Mujeres de Saraguro tejen su identidad con mullos

Los tradicionales tendidos multicolores, manillas, aretes, anillos, son elaborados mullo a mullo por quienes han aprendido este oficio de sus madres y abuelas. En sus diseños se refleja la cosmovisión de su cultura y resaltan los colores vivos tomados del arco iris y relacionados con la Pachamama.
FOTO: Miguel Arévalo El tiempo

La creatividad no tiene límite. Diversidad de colores, tamaños y figuras se observa en la bisutería tradicional elaborada con mullos por las mujeres oriundas de Saraguro, que ofrecen sus creaciones en locales ubicados en los alrededores de la plaza San Francisco.

Una de ellas es Ana María Guaillas, quien mullo a mullo teje los tendidos o collares característicos de las mujeres de su tierra natal. “Nosotros usamos collares de varios colores para lograr un equilibrio con la vestimenta, porque la falda es negra y la blusa y el sombrero son de color blanco, entonces el collar colorido queda vistoso”.

Ella aprendió a tejer con mullos cuando tenía 12 años y lleva más de 40 años dedicada a este oficio. Su madre María Balbina le enseñó a entrelazar las finas perlas, así como enseñó a sus hermanos a tejer en telar y a confeccionar prendas con lana de oveja como fajas y faldas.

Para tejer, Guaillas utiliza una aguja fina, mullos de diferentes colores y tamaños, hilo nylon o elástico, tijeras, gafetes y un alicate. Sin embargo, recuerda que no siempre se ha utilizado la aguja para ensartar los mullos.

“Antes solo se cogía el hilo se torcía y se ensartaba en el mullo, era más demorado; cuando empezamos a usar la aguja el trabajo se hizo más rápido”, dice Guaillas y recuerda que su madre nunca utilizó aguja porque su destreza le permitía tejer los mullos con hilo grueso o de algodón lo que hacía que los productos sean más resistentes.

De los collares que ofrece en su local ubicado en el Centro Municipal Artesanal, Cemuart, señala uno que lo denomina ‘el camino del Inca’. “Se llama así porque tiene un inicio y sigue hasta terminar el collar sin un corte”, explica.

Elaborar estas artesanías con los mullos, también llamados chaquiras, mostacillas u ovalorios, es un arte que se ha transmitido por generaciones.

Una investigación de Nancy Bermeo, docente de la Universidad Nacional de Loja, señala que no hay datos sobre cuándo los tejidos de mullos tuvieron su apogeo comercial. “A inicios de los años 80, la producción era exclusivamente con fines personales, pero a partir de esta época, algunas tiendas en Saraguro ya comenzaron a vender tejidos a nivel local, el mercado fue creciendo y llegaron a otras provincias”, indica Bermeo.

Asimismo, el tradicional tejido de mullos llegó a otros lugares con la migración. Elvia Guamán Quizhpe dejó su natal Saraguro y llegó a Cuenca hace 12 años. Su sustento es la venta de artesanías elaboradas con mullos.

“‘Makiwan Ruray’ significa artesanía hecha a mano”, dice Guamán para explicar el origen del nombre de su marca.

En sus vitrinas se observan anillos, manillas, aretes y collares con modelos que incluyen rombos y triángulos. Las figuras geométricas son características de los diseños precolombinos que hacían los incas para adornar la vestimenta que tejían utilizando lana de vicuña.
Los tejidos con mullos también tienen figuras con formas de corazón o flores o de aves sagradas, como el quinti, que representan a la Pachamama.

Aunque las artesanas han establecido innovaciones en cuanto a colores y modelos, el que nunca falta es el de la Chakana o Cruz Andina, símbolo importante de las culturas de los Andes, que representa la conexión entre el runa (ser humano) y el cosmos. (F)

Diversidad de diseños desde simples hasta los multicolores

En la actualidad las huallcas o collares elaborados con chaquiras tienen nuevos modelos, pues se han innovado para adaptarse a las nuevas tendencias. La base cromática de los collares típicos de Saraguro, son los colores del arco iris. “Para nosotros los colores primarios son siete y están relacionados con el cuerpo humano y con la Pachamama. Son el rojo, el tomate, el amarillo, el verde, el celeste, el azul y el morado en sus diferentes tonalidades”, explicó Ana María Guaillas.

