Museo guarda la historia cañari hasta la Colonia

Ubicado en el parque de Guantug,  cerca del Cerro Narrío, el Museo tiene en exhibición alrededor de 600 piezas de cerámica, piedra, hueso, concha spondylus y
metales como el oro y el cobre.

El Museo Arqueológico de Guantug, en la ciudad de Cañar, nos invita a un viaje en el tiempo. Paúl Defaz, guía del lugar, hace un recorrido que inicia por la Cultura Cañari en sus tres fases y termina en la era Colonial.


En dos salas se exhiben unas 600 piezas arqueológicas de cerámica, piedra, hueso, concha spondylus y metales como cobre y oro. Cada una presenta detalles, colores, formas, texturas y tamaños que marcan la diferencia de cada época.


Los objetos más antiguos son de la cultura Narrío. El guía explica que con estas piezas se ha determinado que los cañaris fueron una sociedad de agricultores que habitaron la región desde hace unos 4.000 años. Hábiles artesanos y ceramistas mantuvieron relación comercial con la Costa, Sierra, Amazonía y el norte de Perú.
En la sala 1 se destaca la recreación de un entierro. En un agujero sobre el piso, se observa un cráneo que lleva una corona de cobre y está rodeado de piezas líticas, herramientas y cuencos de cerámica. “Ellos tenían la creencia de que iban a vivir en otra época y los enterraban con un ajuar”, indica.


Entre las piezas de cerámica se observa una olla globular antropomorfa, que se cree perteneció a un dirigente de alto nivel.
“La cerámica de Narrío se caracteriza, entre otros atributos, por la finura de las paredes, formas y diseños de las líneas estilizadas y realistas”, explica Defaz.
Agrega que el intercambio o trueque permitió encontrar objetos elaborados con concha spondilux, como collares y ucuyayas, que eran instrumentos utilizados en los entierros.


Se conservan además las compoteras y ollas trípodes, que eran utilizadas para cocinar sus alimentos cuando tenían que realizar tareas fuera de sus aldeas o de sus lugares  habitacionales.


A continuación se observan piezas de la cultura Tacalshapa, que estuvo ubicada en las provincias de Cañar y parte del Azuay.
“Distinguimos tres fases denominadas Tacalshapa I, II y III que varían por la decoración, el tamaño de las piezas y la integración del negativo en el color de la cerámica, el blanco sobre el rojo”, indica Defaz.


De la Tacalshapa I se observan las ollas trípode y las compoteras. Las más finas se utilizaban para los rituales. En la fase II las piezas son más grandes, el color es más claro, y las ollas trípode tienen las patas en forma de hoja de penco. Entre otros artículos se conserva también una cuchara e instrumentos de hueso.
En la sala dos se conservan los restos de la cultura Cashaloma. “En esta época ya se observan las innovaciones de formas y combinación de técnicas decorativas en la cerámica”.


De esta etapa se tienen silbatos, sonajeros y sellos, que se utilizaban para decorar el cuerpo, para los rituales y para decorar las piezas.
“Algo singular de esta cultura es que no se difundió más allá de lo que actualmente es la provincia de Cañar, es una de las mejores cerámicas de la época por la decoración y la finura”, indica el guía.


Se destacan los cuencos de tamaño pequeño o también conocidos como coqueros, que antiguamente eran usados para la hoja de coca, que la masticaban porque “les daba fortaleza para trabajar”. (F)


OBRA. Hace 26 años se inauguraron las instalaciones y hace un año se realizó una restauración con cambio de vitrinas y adecuaciones.
ÉPOCAS. El museo reserva 1.330 piezas, que se ubican en los periodos Formativo Tardío,  Desarrollo Regional Integración, Inca y Colonial.
atención. El ingreso al Museo localizado en el parque de Guantug, es gratuito. De lunes a domingo de 08:00 a 13:00 y de 14:00 a 17:00.


El aríbalo es
la forma más representativa de la cerámica incaica
En el Museo de Guantug, que funciona desde agosto de 1992, se conserva un aríbalo, que es la forma más representativa de la cerámica incaica. “El asiento de esta vasija es en forma de punta de trompo, pero se dice que cuando se llenaba de agua mantenía el equilibrio”, explica el guía Paúl Defaz. Asimismo se destaca la cerámica con decoración de pumas y las piezas de cobre como las copas-moneda, que según el tamaño se le daba un valor. Entre los objetos de cobre se atesoran las orejeras, narigueras, tupos, brazaletes, un bastón de mando y los cascabeles, que los danzantes se colocaban en los tobillos para los rituales. “Después viene la invasión española, fue destruido el mundo suntuario de los indígenas y fueron enviados a trabajar en las minas y mitas para sacar el oro”. Es así que para que la gente no pase tiempo en la cerámica porque era un trabajo delicado y tomaba tiempo, los españoles introdujeron un torno de origen árabe. Se conserva una botija y una botella hechas en ese torno. Además de vasos que son una mezcla de las tres culturas: cañari, inca y colonial. (F)

Patricia Naula Herembás
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Museo guarda la historia cañari hasta la Colonia

Ubicado en el parque de Guantug,  cerca del Cerro Narrío, el Museo tiene en exhibición alrededor de 600 piezas de cerámica, piedra, hueso, concha spondylus y
metales como el oro y el cobre.

