El arte del tejido de totora se mantiene en Paccha

En este poblado de carreteras lastradas, ubicado al sureste de Cuenca, las familias tejen y elaboran productos como esteras, abanicos, canastos y adornos para el hogar. En estos días, la familia Sárate está dedicada a tejer un pedido de sombreros para los danzantes de las fiestas de Carnaval.
Animales, adornos y otros objetosde totora son elaborados por los artesanos de Paccha, parroquia ubicada el sureste de Cuenca. Patricia Naula Herembás

El olor a totora impregna la casa de Jazmín Sárate. En una de las habitaciones ella trabaja junto a sus hermanos entrelazando esta fibra con la que hacen las tradicionales esteras y sombreros.


En las afueras de la casa se observan apilados y puestos al sol varios atados de totora, que la trabajan con herramientas sencillas como un bolillo, una horma, moldes y una piedra redonda y lisa que cabe en la palma de la mano, con la cual se chanca la totora para obtener un tejido firme.
En el sector Auzhangata, en la parroquia Paccha, los menores aprenden a tejer desde los 10 años. Jazmín aprendió este oficio de su madre, quien a su vez lo aprendió de la suya. “Esto viene por generaciones”, dice Jazmín y cuenta que sus abuelas paterna y materna, aún tejen, “les han enseñado a todos sus hijos y ahora enseñan a sus nietos”.


El proceso empieza con la cortada y recogida de la totora. “Buscamos una laguna, hacemos el negocio de compra y vemos a la gente para el trabajo. Aquí (en Paccha) como todos trabajamos en esto, nos organizamos y vamos a cortar y acarrear. Se da la chala, se dice ‘el me ayudó con voluntad, yo no le puedo pagar, entonces le doy en totora’, para todos es mejor, porque todos tejemos”, dice Jazmín.


De una laguna grande se obtienen entre 200 y 300 atados, mientras que de una pequeña salen unos 50. Estos atados se los coloca al sol para su secado, lo cual tarda hasta un mes, dependiendo del clima. “Cuando hace un lindo sol, en una semana ya está”.


La totora es guardada en una bodega para mantenerla seca, la clasifican por tamaños para facilitar su uso al momento de tejer.
“Cuando vamos a hacer esteras escogemos la totora más grande, en cambio para los sombreros, es más pequeña”, dice Jazmín, quien en esta época esta dedicada junto a su familia a tejer los  sombreros para Carnaval, que poseen un ‘cachito’ en la parte superior y se utilizan para los bailes en pueblos de los alrededores.


En un bolillo, de esos de hacer las tortillas, Jazmín empieza el tejido del sombrero por el ‘cachito’. “Cuando termino el cachito pongo el tejido en la horma para hacer la cabeza, cuando acabo, sacó la horma, tiendo en el suelo y empiezo a hacer la falda del sombrero, tan grande como pidan los clientes. Estos sombreros son para un grupo de danza, para el Carnaval”, recalca.


La destreza permite a los artesanos tejer hasta cuatro sombreros en un día. “Mi hermano Galo, en todo el día, ahí sentado, hace cuatro sombreros. Como ser las esteras de dos plazas, hace unas dos, desde las seis de la mañana hasta la tarde, pero el tiempo que nos demoremos siempre depende del porte del producto que nos manden hacer”, subraya. Cada sombrero es vendido luego en 10 dólares.


La casa donde trabaja Jazmín es una prueba de los tiempos cambiantes. Tejen los productos tradicionales como aventadores, esteras, sombreros, canastos de todo tamaño, pero ahora también hacen toda clase de animales, desde tortugas, pescados, llamas, chanchos, hasta dinosaurios.
También hacen campanas, tapetes, individuales, forros para las ollas y portabotellas.  “Mi hermano se habilita para hacer, él es el único de la familia que hace figuras y el resto hace lo de siempre”, dice.


En Auzhangata, la familia de Lucía Sárate también se dedica al tejido de totora. En el piso de su vivienda de adobe entrelaza las fibras para hacer esteras. Con una piedra redonda golpea constantemente el tejido para obtener un lienzo plano y uniforme. Indica que la manera de tejer depende de cómo se acomode cada quien. “Hay quienes tejen sentados, otros de rodillas. Todo depende de la comodidad, como uno esté más cómodo para poder trabajar durante más tiempo”, señala Lucía.


En su familia, como en todas las del sector, esta tradición se ha transmitido por generaciones, la combinan con las labores del hogar, pues es una de las principales actividades económicas.


Lucía tiene 39 años y aprendió a tejer a los 10. Sin quitar la mirada del tejido, explica que Carnaval y Semana Santa son las épocas en las que más se vende porque elaboran los ramos con totora y las cruces adornadas con flores. (F)


Mis abuelas les han enseñado a tejer a
sus hijos y ahora les enseñan a sus nietos”
Jazmín Sárate
Tejedora de totora.


Unos tejen sentados, otros de rodillas. Depende de cómo se acomode cada uno”
Lucía Sárate


Tejedora de totora.
fibra. Los artesanos de Paccha obtiene la totora de la laguna de Biola que queda por el sector, aunque también van a El Valle y a Cochapamba.
procedimiento. Una vez cortada la totora se la pone a secar al sol, con lo que adquiere una tonalidad amarilla. Luego se la guarda clasificada por tamaño.
Historia. La utilización de la totora data de la época prehispánica, cuando empleaban las esteras como cama y como mantel para servir los alimentos.
10
dólares cuesta un sombrero que se teje para Carnaval.
La totora puede medir hasta 3 metros. Se la corta con la
hoz, ingresando a la laguna con cuidado
si es profunda.

