La macana, el artesanal tejido de Gualaceo

Este chal es uno de los artículos más valorados de la sierra austral andina gracias a su elaboración mediante métodos de tintura y tejido que han pasado de padres a hijos, similares a la del ‘ikat’, de origen malayo y cuyo nombre adoptaronlos artesanos ecuatorianos.


Carmen Orellana teje en su taller ubicado en Bullcay. La confección del paño gualaceño o “macana”, es una tradición centenaria en el Azuay.
Enseres de barro en los que se guardan las tinturas, con las que se tiñen los hilos para confeccionar las macanas.


José Jiménez, creador y propietario del museo ‘Casa De La Macana’ localizado en Bullcay es experto en técnicas de extracción de colores.
Detalle del proceso de amarrado de los hilos para dar forma a las figuras que se plasmarán en el tejido  mediante una técnica llamada ‘ikat’.

La confección del paño gualaceño o ‘macana’, patrimonio inmaterial del Ecuador, es una tradición centenaria de la provincia de Azuay, que sus artesanos indígenas buscan preservar a través de técnicas ancestrales y modernas estrategias de comercialización. Este chal recibe el nombre del cantón donde nació, Gualaceo, y es uno de los artículos más valorados de la sierra austral andina gracias a su elaboración mediante métodos de tintura y tejido del paño que han pasado de padres a hijos, similares a la del ‘ikat’, de origen malayo y cuyo nombre adoptaron los artesanos ecuatorianos.
“Solo para tejer una pieza nos toma un día. Y todo el proceso de la urdida y amarrada del diseño, nos lleva de tres a cuatro días”, explicó la artesana Carmen Orellana.


El precio del paño gualaceño oscila entre los 40 y los 500 dólares, dependiendo del tipo de hilo empleado y la cantidad de nudos que requiera su diseño.
De 60 años y oriunda de Bullcay, la artesana explica sin quitar ojo del tejido mientras de forma mecánica maneja su telar, que “la macana es lo más tradicional de nuestra zona”, labor que se transmite de generación en generación.


Su particularidad pasa tanto por la forma de tejer los hilos como por la aplicación del tinte, que siempre es natural y proviene de plantas, insectos, frutas y verduras.
Con su telar, que heredó de sus abuelos aunque asegura que tiene “170 años”, Orellana fabrica a la semana apenas uno o dos de estos codiciados chales.
Algunos de los hilos entran en el telar ya coloreados, pero las formas y figuras finales del tejido se crean en el proceso de teñido gracias a unos nudos con cabuya (hilos de fibra de agave americano) que, estratégicamente colocados, evitan que las zonas amarradas se coloreen nuevamente.


La confección se realiza en un telar tradicional de cintura, dando como resultado túnicas que hasta no hace mucho tiempo servían para identificar el estado de las mujeres que lo portaban: azul y blanco para casadas, negro y blanco para las de la tercera edad.
En una etapa final de la elaboración, los flecos resultantes son anudados, en muchos casos creando figuras con los hilos colgantes.
El creador y propietario del museo ‘Casa De La Macana’, ubicado en esta localidad, el artesano José Jiménez, es un experto en técnicas de extracción de colores.


“Este se llama acacia o algarrobo”, dice al señalar un pigmento color café claro, que se obtiene de la fermentación en agua, durante todo un mes, de la hoja de la acacia.


Una vez obtenido el fermento el resultado se deja hervir durante cuatro horas con sal a fin de “sacar el color”, añade. (F)


Trabajo. Con el telar, que heredó de sus abuelos, Carmen Orellana fabrica a la semana apenas uno o dos de los codiciados chales.
Costo. El precio del paño oscila entre los 40 y los 500 dólares, dependiendo del tipo de hilo empleado y la cantidad de nudos que requiera su diseño.
Confección. En la etapa final de la elaboración, los flecos resultantes son anudados, en muchos casos creando figuras con los hilos colgantes.


Es parte esencial de la vestimenta
de las cholas cuencanas


Los pigmentos naturales líquidos los conservan en tinajas de cerámica andina, hasta darles uso en un proceso que comienza hirviendo la mezcla para sumergir dentro los hilos.


Declarada Patrimonio Cultural Inmaterial por el Ministerio de Cultura de Ecuador en 2015, y ampliamente reconocida entre la población local y turistas extranjeros, la macana es parte esencial de la vestimenta de las famosas cholas cuencanas. Se usa tanto en el día a día como en eventos especiales, y dentro de un proceso de modernización el tejido empieza a usarse también para engalanar todo tipo de prendas y objetos: zapatos, manteles, cojines, billeteras. “Lo que hoy en día estamos haciendo es revalorizar la identidad de un elemento propio de nuestra idiosincrasia, que además tiene un simbolismo muy alto y puede ser adaptado a lo contemporáneo y a la moda”, destaca Fausto Ordóñez, director ejecutivo del Centro Interamericano de Artesanías y Artes Populares, CIDAP. Este tejido que se remonta a tiempos precolombinos, ha capturado ya la atención en mercados de México, Argentina o Estados Unidos y adquirido un valor añadido en prendas modernas de la mano de diseñadoras como María Eulalia Mora, que lo ha llevado a la Ecuador Fashion Week. “La única forma de mantener y rescatar esa producción es con la promoción de esta artesanía y buscar una mejor comercialización”, resaltó la diseñadora cuencana sobre la necesidad de diversificar los usos y aplicaciones del paño tradicional. (F)

La macana, el artesanal tejido de Gualaceo

Este chal es uno de los artículos más valorados de la sierra austral andina gracias a su elaboración mediante métodos de tintura y tejido que han pasado de padres a hijos, similares a la del ‘ikat’, de origen malayo y cuyo nombre adoptaronlos artesanos ecuatorianos.


