Dos leyendas que recuerdan la Cuenca de antaño

Ilustración.

Los mitos y leyendas en Cuenca son muy característicos y propios de la cultura azuaya. Personajes anónimos, célebres y míticos convirtieron en historias urbanas estos relatos.

Según el escritor Juan Cordero Íñiguez, cronista vitalicio de la ciudad,  las leyendas y mitos urbanos nacen de hechos históricos, sociales y míticos que con el paso de los años van tomando fuerza en la cultura popular.

Existe un gran número de leyendas en la ciudad que se han quedado en la memoria de los cuencanos, desde el "Cura sin cabeza" hasta  "El perro encadenado". Para esta ocasión, el equipo de Medios Digitales ha preparado una animación de dos leyendas populares: "El farol de la viuda" y "María la guagua".


"María la guagua"

María, al perder a su hijo, entró en demencia y acostumbraba a llevar trapos que se asemejaban a un pequeño niño que colgaba en su espalda.


Martha Iñiguez, quien elaboró una tesis sobre los mitos y leyendas cuencanas, sostiene que María es un hecho real que con el paso de los años se formó como un mito. Manifiesta que existen varias versiones de esta leyenda, pero justamente es el mito popular que va cambiando con el paso de los años.



“Mis abuelos me contaban cuando era niña que esta mujer acostumbraba a caminar sin rumbo por las calles de Cuenca y reclamaba a las personas por su hijo. Ese muñeco que llevaba a todos lados, llenaba el vacío de su bebé muerto". dijo Iñiguez


"El farol de la viuda"

La leyenda de "El farol de la viuda" se trata de una mujer que encontró el amor en otro hombre que no era su esposo, quien había matado a su hija  porque era un obstáculo en su relación.


Hernán Alvarado, de 62 años, morador del sector de El Vado, comenta que cuando eran niños, con sus amigos y hermanos acostumbran a reunirse  a contar estas historias en las noches.


Alvarado manifiesta que según cuenta la leyenda la mujer quedó trastornada y pasaba por las calles del barrio y en la orilla del río buscaba a su hija con un farol en mano.

“Alrededor de las 19:00, entre amigos nos sentamos a contar este tipo de leyendas; ciertamente  teníamos temor en las noches y también la picardía de quedarnos hasta tarde para estar pendiente de si pasaba el farol de la viuda por las calles del barrio”, cuenta Alvarado.

Lee también:

La memoria histórica de Cuenca se vive a través de la actuación

Por: Medios Digitales

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Existe un gran número de leyendas en la ciudad que se han quedado en la memoria de los cuencanos, desde el "Cura sin cabeza" hasta  "El perro encadenado". Para esta ocasión, el equipo de Medios Digitales ha preparado una animación de dos leyendas populares: "El farol de la viuda" y "María la guagua".


"María la guagua"

María, al perder a su hijo, entró en demencia y acostumbraba a llevar trapos que se asemejaban a un pequeño niño que colgaba en su espalda.


Martha Iñiguez, quien elaboró una tesis sobre los mitos y leyendas cuencanas, sostiene que María es un hecho real que con el paso de los años se formó como un mito. Manifiesta que existen varias versiones de esta leyenda, pero justamente es el mito popular que va cambiando con el paso de los años.



“Mis abuelos me contaban cuando era niña que esta mujer acostumbraba a caminar sin rumbo por las calles de Cuenca y reclamaba a las personas por su hijo. Ese muñeco que llevaba a todos lados, llenaba el vacío de su bebé muerto". dijo Iñiguez


"El farol de la viuda"

La leyenda de "El farol de la viuda" se trata de una mujer que encontró el amor en otro hombre que no era su esposo, quien había matado a su hija  porque era un obstáculo en su relación.


Hernán Alvarado, de 62 años, morador del sector de El Vado, comenta que cuando eran niños, con sus amigos y hermanos acostumbran a reunirse  a contar estas historias en las noches.


Alvarado manifiesta que según cuenta la leyenda la mujer quedó trastornada y pasaba por las calles del barrio y en la orilla del río buscaba a su hija con un farol en mano.

“Alrededor de las 19:00, entre amigos nos sentamos a contar este tipo de leyendas; ciertamente  teníamos temor en las noches y también la picardía de quedarnos hasta tarde para estar pendiente de si pasaba el farol de la viuda por las calles del barrio”, cuenta Alvarado.

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