Primeros teatros cuencanos del siglo XX: espacios y transformaciones culturales

¿Alguna vez se han preguntado cuáles fueron los primeros teatros de Cuenca?, y me refiero  a los espacios físicos donde se podía disfrutar de este arte, ya que el teatro como tal se practicó desde tiempos coloniales cuando era usado como manifestación en contra del poder y continuó durante el siglo XIX cuando las casas de la alta sociedad cuencana se llenaban de representaciones teatrales pero ¿qué pasó en el siglo XX?
“El Teatro Andrade”, s.f. Fotógrafo no identificado. Archivo del Ministerio de Cultura y Patrimonio del Ecuador. 

Quizás nos arriesgaremos a decir que el teatro, como representación artística llevada a un espacio público, nació en nuestra ciudad cuando Octavio Cordero Palacios escribió las obras “Los hijos de Atahuallpa” y “Gazul”, y es que escribir dramas y ponerlos en escena se consideraba de gran prestigio. Digamos entonces que los cuencanos de principios de siglo fueron apasionados admiradores del teatro y que su educación y cultura, además del ingenio con el que contaban, les permitió escribir obras para ser llevadas a las tablas pero ¿dónde están esas tablas? se habrán preguntado estos caballeros.

Aunque el Teatro Universitario, actual Teatro Sucre, no fue el primer teatro creado en Cuenca si podemos afirmar que fue en el claustro universitario donde la idea fue concebida y se cristalizó, y no podía ser de otra manera si ahí estaban los intelectuales y escritores, los abogados y poetas, los médicos y los literatos. Así el primer teatro de Cuenca, el “Variedades” abriría sus puertas en 1913 en las instalaciones que ocupaba la universidad en la calle Padre Aguirre. Este teatro fue la expresión de una sociabilidad cultural que empezó a gestarse a finales del siglo XIX y que se consolidó con su aparición, aquí el teatro podría ser público, pero no para todos sino para un cierto grupo de personas. El espacio, concebido como un teatro cobró entonces otras dimensiones y nuevos significados, en el cual las obras teatrales tendrían un lugar especial. Y es que ¿para qué un teatro sino es para representaciones teatrales? pero en Cuenca, ciudad de grandes contradicciones, el cinematógrafo pronto se tomó los teatros y permitió otras expresiones artísticas que pronto desplazaron al teatro.

Sin embargo el Variedades acogió durante los años 20 y, quizás por mucho tiempo más, a grandes compañías teatrales, entre las que debemos destacar a la por entonces recién creada “Compañía Dramática Nacional”, que contó con los más destacados actores y actrices de la época, entre los que llegaron a Cuenca para dar 10 funciones en 1926 estaban Marina Moncayo, Marina Gozembach y América Yépez.   

Con el tiempo y gracias a los cambios vertiginosos en el campo del arte y del disfrute del tiempo libre, el cine se volvió más rentable que el teatro. Estos espacios también cambiaron, de ser un espacio más bien restringido a cierto público que consideraba el teatro como un instrumento de élite, a un espacio más amplio en todos los sentidos, incluyendo a otros públicos, proceso de masificación en el que el cine tiene un papel principal. El mismo Remigio Crespo Toral opinaría al respecto en 1925 diciendo que: “los autores y actores ya se vendieron al cine, compraron un retacillo de vida con la muerte de su arte… queda el teatro para los escogidos, los depurados, los ricos de comprensión.” Así mismo el Variedades cambiará y se convertirá en un lugar de convivencia del cine y el teatro, y muchas otras manifestaciones, tomando el nombre de “Teatro Andrade” por Abelardo J. Andrade, quien fuese el más comprometido impulsor de este espacio allá por 1910 nombre con el que ha pervivido en la memoria de muchos. Las puertas de este magnífico espacio se cerraron por un fatídico incendio acaecido en 1951. 

