Música Híbrida, la voluntad de persistir

FOTO: Miguel Arévalo EL TIEMPO

Con casi 50 discos en su catálogo, el sello ecuatoriano tiene a bandas colombianas entre sus últimos trabajos. Producirá el concierto de Mgła. El tamaño del mercado y el perfil de los consumidores de rock en el país determinan que, para sobrevivir, sea necesario recurrir a estrategias ingeniosas.

Vivir de la música extrema en Ecuador es una quimera. Por eso, fuera de colaboraciones puntuales, todo el peso de la productora Música Híbrida cae sobre los hombros de Marco Oviedo, quien ha compaginado la carrera de ingeniero químico con su actividad como promotor musical.

Tras casi medio centenar de producciones de bandas locales e internacionales y con un buen número de eventos extremos de calidad, su sello es uno de los referentes en el rock nacional.

La idea surgió a fines del siglo pasado, cuando conseguir noticias sobre las bandas y sus álbumes era cuestión de fomentar redes e intercambios. Había trueques musicales hechos por un grupo de amigos en los barrios América y La Gasca. Marco lo recuerda así: “En 1996 nace nuestro primer sello, Dream Age. Fue una cuestión de amistad que se inició en el colegio con Rubén Barros -actual representante de Talent Nation- y Dani Molina, baterista de Total Death”.

El primer lanzamiento fue el EP Silencio de soledad, de la banda de Molina. Publicaron apenas 100 copias, pero después editaron 300 de Bajo el mismo extraño cielo, también de Total Death. Antes de que existieran mejores formas de producción y equipos, la labor de estas incipientes discográficas consistía en una búsqueda constante de espacios y oportunidades para poder grabar.

“El primer disco completo que hicimos fue grabado en Medarluz, de Don Medardo y sus Players (...). Una vez pagamos el estudio en El Árbol, un sello regentado por evangélicos, pero no tuvimos contrapunto a pesar de su sorpresa. Grabamos un EP en 24 pistas, en DAT.

Hay pocos ejemplos del uso de ese tipo de tecnología en estudio para el metal de esa época”. Mientras Rubén editaba el mítico Flagrum Zine, Marco logró poner en marcha una línea de distribución que logró intercambiar música de Total Death con sellos de todo el mundo. Para eso también vendió algunos instrumentos.

En marzo de 1998, Música Híbrida reeditó el disco Concebidos en tierra bastarda, de los latacungueños Tocata y Bulla, uno de los puntales del metal extremo de época. Ese disco marcó el surgimiento definitivo del sello y la consolidación de sus procesos.

“Editamos 500 copias, nos fue bastante bien. Llegó a distribuirse en Nuclear Blast -de Alemania- y Relapse -de EE.UU.-; estuvimos a punto de llegar a las grandes ligas, pero la banda se separó”. (I)

Música Híbrida, la voluntad de persistir

FOTO: Miguel Arévalo EL TIEMPO

Con casi 50 discos en su catálogo, el sello ecuatoriano tiene a bandas colombianas entre sus últimos trabajos. Producirá el concierto de Mgła. El tamaño del mercado y el perfil de los consumidores de rock en el país determinan que, para sobrevivir, sea necesario recurrir a estrategias ingeniosas.

Vivir de la música extrema en Ecuador es una quimera. Por eso, fuera de colaboraciones puntuales, todo el peso de la productora Música Híbrida cae sobre los hombros de Marco Oviedo, quien ha compaginado la carrera de ingeniero químico con su actividad como promotor musical.

Tras casi medio centenar de producciones de bandas locales e internacionales y con un buen número de eventos extremos de calidad, su sello es uno de los referentes en el rock nacional.

La idea surgió a fines del siglo pasado, cuando conseguir noticias sobre las bandas y sus álbumes era cuestión de fomentar redes e intercambios. Había trueques musicales hechos por un grupo de amigos en los barrios América y La Gasca. Marco lo recuerda así: “En 1996 nace nuestro primer sello, Dream Age. Fue una cuestión de amistad que se inició en el colegio con Rubén Barros -actual representante de Talent Nation- y Dani Molina, baterista de Total Death”.

El primer lanzamiento fue el EP Silencio de soledad, de la banda de Molina. Publicaron apenas 100 copias, pero después editaron 300 de Bajo el mismo extraño cielo, también de Total Death. Antes de que existieran mejores formas de producción y equipos, la labor de estas incipientes discográficas consistía en una búsqueda constante de espacios y oportunidades para poder grabar.

“El primer disco completo que hicimos fue grabado en Medarluz, de Don Medardo y sus Players (...). Una vez pagamos el estudio en El Árbol, un sello regentado por evangélicos, pero no tuvimos contrapunto a pesar de su sorpresa. Grabamos un EP en 24 pistas, en DAT.

Hay pocos ejemplos del uso de ese tipo de tecnología en estudio para el metal de esa época”. Mientras Rubén editaba el mítico Flagrum Zine, Marco logró poner en marcha una línea de distribución que logró intercambiar música de Total Death con sellos de todo el mundo. Para eso también vendió algunos instrumentos.

En marzo de 1998, Música Híbrida reeditó el disco Concebidos en tierra bastarda, de los latacungueños Tocata y Bulla, uno de los puntales del metal extremo de época. Ese disco marcó el surgimiento definitivo del sello y la consolidación de sus procesos.

“Editamos 500 copias, nos fue bastante bien. Llegó a distribuirse en Nuclear Blast -de Alemania- y Relapse -de EE.UU.-; estuvimos a punto de llegar a las grandes ligas, pero la banda se separó”. (I)