívar es la que cuenta con el mayor número de molinos de agua en la Sierra centro, especialmente en los cantones Guaranda, Chimbo y San Miguel.


Norma Saltos y Esther Núñez, ambas de Chimbo, acuden tres veces por semana para elaborar máchica y harina de arveja, materias con las que preparan el desayuno y almuerzo de sus familiares. “Antes la molienda no tenía costo, pero hace algunos años los dueños decidieron cobrar para hacer mejoras y mantener en buen estado las piedras”, dijo Saltos.


El precio es significativo, continuó, pues las dos horas deuso del tradicional molino cuesta 2 dólares; si se pasa de ese tiempo cada hora adicional solo cuesta 30 centavos de dólar. (F)


Redacción El Telégrafo
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