El arte del tejido de totora se mantiene en Paccha

Animales, adornos y otros objetosde totora son elaborados por los artesanos de Paccha, parroquia ubicada el sureste de Cuenca. Patricia Naula Herembás

El olor a totora impregna la casa de Jazmín Sárate. En una de las habitaciones ella trabaja junto a sus hermanos entrelazando esta fibra con la que hacen las tradicionales esteras y sombreros.


En las afueras de la casa se observan apilados y puestos al sol varios atados de totora, que la trabajan con herramientas sencillas como un bolillo, una horma, moldes y una piedra redonda y lisa que cabe en la palma de la mano, con la cual se chanca la totora para obtener un tejido firme.
En el sector Auzhangata, en la parroquia Paccha, los menores aprenden a tejer desde los 10 años. Jazmín aprendió este oficio de su madre, quien a su vez lo aprendió de la suya. “Esto viene por generaciones”, dice Jazmín y cuenta que sus abuelas paterna y materna, aún tejen, “les han enseñado a todos sus hijos y ahora enseñan a sus nietos”.


El proceso empieza con la cortada y recogida de la totora. “Buscamos una laguna, hacemos el negocio de compra y vemos a la gente para el trabajo. Aquí (en Paccha) como todos trabajamos en esto, nos organizamos y vamos a cortar y acarrear. Se da la chala, se dice ‘el me ayudó con voluntad, yo no le puedo pagar, entonces le doy en totora’, para todos es mejor, porque todos tejemos”, dice Jazmín.


De una laguna grande se obtienen entre 200 y 300 atados, mientras que de una pequeña salen unos 50. Estos atados se los coloca al sol para su secado, lo cual tarda hasta un mes, dependiendo del clima. “Cuando hace un lindo sol, en una semana ya está”.


La totora es guardada en una bodega para mantenerla seca, la clasifican por tamaños para facilitar su uso al momento de tejer.
“Cuando vamos a hacer esteras escogemos la totora más grande, en cambio para los sombreros, es más pequeña”, dice Jazmín, quien en esta época esta dedicada junto a su familia a tejer los  sombreros para Carnaval, que poseen un ‘cachito’ en la parte superior y se utilizan para los bailes en pueblos de los alrededores.


En un bolillo, de esos de hacer las tortillas, Jazmín empieza el tejido del sombrero por el ‘cachito’. “Cuando termino el cachito pongo el tejido en la horma para hacer la cabeza, cuando acabo, sacó la horma, tiendo en el suelo y empiezo a hacer la falda del sombrero, tan grande como pidan los clientes. Estos sombreros son para un grupo de danza, para el Carnaval”, recalca.


La destreza permite a los artesanos tejer hasta cuatro sombreros en un día. “Mi hermano Galo, en todo el día, ahí sentado, hace cuatro sombreros. Como ser las esteras de dos plazas, hace unas dos, desde las seis de la mañana hasta la tarde, pero el tiempo que nos demoremos siempre depende del porte del producto que nos manden hacer”, subraya. Cada sombrero es vendido luego en 10 dólares.


La casa donde trabaja Jazmín es una prueba de los tiempos cambiantes. Tejen los productos tradicionales como aventadores, esteras, sombreros, canastos de todo tamaño, pero ahora también hacen toda clase de animales, desde tortugas, pescados, llamas, chanchos, hasta dinosaurios.
También hacen campanas, tapetes, individuales, forros para las ollas y portabotellas.  “Mi hermano se habilita para hacer, él es el único de la familia que hace figuras y el resto hace lo de siempre”, dice.


En Auzhangata, la familia de Lucía Sárate también se dedica al tejido de totora. En el piso de su vivienda de adobe entrelaza las fibras para hacer esteras. Con una piedra redonda golpea constantemente el tejido para obtener un lienzo plano y uniforme. Indica que la manera de tejer depende de cómo se acomode cada quien. “Hay quienes tejen sentados, otros de rodillas. Todo depende de la comodidad, como uno esté más cómodo para poder trabajar durante más tiempo”, señala Lucía.


En su familia, como en todas las del sector, esta tradición se ha transmitido por generaciones, la combinan con las labores del hogar, pues es una de las principales actividades económicas.


Lucía tiene 39 años y aprendió a tejer a los 10. Sin quitar la mirada del tejido, explica que Carnaval y Semana Santa son las épocas en las que más se vende porque elaboran los ramos con totora y las cruces adornadas con flores. (F)


Mis abuelas les han enseñado a tejer a
sus hijos y ahora les enseñan a sus nietos”
Jazmín Sárate
Tejedora de totora.


Unos tejen sentados, otros de rodillas. Depende de cómo se acomode cada uno”
Lucía Sárate


Tejedora de totora.
fibra. Los artesanos de Paccha obtiene la totora de la laguna de Biola que queda por el sector, aunque también van a El Valle y a Cochapamba.
procedimiento. Una vez cortada la totora se la pone a secar al sol, con lo que adquiere una tonalidad amarilla. Luego se la guarda clasificada por tamaño.
Historia. La utilización de la totora data de la época prehispánica, cuando empleaban las esteras como cama y como mantel para servir los alimentos.
10
dólares cuesta un sombrero que se teje para Carnaval.
La totora puede medir hasta 3 metros. Se la corta con la
hoz, ingresando a la laguna con cuidado
si es profunda.