Siendo el cine un negocio rentable en la década de 1930, apareció en la ciudad el quizás mal llamado “Teatro Guayaquil” situado en la calle Luis Cordero. Y nos permitimos decir mal llamado porque no se estableció con la intención de dar espacio al teatro sino al cine. Podemos ver cómo se va delineando el rumbo del teatro en la ciudad pero la gente suele perpetuar en su memoria los gratos recuerdos y es así como terminaron asociando estos espacios con el antiguo teatro, lo mismo le sucedería al Teatro Universitario que pese a tener intenciones más propias de una universidad, veladas literarias y teatro, terminó cediendo ante la realidad y dejó que este espacio fuese conquistado por el cine. Fue en este teatro, que con gran escándalo, se vio por primera vez en Cuenca la película “El último tango en París”. 

Pero no debemos ser pesimistas ya que a pesar de lo relatado en líneas anteriores el teatro como tal nunca murió en Cuenca, logró sobrevivir como un arte que despierta grandes pasiones, y siguió construyendo, creando, a veces con dificultades, a veces con mejores vientos y en estos últimos años ha despuntado y ha regresado al lugar que se merece. Me pregunto si Cuenca volverá a ver espacios como el “Variedades-Andrade”, como el “Universitario” e incluso el “Guayaquil”, lugares “construidos” simbólicamente para que en estos el teatro, la música, la literatura y después el cine, puedan convivir. Por ahora estos espacios viven en nuestra memoria. (I)

El teatro desde sus voces actuales:

Eddy Castro

El poeta  y director Eddy Castro considera que el problema del teatro en Cuenca es que no ha habido un proceso de cultura teatral. “No hay una unidad de propuestas en la temática, lamentablemente eso no se está formando al público”, comenta Castro y cita una frase de Federico García Lorca: “Al público no hay que darle lo que pida sino enseñarle a pedir”.

Declaró que hay un buen contenido artístico y social en algunas obras que se hacen en Cuenca, pero no hay esa tendencia clara de los que hay que mostrar. “Además el público cuencano es difícil”, agrega Castro y en esta opinión coincide con Jorge Dávila.

También hizo una crítica a los organismos porque según él no auspician como deberían. “Hay una pelea dura que hace el teatro en la ciudad”, concluyó Castro.

Jorge Dávila

El afamado escritor cuencano Jorge Dávila opina que el teatro está en una etapa de efervescencia desde que se inició el microteatro, a cargo del venezolano Alex Quijada, piensa que en ello influye sobre todo  la gente más joven.

Halaga que estén surgiendo pequeñas salas de teatro. “Perlimplín la están presentando en una casa, el público no pasa de 20 personas y se convierte en un drama familiar, pero es bueno, buenos actores, buenos directores. Hay buen material” considera Dávila.

También reconoce que falta mucho por parte del teatro del país porque algunos directores no parecen darle importancia a la producción nacional. “En las universidades, hay una buena cantidad de obras publicadas que no las toman en cuenta para nada”, recalca Dávila.

El público

El público cuencano es impredecible, considera Dávila, pero hay un grupo que se está consolidándose como amantes de las tablas, son ellos quienes llenaron el Teatro Sucre cuando presentaron la obra Juan Estrella,  escrita por él: “Aunque se copó el teatro, no pasa siempre”, asegura.. Pero piensa que si se sigue proyectando tanto el teatro el público madurará y  se constituirán  espacios permanentes.

Emilia Acurio

“Creo que el teatro está en crecimiento, está en un punto alto, con producción, es súper bueno”, declaró Emilia Acurio. Además, comentó que hay muchas obras de teatro, más de una a la semana. Para ella esto refleja que hay trabajo, y mucha gente dedicada a las tablas de manera permanente.

Uno de los logros más grandes del teatro en Cuenca es que ha conquistado espacios, comentó Acurio y explicó que ahora hay diferentes lugares como bares, restaurantes y empresas abriendo sus puertas al teatro. “Hace seis años era difícil conseguir un espacio, pero ahora eso no es un problema”, festeja Acurio.

En el momento

Acurio opina que hay mucho talento en la ciudad como Pancho Aguirre, que para ella es la imagen más clara del trabajo en el teatro. También citó a Mabel Petroff, que ella ve que está constantemente trabajando, haciendo sus proyectos y abriendo campo y espacios para el público.