El Museo Arqueológico de Guantug, en la ciudad de Cañar, nos invita a un viaje en el tiempo. Paúl Defaz, guía del lugar, hace un recorrido que inicia por la Cultura Cañari en sus tres fases y termina en la era Colonial.


En dos salas se exhiben unas 600 piezas arqueológicas de cerámica, piedra, hueso, concha spondylus y metales como cobre y oro. Cada una presenta detalles, colores, formas, texturas y tamaños que marcan la diferencia de cada época.


Los objetos más antiguos son de la cultura Narrío. El guía explica que con estas piezas se ha determinado que los cañaris fueron una sociedad de agricultores que habitaron la región desde hace unos 4.000 años. Hábiles artesanos y ceramistas mantuvieron relación comercial con la Costa, Sierra, Amazonía y el norte de Perú.
En la sala 1 se destaca la recreación de un entierro. En un agujero sobre el piso, se observa un cráneo que lleva una corona de cobre y está rodeado de piezas líticas, herramientas y cuencos de cerámica. “Ellos tenían la creencia de que iban a vivir en otra época y los enterraban con un ajuar”, indica.


Entre las piezas de cerámica se observa una olla globular antropomorfa, que se cree perteneció a un dirigente de alto nivel.
“La cerámica de Narrío se caracteriza, entre otros atributos, por la finura de las paredes, formas y diseños de las líneas estilizadas y realistas”, explica Defaz.
Agrega que el intercambio o trueque permitió encontrar objetos elaborados con concha spondilux, como collares y ucuyayas, que eran instrumentos utilizados en los entierros.


Se conservan además las compoteras y ollas trípodes, que eran utilizadas para cocinar sus alimentos cuando tenían que realizar tareas fuera de sus aldeas o de sus lugares  habitacionales.


A continuación se observan piezas de la cultura Tacalshapa, que estuvo ubicada en las provincias de Cañar y parte del Azuay.
“Distinguimos tres fases denominadas Tacalshapa I, II y III que varían por la decoración, el tamaño de las piezas y la integración del negativo en el color de la cerámica, el blanco sobre el rojo”, indica Defaz.


De la Tacalshapa I se observan las ollas trípode y las compoteras. Las más finas se utilizaban para los rituales. En la fase II las piezas son más grandes, el color es más claro, y las ollas trípode tienen las patas en forma de hoja de penco. Entre otros artículos se conserva también una cuchara e instrumentos de hueso.
En la sala dos se conservan los restos de la cultura Cashaloma. “En esta época ya se observan las innovaciones de formas y combinación de técnicas decorativas en la cerámica”.


De esta etapa se tienen silbatos, sonajeros y sellos, que se utilizaban para decorar el cuerpo, para los rituales y para decorar las piezas.
“Algo singular de esta cultura es que no se difundió más allá de lo que actualmente es la provincia de Cañar, es una de las mejores cerámicas de la época por la decoración y la finura”, indica el guía.


Se destacan los cuencos de tamaño pequeño o también conocidos como coqueros, que antiguamente eran usados para la hoja de coca, que la masticaban porque “les daba fortaleza para trabajar”. (F)


OBRA. Hace 26 años se inauguraron las instalaciones y hace un año se realizó una restauración con cambio de vitrinas y adecuaciones.
ÉPOCAS. El museo reserva 1.330 piezas, que se ubican en los periodos Formativo Tardío,  Desarrollo Regional Integración, Inca y Colonial.
atención. El ingreso al Museo localizado en el parque de Guantug, es gratuito. De lunes a domingo de 08:00 a 13:00 y de 14:00 a 17:00.


El aríbalo es
la forma más representativa de la cerámica incaica
En el Museo de Guantug, que funciona desde agosto de 1992, se conserva un aríbalo, que es la forma más representativa de la cerámica incaica. “El asiento de esta vasija es en forma de punta de trompo, pero se dice que cuando se llenaba de agua mantenía el equilibrio”, explica el guía Paúl Defaz. Asimismo se destaca la cerámica con decoración de pumas y las piezas de cobre como las copas-moneda, que según el tamaño se le daba un valor. Entre los objetos de cobre se atesoran las orejeras, narigueras, tupos, brazaletes, un bastón de mando y los cascabeles, que los danzantes se colocaban en los tobillos para los rituales. “Después viene la invasión española, fue destruido el mundo suntuario de los indígenas y fueron enviados a trabajar en las minas y mitas para sacar el oro”. Es así que para que la gente no pase tiempo en la cerámica porque era un trabajo delicado y tomaba tiempo, los españoles introdujeron un torno de origen árabe. Se conserva una botija y una botella hechas en ese torno. Además de vasos que son una mezcla de las tres culturas: cañari, inca y colonial. (F)

Patricia Naula Herembás
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