Restauración de imágenes, arte que requiere paciencia

El escultor Edgar Guerrero trabaja rodeado de imágenes religiosas, algunas talladas por sus manos y otras en espera de ser restauradas.

Artistas como Edgar Guerrero y Jaime Jimbo se dedican desde hace décadas a esculpir y reparar figuras religiosas; más que pintar un santo o una pieza de cerámica, este oficio consiste en darle vida a una imagen que evoca fe, devoción, esperanza y guarda consigo muchos recuerdos.

Desde hace medio siglo, artesanos como Edgar Guerrero y Julio Jimbo se dedican a tallar y restaurar imágenes religiosas, que por el paso del tiempo o un accidente se han deteriorado.

Don Edgar estudió Bellas Artes en la Universidad de Cuenca y escogió la rama de escultura, “la más difícil”, porque le gustan los retos. Desde hace 53 años está inmerso en este arte que asegura “requiere de mucha paciencia”.

Más que pintar un santo o una pieza de cerámica, la restauración es “devolverle la vida” a una figura que evoca fe, devoción, esperanza y guarda recuerdos.

Para los artistas diciembre es una época especial. La gente lleva a reparar, sobre todo al Niño Dios. Entre los daños más comunes están el deterioro de dedos, brazos y piernas.

“Hay que cuidar detalles como empatar el color de la imagen, lograr un acabado fino y evitar que se note la reparación”, dice don Jaime, de 57 años.

Desde los 10 aprendió este oficio de la mano de su padre, don Julio Jimbo, quien a su vez heredó los conocimientos del maestro Filóromo Quizhpe, en la parroquia Sinincay.

Los escultores trabajan rodeados de santos rotos, de imágenes antiguas, de cruces quebradas o de figuras que llevan años en sus vitrinas sin que sus dueños se acerquen a retirarlas.

En su taller-galería ‘Monserrath’, en las calles Vega Muñoz y Juan Montalvo, don Edgar recibió ayer la imagen del Señor de la Buena Esperanza, patrono de la iglesia de Huizhil de Baños.

Alejandro Tenesaca junto a un grupo de priostes le encomendaron el trabajo de reconstruir un dedo y retocar la imagen en general. La garantía: “le queda como nueva”.

“La gente llega a tener mucha devoción a los santos o a las imágenes religiosas y no las quieren botar por eso nosotros las restauramos”, dice don Edgar.

Entre sus trabajos se encuentra ‘La Trinidad’, una obra en tamaño real que está en la iglesia de la parroquia Chuquiribamba en Loja. Su arte ha llegado a países como China y EE.UU. y actualmente ocupa su tiempo en tallar a San Pancracio, una obra que irá para España.

Materiales
El yeso, los pinceles, las pinturas y ante todo, la experiencia y el talento son herramientas indispensables a la hora de reparar el rostro, las extremidades, el cuerpo u otras piezas.

Para los artistas no hay labor imposible. Trabajan en yeso, caucho, porcelana, resina, fibra de vidrio o madera. Hay restauraciones que se pueden hacer en medio día y otras que toman una semana o más, depende de lo que requiera.

Las iglesias y los devotos demandan esta tarea. Aunque a veces la restauración resulta más costosa que adquirir una nueva imagen, hay quienes optan por la reparación debido al valor sentimental que “no tiene precio”.

Además del Niño Dios, entre las figuras que más se reparan están la Virgen María, San José y los Reyes Magos. “La restauración se hace en el material que venga y según las condiciones de la figura. Se le explica al cliente qué se va a hacer, puede ser, colocarle los dedos, los brazos o retocarle”, expresa don Edgar, para quien cada pieza tiene su complejidad.

Los costos varían de acuerdo al trabajo que se realice. Reparar un dedo cuesta entre 5 y 10 dólares, un retoque o pintada puede costar unos 20 dólares. “Pero tallar una escultura nueva asciende a unos 600 dólares”, menciona.

Entrega
Para don Jaime, este oficio requiere además conocimientos y entrega, pues se trata de darle una apariencia lo más real posible a las imágenes.

“Me trajeron este Niño Dios que debe tener unos 150 años de antigüedad, le han pintado pero la madera de la que está fabricado es antiquísima”, señala mientras exhibe los pequeños dedos rotos que debe reparar de la imagen.

Para continuar con este oficio que viene de familia, don Jaime trabaja actualmente con su hijo, Esteban, quien aprendió desde los 10 años. Ahora el joven ayuda a su padre en su taller ubicado en las calles Luis Cordero y Pío Bravo.

Don Jaime heredó los secretos de este oficio de su padre. Ahora también se dedica a la escultura religiosa en madera, aplicaciones en pan de oro y plata, escultura profana y reparación de obras de arte. (F)

Patricia Naula Herembás
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Restauración de imágenes, arte que requiere paciencia

El escultor Edgar Guerrero trabaja rodeado de imágenes religiosas, algunas talladas por sus manos y otras en espera de ser restauradas.