“Espero que sea un área que siga creciendo”, agrega  y reflexiona sobre la cantidad de eventos culturales que hay  y que no alcanzan a conseguir público. “Eso debería mejorar”, concluye. (EPA) (I) 

Primeros teatros cuencanos del siglo XX: espacios y transformaciones culturales

“El Teatro Andrade”, s.f. Fotógrafo no identificado. Archivo del Ministerio de Cultura y Patrimonio del Ecuador. 

Quizás nos arriesgaremos a decir que el teatro, como representación artística llevada a un espacio público, nació en nuestra ciudad cuando Octavio Cordero Palacios escribió las obras “Los hijos de Atahuallpa” y “Gazul”, y es que escribir dramas y ponerlos en escena se consideraba de gran prestigio. Digamos entonces que los cuencanos de principios de siglo fueron apasionados admiradores del teatro y que su educación y cultura, además del ingenio con el que contaban, les permitió escribir obras para ser llevadas a las tablas pero ¿dónde están esas tablas? se habrán preguntado estos caballeros.

Aunque el Teatro Universitario, actual Teatro Sucre, no fue el primer teatro creado en Cuenca si podemos afirmar que fue en el claustro universitario donde la idea fue concebida y se cristalizó, y no podía ser de otra manera si ahí estaban los intelectuales y escritores, los abogados y poetas, los médicos y los literatos. Así el primer teatro de Cuenca, el “Variedades” abriría sus puertas en 1913 en las instalaciones que ocupaba la universidad en la calle Padre Aguirre. Este teatro fue la expresión de una sociabilidad cultural que empezó a gestarse a finales del siglo XIX y que se consolidó con su aparición, aquí el teatro podría ser público, pero no para todos sino para un cierto grupo de personas. El espacio, concebido como un teatro cobró entonces otras dimensiones y nuevos significados, en el cual las obras teatrales tendrían un lugar especial. Y es que ¿para qué un teatro sino es para representaciones teatrales? pero en Cuenca, ciudad de grandes contradicciones, el cinematógrafo pronto se tomó los teatros y permitió otras expresiones artísticas que pronto desplazaron al teatro.

Sin embargo el Variedades acogió durante los años 20 y, quizás por mucho tiempo más, a grandes compañías teatrales, entre las que debemos destacar a la por entonces recién creada “Compañía Dramática Nacional”, que contó con los más destacados actores y actrices de la época, entre los que llegaron a Cuenca para dar 10 funciones en 1926 estaban Marina Moncayo, Marina Gozembach y América Yépez.   

Con el tiempo y gracias a los cambios vertiginosos en el campo del arte y del disfrute del tiempo libre, el cine se volvió más rentable que el teatro. Estos espacios también cambiaron, de ser un espacio más bien restringido a cierto público que consideraba el teatro como un instrumento de élite, a un espacio más amplio en todos los sentidos, incluyendo a otros públicos, proceso de masificación en el que el cine tiene un papel principal. El mismo Remigio Crespo Toral opinaría al respecto en 1925 diciendo que: “los autores y actores ya se vendieron al cine, compraron un retacillo de vida con la muerte de su arte… queda el teatro para los escogidos, los depurados, los ricos de comprensión.” Así mismo el Variedades cambiará y se convertirá en un lugar de convivencia del cine y el teatro, y muchas otras manifestaciones, tomando el nombre de “Teatro Andrade” por Abelardo J. Andrade, quien fuese el más comprometido impulsor de este espacio allá por 1910 nombre con el que ha pervivido en la memoria de muchos. Las puertas de este magnífico espacio se cerraron por un fatídico incendio acaecido en 1951. 

Siendo el cine un negocio rentable en la década de 1930, apareció en la ciudad el quizás mal llamado “Teatro Guayaquil” situado en la calle Luis Cordero. Y nos permitimos decir mal llamado porque no se estableció con la intención de dar espacio al teatro sino al cine. Podemos ver cómo se va delineando el rumbo del teatro en la ciudad pero la gente suele perpetuar en su memoria los gratos recuerdos y es así como terminaron asociando estos espacios con el antiguo teatro, lo mismo le sucedería al Teatro Universitario que pese a tener intenciones más propias de una universidad, veladas literarias y teatro, terminó cediendo ante la realidad y dejó que este espacio fuese conquistado por el cine. Fue en este teatro, que con gran escándalo, se vio por primera vez en Cuenca la película “El último tango en París”. 

