Ritual contra los efectos del cambio climático

Rosa Yacchirema y América Cóndor, ofertan cada lunes la quinua, en la plaza Primero de Mayo de Ambato.

En caseríos del norte de Ambato, como La Florida y El Sagrario, los comuneros usan las primicias de quinua como ofrenda a sus deidades para evitar las heladas e incendios; además piden buenas cosechas.

El maná, la comida de los dioses, el súper alimento, o la miel del cielo son solo algunos de los curiosos nombres que recibe la quinua.

Esta semilla de altísimo valor nutricional y de gran importancia para la conservación del suelo representa, además para los pueblos y culturas autóctonas de Sudamérica, un nexo entre lo divino y lo terrenal. Especialmente en temporadas del año en que el clima es demasiado variable, áspero, impredecible, dificultando la siembra, poda, cosecha y comercialización de los productos agrícolas.

Según una antigua leyenda, los devastadores efectos del cambio climático se podrían evitar con rituales y ofrendas dedicados a deidades casi olvidadas de las creencias animistas, propias de las culturas sudamericanas.

Este trabajo “desempolva” los detalles e información más relevante de dichas tradiciones que tienen lugar en poquísimas y recónditas poblaciones indígenas de la Sierra centro.

La “ira del cielo”
La Florida, ubicada a 40 minutos del centro de Ambato y a un costado de la carretera que conecta con el cantón Salcedo, es una de ellas. Entre las particularidades de las extensas parcelas están sus temperaturas, no mayores a 12 grados, sus suelos arenosos, el escaso recurso hídrico, además de la presencia de fuertes vientos.

América Cóndor, agricultora octogenaria y conocedora de la sabiduría ancestral (sanadora mama), relata que los climas extremos en la región andina, ya sea calor o frío, son señales de enojo celestial. “Nuestros abuelos y padres nos enseñaron que cuando hay heladas (descenso matutino y extremo de temperatura que precede a la presencia prolongada del Sol), la Pacha Mama está enojada por nuestras malas acciones”, explica. A su juicio, el intenso frío y las lluvias prolongadas se deben a esto.

“Por ello hay que escoger al mejor, más destacado y selecto producto de la tierra y ofrendarlo a las deidades. Hay varias, la predominante es la Pacha Mama, le sigue la killa (luna), el inti (sol) y el cóndor”, dice Rosa Yacchirema, nuera de América.

Si bien allí se considera a la papa, el maíz y al amaranto productos insignes, ninguno iguala a la quinua.

“Lo que el Maná (alimento dado por la mano de Dios al pueblo hebreo, según la Biblia) es para la cultura y religión judía y cristiana, es la quinua para los pueblos indígenas”, explica Norma Caluña, antropóloga de la Universidad Técnica de Ambato.

Todos los lunes América y Rosa expenden quinua en el mercado Primero de Mayo de Ambato. Allí, dueños de restaurantes adquieren el producto de primera calidad. (F)

DATOS
-Platillos. Chaulafán andino, chanfainas, ensaladas, coladas, sopas y conservas, entre otros platos, son preparados con la quinua.
-Deidades. Hay varias deidades pero la predominante es la Pacha Mama o Madre Tierra, le sigue la killa (luna), el inti (sol) y el cóndor.
-Ritual. Los yachaks eligen tres veces por año las primicias de la quinua. Colocan en un cuenco de barro y lo cuelgan en una rama del árbol más alto.

Los meses indicados son enero, septiembre y noviembre

Los yachak (sabios) y las sanadoras (mamas) eligen tres veces por año las primicias de la cosecha de la quinua para ofrendarla. Los meses para esta actividad son enero, septiembre (Luna llena), y noviembre. Este año, la segunda colecta se debió adelantar a finales de julio debido al descenso repentino de las temperaturas en esas fechas.

“Una vez separado lo más selecto del grano, se lo humedece en agua de vertiente. Para la ceremonia se usan dos kilos; en un cuenco de barro especial se coloca el producto y se lo cuelga en una rama del árbol más alto”, aseguró Rodrigo Yancha, agricultor de El Sagrario, caserío cercano a La Florida.

Explica que el ritual debe ser repetido en cada terreno. No obstante, el acto inicial lo hace el Cabildo (autoridad local), y es seguido en el lapso de siete días por los vecinos.

“La ofrenda es exhibida y expuesta a los caprichos del clima. La mayor parte del grano en el cuenco es consumido por aves, pero al final todo vuelve a la tierra; si el recipiente de barro no cae y resiste en el árbol será usado en la próxima ofrenda”, concluyó Yancha. (F)

Ritual contra los efectos del cambio climático

Rosa Yacchirema y América Cóndor, ofertan cada lunes la quinua, en la plaza Primero de Mayo de Ambato.