Artistas como Edgar Guerrero y Jaime Jimbo se dedican desde hace décadas a esculpir y reparar figuras religiosas; más que pintar un santo o una pieza de cerámica, este oficio consiste en darle vida a una imagen que evoca fe, devoción, esperanza y guarda consigo muchos recuerdos.

Desde hace medio siglo, artesanos como Edgar Guerrero y Julio Jimbo se dedican a tallar y restaurar imágenes religiosas, que por el paso del tiempo o un accidente se han deteriorado.

Don Edgar estudió Bellas Artes en la Universidad de Cuenca y escogió la rama de escultura, “la más difícil”, porque le gustan los retos. Desde hace 53 años está inmerso en este arte que asegura “requiere de mucha paciencia”.

Más que pintar un santo o una pieza de cerámica, la restauración es “devolverle la vida” a una figura que evoca fe, devoción, esperanza y guarda recuerdos.

Para los artistas diciembre es una época especial. La gente lleva a reparar, sobre todo al Niño Dios. Entre los daños más comunes están el deterioro de dedos, brazos y piernas.

“Hay que cuidar detalles como empatar el color de la imagen, lograr un acabado fino y evitar que se note la reparación”, dice don Jaime, de 57 años.

Desde los 10 aprendió este oficio de la mano de su padre, don Julio Jimbo, quien a su vez heredó los conocimientos del maestro Filóromo Quizhpe, en la parroquia Sinincay.

Los escultores trabajan rodeados de santos rotos, de imágenes antiguas, de cruces quebradas o de figuras que llevan años en sus vitrinas sin que sus dueños se acerquen a retirarlas.

En su taller-galería ‘Monserrath’, en las calles Vega Muñoz y Juan Montalvo, don Edgar recibió ayer la imagen del Señor de la Buena Esperanza, patrono de la iglesia de Huizhil de Baños.

Alejandro Tenesaca junto a un grupo de priostes le encomendaron el trabajo de reconstruir un dedo y retocar la imagen en general. La garantía: “le queda como nueva”.

“La gente llega a tener mucha devoción a los santos o a las imágenes religiosas y no las quieren botar por eso nosotros las restauramos”, dice don Edgar.

Entre sus trabajos se encuentra ‘La Trinidad’, una obra en tamaño real que está en la iglesia de la parroquia Chuquiribamba en Loja. Su arte ha llegado a países como China y EE.UU. y actualmente ocupa su tiempo en tallar a San Pancracio, una obra que irá para España.

Materiales
El yeso, los pinceles, las pinturas y ante todo, la experiencia y el talento son herramientas indispensables a la hora de reparar el rostro, las extremidades, el cuerpo u otras piezas.

Para los artistas no hay labor imposible. Trabajan en yeso, caucho, porcelana, resina, fibra de vidrio o madera. Hay restauraciones que se pueden hacer en medio día y otras que toman una semana o más, depende de lo que requiera.

Las iglesias y los devotos demandan esta tarea. Aunque a veces la restauración resulta más costosa que adquirir una nueva imagen, hay quienes optan por la reparación debido al valor sentimental que “no tiene precio”.

Además del Niño Dios, entre las figuras que más se reparan están la Virgen María, San José y los Reyes Magos. “La restauración se hace en el material que venga y según las condiciones de la figura. Se le explica al cliente qué se va a hacer, puede ser, colocarle los dedos, los brazos o retocarle”, expresa don Edgar, para quien cada pieza tiene su complejidad.

Los costos varían de acuerdo al trabajo que se realice. Reparar un dedo cuesta entre 5 y 10 dólares, un retoque o pintada puede costar unos 20 dólares. “Pero tallar una escultura nueva asciende a unos 600 dólares”, menciona.

Entrega
Para don Jaime, este oficio requiere además conocimientos y entrega, pues se trata de darle una apariencia lo más real posible a las imágenes.

“Me trajeron este Niño Dios que debe tener unos 150 años de antigüedad, le han pintado pero la madera de la que está fabricado es antiquísima”, señala mientras exhibe los pequeños dedos rotos que debe reparar de la imagen.

Para continuar con este oficio que viene de familia, don Jaime trabaja actualmente con su hijo, Esteban, quien aprendió desde los 10 años. Ahora el joven ayuda a su padre en su taller ubicado en las calles Luis Cordero y Pío Bravo.

Don Jaime heredó los secretos de este oficio de su padre. Ahora también se dedica a la escultura religiosa en madera, aplicaciones en pan de oro y plata, escultura profana y reparación de obras de arte. (F)

Patricia Naula Herembás
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