Carmen Orellana teje en su taller ubicado en Bullcay. La confección del paño gualaceño o “macana”, es una tradición centenaria en el Azuay.
Enseres de barro en los que se guardan las tinturas, con las que se tiñen los hilos para confeccionar las macanas.


José Jiménez, creador y propietario del museo ‘Casa De La Macana’ localizado en Bullcay es experto en técnicas de extracción de colores.
Detalle del proceso de amarrado de los hilos para dar forma a las figuras que se plasmarán en el tejido  mediante una técnica llamada ‘ikat’.

La confección del paño gualaceño o ‘macana’, patrimonio inmaterial del Ecuador, es una tradición centenaria de la provincia de Azuay, que sus artesanos indígenas buscan preservar a través de técnicas ancestrales y modernas estrategias de comercialización. Este chal recibe el nombre del cantón donde nació, Gualaceo, y es uno de los artículos más valorados de la sierra austral andina gracias a su elaboración mediante métodos de tintura y tejido del paño que han pasado de padres a hijos, similares a la del ‘ikat’, de origen malayo y cuyo nombre adoptaron los artesanos ecuatorianos.
“Solo para tejer una pieza nos toma un día. Y todo el proceso de la urdida y amarrada del diseño, nos lleva de tres a cuatro días”, explicó la artesana Carmen Orellana.


El precio del paño gualaceño oscila entre los 40 y los 500 dólares, dependiendo del tipo de hilo empleado y la cantidad de nudos que requiera su diseño.
De 60 años y oriunda de Bullcay, la artesana explica sin quitar ojo del tejido mientras de forma mecánica maneja su telar, que “la macana es lo más tradicional de nuestra zona”, labor que se transmite de generación en generación.


Su particularidad pasa tanto por la forma de tejer los hilos como por la aplicación del tinte, que siempre es natural y proviene de plantas, insectos, frutas y verduras.
Con su telar, que heredó de sus abuelos aunque asegura que tiene “170 años”, Orellana fabrica a la semana apenas uno o dos de estos codiciados chales.
Algunos de los hilos entran en el telar ya coloreados, pero las formas y figuras finales del tejido se crean en el proceso de teñido gracias a unos nudos con cabuya (hilos de fibra de agave americano) que, estratégicamente colocados, evitan que las zonas amarradas se coloreen nuevamente.


La confección se realiza en un telar tradicional de cintura, dando como resultado túnicas que hasta no hace mucho tiempo servían para identificar el estado de las mujeres que lo portaban: azul y blanco para casadas, negro y blanco para las de la tercera edad.
En una etapa final de la elaboración, los flecos resultantes son anudados, en muchos casos creando figuras con los hilos colgantes.
El creador y propietario del museo ‘Casa De La Macana’, ubicado en esta localidad, el artesano José Jiménez, es un experto en técnicas de extracción de colores.


“Este se llama acacia o algarrobo”, dice al señalar un pigmento color café claro, que se obtiene de la fermentación en agua, durante todo un mes, de la hoja de la acacia.


Una vez obtenido el fermento el resultado se deja hervir durante cuatro horas con sal a fin de “sacar el color”, añade. (F)


Trabajo. Con el telar, que heredó de sus abuelos, Carmen Orellana fabrica a la semana apenas uno o dos de los codiciados chales.
Costo. El precio del paño oscila entre los 40 y los 500 dólares, dependiendo del tipo de hilo empleado y la cantidad de nudos que requiera su diseño.
Confección. En la etapa final de la elaboración, los flecos resultantes son anudados, en muchos casos creando figuras con los hilos colgantes.


Es parte esencial de la vestimenta
de las cholas cuencanas


Los pigmentos naturales líquidos los conservan en tinajas de cerámica andina, hasta darles uso en un proceso que comienza hirviendo la mezcla para sumergir dentro los hilos.


Declarada Patrimonio Cultural Inmaterial por el Ministerio de Cultura de Ecuador en 2015, y ampliamente reconocida entre la población local y turistas extranjeros, la macana es parte esencial de la vestimenta de las famosas cholas cuencanas. Se usa tanto en el día a día como en eventos especiales, y dentro de un proceso de modernización el tejido empieza a usarse también para engalanar todo tipo de prendas y objetos: zapatos, manteles, cojines, billeteras. “Lo que hoy en día estamos haciendo es revalorizar la identidad de un elemento propio de nuestra idiosincrasia, que además tiene un simbolismo muy alto y puede ser adaptado a lo contemporáneo y a la moda”, destaca Fausto Ordóñez, director ejecutivo del Centro Interamericano de Artesanías y Artes Populares, CIDAP. Este tejido que se remonta a tiempos precolombinos, ha capturado ya la atención en mercados de México, Argentina o Estados Unidos y adquirido un valor añadido en prendas modernas de la mano de diseñadoras como María Eulalia Mora, que lo ha llevado a la Ecuador Fashion Week. “La única forma de mantener y rescatar esa producción es con la promoción de esta artesanía y buscar una mejor comercialización”, resaltó la diseñadora cuencana sobre la necesidad de diversificar los usos y aplicaciones del paño tradicional. (F)