En caseríos del norte de Ambato, como La Florida y El Sagrario, los comuneros usan las primicias de quinua como ofrenda a sus deidades para evitar las heladas e incendios; además piden buenas cosechas.

El maná, la comida de los dioses, el súper alimento, o la miel del cielo son solo algunos de los curiosos nombres que recibe la quinua.

Esta semilla de altísimo valor nutricional y de gran importancia para la conservación del suelo representa, además para los pueblos y culturas autóctonas de Sudamérica, un nexo entre lo divino y lo terrenal. Especialmente en temporadas del año en que el clima es demasiado variable, áspero, impredecible, dificultando la siembra, poda, cosecha y comercialización de los productos agrícolas.

Según una antigua leyenda, los devastadores efectos del cambio climático se podrían evitar con rituales y ofrendas dedicados a deidades casi olvidadas de las creencias animistas, propias de las culturas sudamericanas.

Este trabajo “desempolva” los detalles e información más relevante de dichas tradiciones que tienen lugar en poquísimas y recónditas poblaciones indígenas de la Sierra centro.

La “ira del cielo”
La Florida, ubicada a 40 minutos del centro de Ambato y a un costado de la carretera que conecta con el cantón Salcedo, es una de ellas. Entre las particularidades de las extensas parcelas están sus temperaturas, no mayores a 12 grados, sus suelos arenosos, el escaso recurso hídrico, además de la presencia de fuertes vientos.

América Cóndor, agricultora octogenaria y conocedora de la sabiduría ancestral (sanadora mama), relata que los climas extremos en la región andina, ya sea calor o frío, son señales de enojo celestial. “Nuestros abuelos y padres nos enseñaron que cuando hay heladas (descenso matutino y extremo de temperatura que precede a la presencia prolongada del Sol), la Pacha Mama está enojada por nuestras malas acciones”, explica. A su juicio, el intenso frío y las lluvias prolongadas se deben a esto.

“Por ello hay que escoger al mejor, más destacado y selecto producto de la tierra y ofrendarlo a las deidades. Hay varias, la predominante es la Pacha Mama, le sigue la killa (luna), el inti (sol) y el cóndor”, dice Rosa Yacchirema, nuera de América.

Si bien allí se considera a la papa, el maíz y al amaranto productos insignes, ninguno iguala a la quinua.

“Lo que el Maná (alimento dado por la mano de Dios al pueblo hebreo, según la Biblia) es para la cultura y religión judía y cristiana, es la quinua para los pueblos indígenas”, explica Norma Caluña, antropóloga de la Universidad Técnica de Ambato.

Todos los lunes América y Rosa expenden quinua en el mercado Primero de Mayo de Ambato. Allí, dueños de restaurantes adquieren el producto de primera calidad. (F)

DATOS
-Platillos. Chaulafán andino, chanfainas, ensaladas, coladas, sopas y conservas, entre otros platos, son preparados con la quinua.
-Deidades. Hay varias deidades pero la predominante es la Pacha Mama o Madre Tierra, le sigue la killa (luna), el inti (sol) y el cóndor.
-Ritual. Los yachaks eligen tres veces por año las primicias de la quinua. Colocan en un cuenco de barro y lo cuelgan en una rama del árbol más alto.

Los meses indicados son enero, septiembre y noviembre

Los yachak (sabios) y las sanadoras (mamas) eligen tres veces por año las primicias de la cosecha de la quinua para ofrendarla. Los meses para esta actividad son enero, septiembre (Luna llena), y noviembre. Este año, la segunda colecta se debió adelantar a finales de julio debido al descenso repentino de las temperaturas en esas fechas.

“Una vez separado lo más selecto del grano, se lo humedece en agua de vertiente. Para la ceremonia se usan dos kilos; en un cuenco de barro especial se coloca el producto y se lo cuelga en una rama del árbol más alto”, aseguró Rodrigo Yancha, agricultor de El Sagrario, caserío cercano a La Florida.

Explica que el ritual debe ser repetido en cada terreno. No obstante, el acto inicial lo hace el Cabildo (autoridad local), y es seguido en el lapso de siete días por los vecinos.

“La ofrenda es exhibida y expuesta a los caprichos del clima. La mayor parte del grano en el cuenco es consumido por aves, pero al final todo vuelve a la tierra; si el recipiente de barro no cae y resiste en el árbol será usado en la próxima ofrenda”, concluyó Yancha. (F)