Los tendidos sencillos tienen entre tres y cinco colores pero los más complejos llevan hasta 20. Guaillas tarda unos 40 minutos en confeccionar un collar de tres filas, pero uno más complejo le toma hasta tres días. Los precios varían de acuerdo al tamaño de los tendidos, aunque los más grandes pueden costar entre 60 y 80 dólares. Vender estas artesanías que son parte de la sabiduría ancestral de su pueblo, implica para los saraguros ofrecer productos elaborados por sus propias manos, aunque estén fuera de su tierra natal, de esta manera contribuyen a difundir su cultura y sus saberes. (F)


Patricia Naula Herembás
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Mujeres de Saraguro tejen su identidad con mullos

FOTO: Miguel Arévalo El tiempo

La creatividad no tiene límite. Diversidad de colores, tamaños y figuras se observa en la bisutería tradicional elaborada con mullos por las mujeres oriundas de Saraguro, que ofrecen sus creaciones en locales ubicados en los alrededores de la plaza San Francisco.

Una de ellas es Ana María Guaillas, quien mullo a mullo teje los tendidos o collares característicos de las mujeres de su tierra natal. “Nosotros usamos collares de varios colores para lograr un equilibrio con la vestimenta, porque la falda es negra y la blusa y el sombrero son de color blanco, entonces el collar colorido queda vistoso”.

Ella aprendió a tejer con mullos cuando tenía 12 años y lleva más de 40 años dedicada a este oficio. Su madre María Balbina le enseñó a entrelazar las finas perlas, así como enseñó a sus hermanos a tejer en telar y a confeccionar prendas con lana de oveja como fajas y faldas.

Para tejer, Guaillas utiliza una aguja fina, mullos de diferentes colores y tamaños, hilo nylon o elástico, tijeras, gafetes y un alicate. Sin embargo, recuerda que no siempre se ha utilizado la aguja para ensartar los mullos.

“Antes solo se cogía el hilo se torcía y se ensartaba en el mullo, era más demorado; cuando empezamos a usar la aguja el trabajo se hizo más rápido”, dice Guaillas y recuerda que su madre nunca utilizó aguja porque su destreza le permitía tejer los mullos con hilo grueso o de algodón lo que hacía que los productos sean más resistentes.

De los collares que ofrece en su local ubicado en el Centro Municipal Artesanal, Cemuart, señala uno que lo denomina ‘el camino del Inca’. “Se llama así porque tiene un inicio y sigue hasta terminar el collar sin un corte”, explica.

Elaborar estas artesanías con los mullos, también llamados chaquiras, mostacillas u ovalorios, es un arte que se ha transmitido por generaciones.

Una investigación de Nancy Bermeo, docente de la Universidad Nacional de Loja, señala que no hay datos sobre cuándo los tejidos de mullos tuvieron su apogeo comercial. “A inicios de los años 80, la producción era exclusivamente con fines personales, pero a partir de esta época, algunas tiendas en Saraguro ya comenzaron a vender tejidos a nivel local, el mercado fue creciendo y llegaron a otras provincias”, indica Bermeo.

Asimismo, el tradicional tejido de mullos llegó a otros lugares con la migración. Elvia Guamán Quizhpe dejó su natal Saraguro y llegó a Cuenca hace 12 años. Su sustento es la venta de artesanías elaboradas con mullos.

“‘Makiwan Ruray’ significa artesanía hecha a mano”, dice Guamán para explicar el origen del nombre de su marca.

En sus vitrinas se observan anillos, manillas, aretes y collares con modelos que incluyen rombos y triángulos. Las figuras geométricas son características de los diseños precolombinos que hacían los incas para adornar la vestimenta que tejían utilizando lana de vicuña.
Los tejidos con mullos también tienen figuras con formas de corazón o flores o de aves sagradas, como el quinti, que representan a la Pachamama.

Aunque las artesanas han establecido innovaciones en cuanto a colores y modelos, el que nunca falta es el de la Chakana o Cruz Andina, símbolo importante de las culturas de los Andes, que representa la conexión entre el runa (ser humano) y el cosmos. (F)

Diversidad de diseños desde simples hasta los multicolores

En la actualidad las huallcas o collares elaborados con chaquiras tienen nuevos modelos, pues se han innovado para adaptarse a las nuevas tendencias. La base cromática de los collares típicos de Saraguro, son los colores del arco iris. “Para nosotros los colores primarios son siete y están relacionados con el cuerpo humano y con la Pachamama. Son el rojo, el tomate, el amarillo, el verde, el celeste, el azul y el morado en sus diferentes tonalidades”, explicó Ana María Guaillas.

Los tendidos sencillos tienen entre tres y cinco colores pero los más complejos llevan hasta 20. Guaillas tarda unos 40 minutos en confeccionar un collar de tres filas, pero uno más complejo le toma hasta tres días. Los precios varían de acuerdo al tamaño de los tendidos, aunque los más grandes pueden costar entre 60 y 80 dólares. Vender estas artesanías que son parte de la sabiduría ancestral de su pueblo, implica para los saraguros ofrecer productos elaborados por sus propias manos, aunque estén fuera de su tierra natal, de esta manera contribuyen a difundir su cultura y sus saberes. (F)


Patricia Naula Herembás
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