Antiguos molinos conservan las tradiciones

Vicente Chitacapa coloca en la tolva el trigo para moler.
FOTO: Diego Cáceres EL TIEMPO

Los Molinos de la Nueve forman parte de la historia de Cuenca. Al local de Vicente Chitacapa a diario acuden los clientes con trigo, cebada, arveja y maíz seco y tierno para hacer las harinas que son la base para la preparación de los timbulos, humitas, sopas, tortillas y coladas.

Finas y nutritivas harinas se consiguen con la molienda de granos en el local de Vicente Chitacapa, ubicado en las calles Pío Bravo y Hermano Miguel en el sector de la Nueve de Octubre. Con los molinos que heredó de su suegro Miguel Sinchi, el obrero se dedica a este oficio desde hace 24 años. A diario sus clientes llegan con trigo, cebada, arveja y el maíz seco y tierno.

“Todos muelen cuando cosechan, necesitan la harina para hacer los timbulos y llevar a El Cisne y la gente trata de que estas tradiciones no se pierdan”, asegura Chitacapa.

En esta temporada se muele principalmente el choclo y el próximo mes el maíz seco, aunque nunca le falta clientela. Uno de ellos es Carlos Enríquez, quien acudió con unas 20 libras de cebada. “Coseché en Nabón y traje para moler y hacer la máchica. En el molino de mano es demorado y sale muy grueso, en cambio aquí sale finita”, manifiesta Enríquez.

Los principales usuarios que tiene Chitacapa son del mercado Nueve de octubre, quienes “solicitan moler choclo para las humitas y las tortillas”.

Aunque también llega gente de Ricaurte, Checa, Chiquintad, Sinincay, Mayancela y de sectores de la parte norte de la ciudad.

Los precios varían de acuerdo a la cantidad del cereal que se muela. Por ejemplo, por un balde mediano de choclo cobra entre 2,50 y 3 dólares.

La temporada alta de trabajo es en septiembre. “Me traen sobre todo el maíz, pero siempre hay trigo y cebada”, subraya el artesano.

Desde una canasta y en medio del polvo, Chitacapa coloca los cereales en la tolva e ingresan por una canaleta al molino y se obtiene la harina, que es la base para la preparación de los tradicionales timbulos, humitas, quimbolitos. sopas, tortillas y coladas.

Máquinas
Chitacapa usa cuatro máquinas, dos son para los granos secos, una para granos tiernos y otra para café. Las molinos tienen más de 60 años pues son los que utilizaba su suegro. “Él falleció a los 56 años, pero desde los 13 ya laboraba como obrero. El dueño anterior le había vendido los molinos cuando cumplió la mayoría de edad”, recuerda Chitacapa de 54 años.

Los molinos funcionan con un motor eléctrico que trabaja con bandas de caucho, eje central y poleas. En el que muele los granos secos le coloca lo que denomina ‘masas’ que son dos pesadas ruedas que hacen el trabajo del triturado, la una va fija y la otra rota y van “de acuerdo a lo que se vaya a moler para que salga fino o grueso”.

Aunque a diario usa tres molinos, Chitacapa señala que desde julio pondrá a funcionar las cuatro máquinas “por ser la época de cosecha del maíz”.

Trabajo
Chitacapa tiene dos hijos, uno de ellos es egresado de la Universidad y el segundo tiene ocho años, pero ninguno de los dos se ha dedicado a este oficio.

“Tal vez él pequeño siga la rama, porque estas cosas ya están perdiéndose, no hay quien siga entonces se desaparece”, lamenta el obrero, quien solicitó el respaldo de los gobiernos para el trabajo artesanal.

La molienda es una tradición que se mantiene en el centro de la ciudad. Además del mercado Nueve de Octubre, hay obreros que se dedican a esta actividad en los alrededores de los mercados 10 de Agosto y 3 de Noviembre.

Según el historiador Juan Martínez Borrero, tras la llegada de los españoles y la Fundación de Cuenca en 1557, “las tierras y los indígenas de esta zona fueron encomendados a Rodrigo Núñez de Bonilla, habiéndose desarrollado, como actividad primera, la siembra de trigo y la molienda de harina que fue posible con la construcción de un molino de cámara hecho con los grandes dinteles de los palacios destruidos en la guerra que enfrentó a Huáscar y Atahualpa”.

Con el paso del tiempo aunque con diferentes características, se ha mantenido el oficio de moler los cereales. (F)

DATOS
-Costumbre. Además del sector de la Nueve de Octubre, hay molinos en los alrededores de los mercados 10 de Agosto y 3 de Noviembre.
-Máquina. En el molino para granos secos se coloca lo que se denomina ‘masas’ que son dos pesadas ruedas que hacen el trabajo del triturado.
-Labor. Chitacapa tiene dos hijos pero ninguno se ha dedicado a este oficio. El obrero pide el respaldo de los gobiernos para el trabajo artesanal.

LA CIFRA
64
años tienen los molinos en los que trabaja Vicente Chitacapa.

