Pepe Luna: Músico y leyenda

Hablar de José Antonio Luna Machuca es adentrarse en la memoria de tres generaciones cuencanas, no solo musicales, sino académicas, culturales y sociales. Destacado acordeonista, virtuoso guitarrista y excelente docente, son algunas de las características de este músico lojano.
Los integrantes de la orquesta Pepe Luna en el Club Azuay, en los altos de la Casa de la Cultura el 6 de enero de 1963. Cortesía

Hoy se efectúa un homenaje póstumo al músico que dejó huella en la ciudad, murió el 13 de febrero del 2004.
A los 20 años llegó a Cuenca con la misión de estudiar paralelamente las carreras de Química Farmacéutica en la Universidad de Cuenca y de música, especialidad acordeón, en el Conservatorio José María Rodríguez. Por entonces corrían los años 50.


Su inserción en el mundo musical cuencano fue inmediato. Entre 1950 y 1952, ya era reconocido como un músico virtuoso. Tiempo más tarde, conformó el Trío Universitario, hasta la gira efectuada con los Locos del ritmo en 1955, con quienes compartió sus habilidades solo un tiempo, pues debía regresar a Cuenca.


Pero no fue sino hasta 1959, cuando conformó la reconocida orquesta que llevaba su seudónimo: Pepe Luna. Los integrantes originales eran: Ángel Pesántez, contrabajista, Luciano Ramón, y Enrique Vallejo, saxofonistas, Jorge Calle, percusionista, Julio Pesántez, vocalista, Rigoberto Vallejo y Luis Minchala, trompetistas, y Pepe Luna era el director musical y acordeonista.


Pesántez, cantante, compartió con Pepe Luna casi 12 años de vida musical. “Nos conocimos en el trajinar de las orquestas” dijo el músico de 82 años. Para él, la edad no es un impedimento para evocar recuerdos con lucidez, como aquel día en que vio a Luna ejecutar la guitarra “magistralmente”. A su ver, Luna poseía un oído único pues confesó que para sacar los temas, solían visitar el local conocido como “La Fama” en el centro de Cuenca. “Luna y Ángel Vallejo, escuchaban dos veces el tema y ya podía reconocer los acordes” dijo.


Una de las cosas que aprendió  Pesántez de Luna, fue su lucha por hacer que se respete el trabajo del músico. “En ese entonces, la gente que contrataba a las orquestas era gente pudiente... Una vez nos contrataron y un ciudadano lanzó monedas al piso, instando a los músicos a seguir tocando, a lo que Luna reaccionó exigiendo: Si el ciudadano que puso las monedas no las levanta, se termina la presentación”. Ejemplos como estos, generaron reacción, no solo en quienes contrataban los servicios musicales, sino además en los músicos. “Eso nos hizo pensar sobre nuestro trabajo” afirmó.


Rigoberto Vallejo, quien fue trompetista de la orquesta Pepe Luna en 1962, recordó que Luna era responsable en los compromisos y un excelente profesor de escuela. “Dominaba el acordeón y la guitarra... creo que fue el primero que introdujo una guitarra eléctrica a una orquesta a tal punto que era capaz de sustituir el acordeón”.

 Familia
José Luis Luna, hijo del Pepe Luna, siente que ser homónimo de su padre ha significado “una carga”, no por el hecho de no sentirse orgulloso, “más bien por lo excelente intérprete que era”. Reconoce que conoció poco de su progenitor, pero aprendió de él la disciplina, dedicación y el perfeccionamiento de su obra.


Además, espera plasmar en un libro, la vida y obra de su padre y continuar con la investigación sobre su vida, la cual ya inició hace un poco más de 10 años.


Pese a que muchos coinciden que Luna tuvo problemas con el alcohol, Pesántez dijo que no les permitía beber antes, ni durante las presentaciones.

 Recuerdos

En el magisterio, Luna estuvo involucrado durante 37 años, de los cuales dedicó aproximadamente 15 a la escuela Alfonso Cordero. Ana Laucía Timbi, portera de la institución desde hace 28 años, recuerda como las maestras bailaban durante horas al compás de la música de Luna. “Su alegría era inmensa, pese a ser muy serio en la enseñanza” dijo. Recordó que el día de su salida, rodaron por sus mejillas, algunas lágrimas de tristeza. “Quiso volver, pero ya no pudo” aseguró Timbi.


Una de las cosas que no se olvida la gente, es que desde Cuenca, Luna emitía una serenata a su madre, Matilde Machuca, a través de la emisora Ondas Azuayas. Un grupo de vecinos se reunían en el barrio, para escuchar el emotivo mensaje de cariño de su hijo. Los familiares y amigos “se estremecían entre lágrimas y aplausos... la devoción que se profesaban madre e hijo, se vio siempre reflejada en la complicidad que compartían”.


Hay quienes lo recuerdan cuando contrataban su orquesta para las serenatas. Que la orquesta toque seis temas costaba 100 sucres, un aproximado a una quincena en aquella época. Pero a decir de los enamorados, era una inversión que valía la pena, pues la mujer casi siempre los aceptaba.


También las matinés eran los espacios, donde se podía disfrutar de una pieza de baile y donde no podía faltar el sonido del acordeón.

 Homenaje

Hoy, José Luis Luna presentará un folleto de 40 páginas, donde consta parte de la biografía musical y personal del fallecido artista. La investigación le tomó cuatro meses y en ella se relata su vida musical, personal y docente. El Teatro Sucre será testigo, a las 19:00, del homenaje póstumo a Pepe Luna, donde compartirán su música Los entenados del Zig-Zal, Los Dinámicos y Los locos del ritmo. (FCS)

Cuenca.