Pero no debemos ser pesimistas ya que a pesar de lo relatado en líneas anteriores el teatro como tal nunca murió en Cuenca, logró sobrevivir como un arte que despierta grandes pasiones, y siguió construyendo, creando, a veces con dificultades, a veces con mejores vientos y en estos últimos años ha despuntado y ha regresado al lugar que se merece. Me pregunto si Cuenca volverá a ver espacios como el “Variedades-Andrade”, como el “Universitario” e incluso el “Guayaquil”, lugares “construidos” simbólicamente para que en estos el teatro, la música, la literatura y después el cine, puedan convivir. Por ahora estos espacios viven en nuestra memoria. (I)

El teatro desde sus voces actuales:

Eddy Castro

El poeta  y director Eddy Castro considera que el problema del teatro en Cuenca es que no ha habido un proceso de cultura teatral. “No hay una unidad de propuestas en la temática, lamentablemente eso no se está formando al público”, comenta Castro y cita una frase de Federico García Lorca: “Al público no hay que darle lo que pida sino enseñarle a pedir”.

Declaró que hay un buen contenido artístico y social en algunas obras que se hacen en Cuenca, pero no hay esa tendencia clara de los que hay que mostrar. “Además el público cuencano es difícil”, agrega Castro y en esta opinión coincide con Jorge Dávila.

También hizo una crítica a los organismos porque según él no auspician como deberían. “Hay una pelea dura que hace el teatro en la ciudad”, concluyó Castro.

Jorge Dávila

El afamado escritor cuencano Jorge Dávila opina que el teatro está en una etapa de efervescencia desde que se inició el microteatro, a cargo del venezolano Alex Quijada, piensa que en ello influye sobre todo  la gente más joven.

Halaga que estén surgiendo pequeñas salas de teatro. “Perlimplín la están presentando en una casa, el público no pasa de 20 personas y se convierte en un drama familiar, pero es bueno, buenos actores, buenos directores. Hay buen material” considera Dávila.

También reconoce que falta mucho por parte del teatro del país porque algunos directores no parecen darle importancia a la producción nacional. “En las universidades, hay una buena cantidad de obras publicadas que no las toman en cuenta para nada”, recalca Dávila.

El público

El público cuencano es impredecible, considera Dávila, pero hay un grupo que se está consolidándose como amantes de las tablas, son ellos quienes llenaron el Teatro Sucre cuando presentaron la obra Juan Estrella,  escrita por él: “Aunque se copó el teatro, no pasa siempre”, asegura.. Pero piensa que si se sigue proyectando tanto el teatro el público madurará y  se constituirán  espacios permanentes.

Emilia Acurio

“Creo que el teatro está en crecimiento, está en un punto alto, con producción, es súper bueno”, declaró Emilia Acurio. Además, comentó que hay muchas obras de teatro, más de una a la semana. Para ella esto refleja que hay trabajo, y mucha gente dedicada a las tablas de manera permanente.

Uno de los logros más grandes del teatro en Cuenca es que ha conquistado espacios, comentó Acurio y explicó que ahora hay diferentes lugares como bares, restaurantes y empresas abriendo sus puertas al teatro. “Hace seis años era difícil conseguir un espacio, pero ahora eso no es un problema”, festeja Acurio.

En el momento

Acurio opina que hay mucho talento en la ciudad como Pancho Aguirre, que para ella es la imagen más clara del trabajo en el teatro. También citó a Mabel Petroff, que ella ve que está constantemente trabajando, haciendo sus proyectos y abriendo campo y espacios para el público.

“Espero que sea un área que siga creciendo”, agrega  y reflexiona sobre la cantidad de eventos culturales que hay  y que no alcanzan a conseguir público. “Eso debería mejorar”, concluye. (EPA) (I)