Patricia Naula Herembás
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Antiguos molinos conservan las tradiciones

Vicente Chitacapa coloca en la tolva el trigo para moler.
FOTO: Diego Cáceres EL TIEMPO

Los Molinos de la Nueve forman parte de la historia de Cuenca. Al local de Vicente Chitacapa a diario acuden los clientes con trigo, cebada, arveja y maíz seco y tierno para hacer las harinas que son la base para la preparación de los timbulos, humitas, sopas, tortillas y coladas.

Finas y nutritivas harinas se consiguen con la molienda de granos en el local de Vicente Chitacapa, ubicado en las calles Pío Bravo y Hermano Miguel en el sector de la Nueve de Octubre. Con los molinos que heredó de su suegro Miguel Sinchi, el obrero se dedica a este oficio desde hace 24 años. A diario sus clientes llegan con trigo, cebada, arveja y el maíz seco y tierno.

“Todos muelen cuando cosechan, necesitan la harina para hacer los timbulos y llevar a El Cisne y la gente trata de que estas tradiciones no se pierdan”, asegura Chitacapa.

En esta temporada se muele principalmente el choclo y el próximo mes el maíz seco, aunque nunca le falta clientela. Uno de ellos es Carlos Enríquez, quien acudió con unas 20 libras de cebada. “Coseché en Nabón y traje para moler y hacer la máchica. En el molino de mano es demorado y sale muy grueso, en cambio aquí sale finita”, manifiesta Enríquez.

Los principales usuarios que tiene Chitacapa son del mercado Nueve de octubre, quienes “solicitan moler choclo para las humitas y las tortillas”.

Aunque también llega gente de Ricaurte, Checa, Chiquintad, Sinincay, Mayancela y de sectores de la parte norte de la ciudad.

Los precios varían de acuerdo a la cantidad del cereal que se muela. Por ejemplo, por un balde mediano de choclo cobra entre 2,50 y 3 dólares.

La temporada alta de trabajo es en septiembre. “Me traen sobre todo el maíz, pero siempre hay trigo y cebada”, subraya el artesano.

Desde una canasta y en medio del polvo, Chitacapa coloca los cereales en la tolva e ingresan por una canaleta al molino y se obtiene la harina, que es la base para la preparación de los tradicionales timbulos, humitas, quimbolitos. sopas, tortillas y coladas.

Máquinas
Chitacapa usa cuatro máquinas, dos son para los granos secos, una para granos tiernos y otra para café. Las molinos tienen más de 60 años pues son los que utilizaba su suegro. “Él falleció a los 56 años, pero desde los 13 ya laboraba como obrero. El dueño anterior le había vendido los molinos cuando cumplió la mayoría de edad”, recuerda Chitacapa de 54 años.

Los molinos funcionan con un motor eléctrico que trabaja con bandas de caucho, eje central y poleas. En el que muele los granos secos le coloca lo que denomina ‘masas’ que son dos pesadas ruedas que hacen el trabajo del triturado, la una va fija y la otra rota y van “de acuerdo a lo que se vaya a moler para que salga fino o grueso”.

Aunque a diario usa tres molinos, Chitacapa señala que desde julio pondrá a funcionar las cuatro máquinas “por ser la época de cosecha del maíz”.

Trabajo
Chitacapa tiene dos hijos, uno de ellos es egresado de la Universidad y el segundo tiene ocho años, pero ninguno de los dos se ha dedicado a este oficio.

“Tal vez él pequeño siga la rama, porque estas cosas ya están perdiéndose, no hay quien siga entonces se desaparece”, lamenta el obrero, quien solicitó el respaldo de los gobiernos para el trabajo artesanal.

La molienda es una tradición que se mantiene en el centro de la ciudad. Además del mercado Nueve de Octubre, hay obreros que se dedican a esta actividad en los alrededores de los mercados 10 de Agosto y 3 de Noviembre.

Según el historiador Juan Martínez Borrero, tras la llegada de los españoles y la Fundación de Cuenca en 1557, “las tierras y los indígenas de esta zona fueron encomendados a Rodrigo Núñez de Bonilla, habiéndose desarrollado, como actividad primera, la siembra de trigo y la molienda de harina que fue posible con la construcción de un molino de cámara hecho con los grandes dinteles de los palacios destruidos en la guerra que enfrentó a Huáscar y Atahualpa”.

Con el paso del tiempo aunque con diferentes características, se ha mantenido el oficio de moler los cereales. (F)

DATOS
-Costumbre. Además del sector de la Nueve de Octubre, hay molinos en los alrededores de los mercados 10 de Agosto y 3 de Noviembre.
-Máquina. En el molino para granos secos se coloca lo que se denomina ‘masas’ que son dos pesadas ruedas que hacen el trabajo del triturado.
-Labor. Chitacapa tiene dos hijos pero ninguno se ha dedicado a este oficio. El obrero pide el respaldo de los gobiernos para el trabajo artesanal.

LA CIFRA
64
años tienen los molinos en los que trabaja Vicente Chitacapa.

Patricia Naula Herembás
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