Pepe Luna: Músico y leyenda

Los integrantes de la orquesta Pepe Luna en el Club Azuay, en los altos de la Casa de la Cultura el 6 de enero de 1963. Cortesía

Hoy se efectúa un homenaje póstumo al músico que dejó huella en la ciudad, murió el 13 de febrero del 2004.
A los 20 años llegó a Cuenca con la misión de estudiar paralelamente las carreras de Química Farmacéutica en la Universidad de Cuenca y de música, especialidad acordeón, en el Conservatorio José María Rodríguez. Por entonces corrían los años 50.


Su inserción en el mundo musical cuencano fue inmediato. Entre 1950 y 1952, ya era reconocido como un músico virtuoso. Tiempo más tarde, conformó el Trío Universitario, hasta la gira efectuada con los Locos del ritmo en 1955, con quienes compartió sus habilidades solo un tiempo, pues debía regresar a Cuenca.


Pero no fue sino hasta 1959, cuando conformó la reconocida orquesta que llevaba su seudónimo: Pepe Luna. Los integrantes originales eran: Ángel Pesántez, contrabajista, Luciano Ramón, y Enrique Vallejo, saxofonistas, Jorge Calle, percusionista, Julio Pesántez, vocalista, Rigoberto Vallejo y Luis Minchala, trompetistas, y Pepe Luna era el director musical y acordeonista.


Pesántez, cantante, compartió con Pepe Luna casi 12 años de vida musical. “Nos conocimos en el trajinar de las orquestas” dijo el músico de 82 años. Para él, la edad no es un impedimento para evocar recuerdos con lucidez, como aquel día en que vio a Luna ejecutar la guitarra “magistralmente”. A su ver, Luna poseía un oído único pues confesó que para sacar los temas, solían visitar el local conocido como “La Fama” en el centro de Cuenca. “Luna y Ángel Vallejo, escuchaban dos veces el tema y ya podía reconocer los acordes” dijo.


Una de las cosas que aprendió  Pesántez de Luna, fue su lucha por hacer que se respete el trabajo del músico. “En ese entonces, la gente que contrataba a las orquestas era gente pudiente... Una vez nos contrataron y un ciudadano lanzó monedas al piso, instando a los músicos a seguir tocando, a lo que Luna reaccionó exigiendo: Si el ciudadano que puso las monedas no las levanta, se termina la presentación”. Ejemplos como estos, generaron reacción, no solo en quienes contrataban los servicios musicales, sino además en los músicos. “Eso nos hizo pensar sobre nuestro trabajo” afirmó.


Rigoberto Vallejo, quien fue trompetista de la orquesta Pepe Luna en 1962, recordó que Luna era responsable en los compromisos y un excelente profesor de escuela. “Dominaba el acordeón y la guitarra... creo que fue el primero que introdujo una guitarra eléctrica a una orquesta a tal punto que era capaz de sustituir el acordeón”.

 Familia
José Luis Luna, hijo del Pepe Luna, siente que ser homónimo de su padre ha significado “una carga”, no por el hecho de no sentirse orgulloso, “más bien por lo excelente intérprete que era”. Reconoce que conoció poco de su progenitor, pero aprendió de él la disciplina, dedicación y el perfeccionamiento de su obra.


Además, espera plasmar en un libro, la vida y obra de su padre y continuar con la investigación sobre su vida, la cual ya inició hace un poco más de 10 años.


Pese a que muchos coinciden que Luna tuvo problemas con el alcohol, Pesántez dijo que no les permitía beber antes, ni durante las presentaciones.

 Recuerdos

En el magisterio, Luna estuvo involucrado durante 37 años, de los cuales dedicó aproximadamente 15 a la escuela Alfonso Cordero. Ana Laucía Timbi, portera de la institución desde hace 28 años, recuerda como las maestras bailaban durante horas al compás de la música de Luna. “Su alegría era inmensa, pese a ser muy serio en la enseñanza” dijo. Recordó que el día de su salida, rodaron por sus mejillas, algunas lágrimas de tristeza. “Quiso volver, pero ya no pudo” aseguró Timbi.


Una de las cosas que no se olvida la gente, es que desde Cuenca, Luna emitía una serenata a su madre, Matilde Machuca, a través de la emisora Ondas Azuayas. Un grupo de vecinos se reunían en el barrio, para escuchar el emotivo mensaje de cariño de su hijo. Los familiares y amigos “se estremecían entre lágrimas y aplausos... la devoción que se profesaban madre e hijo, se vio siempre reflejada en la complicidad que compartían”.


Hay quienes lo recuerdan cuando contrataban su orquesta para las serenatas. Que la orquesta toque seis temas costaba 100 sucres, un aproximado a una quincena en aquella época. Pero a decir de los enamorados, era una inversión que valía la pena, pues la mujer casi siempre los aceptaba.


También las matinés eran los espacios, donde se podía disfrutar de una pieza de baile y donde no podía faltar el sonido del acordeón.

 Homenaje

Hoy, José Luis Luna presentará un folleto de 40 páginas, donde consta parte de la biografía musical y personal del fallecido artista. La investigación le tomó cuatro meses y en ella se relata su vida musical, personal y docente. El Teatro Sucre será testigo, a las 19:00, del homenaje póstumo a Pepe Luna, donde compartirán su música Los entenados del Zig-Zal, Los Dinámicos y Los locos del ritmo. (FCS)

Cuenca.