Dos décadas y un poco más de brillar en las tablas

Mabel Petroff Actriz de teatro cuencana

Mabel Petroff es una de las actrices más reconocidas de la ciudad y el país, y de las pocas que alcanzó la internacionalización con su trabajo en artes escénicas. Esto le fue posible gracias a varios y singulares factores.

Esa noche la actriz personifica a Odiseo, Pentesilea y Vogel en la obra ‘Pentesilea von Kleist’, montada por Teatro Brujo y dirigida por Bruno Castillo. Brilla sobre las tablas sin mayor esfuerzo aunque detrás del escenario existen más de dos décadas de trabajo que hoy, dejan a los espectadores boquiabiertos.
El nombre de Mabel Petroff es quizá uno de los más fáciles de reconocer y recordar cuando se habla del teatro cuencano. Vive en México hace 12 años pero visita Cuenca de manera constante porque su público la reclama. Echa de menos a la actriz que se enamoró de Bruno Castillo y crearon juntos un proyecto artístico que ha cumplido 10 años.


Su aparición en el cine y la televisión tampoco ha pasado desapercibida. Directores como Peky Andino confiaron en su trabajo para distintas producciones. Pero las luces y los telones de las tablas se crearon para ella.


En una entrevista exclusiva para diario EL TIEMPO, Mabel cuenta con sencillez y un humor muy fino, cómo ha sido tocar el éxito con las manos en teatros con capacidad para 3.000 personas en un país lejano y lo que espera de su ciudad o las políticas públicas que considera, deberían generarse en el Ecuador para reivindicar su apoyo a las artes escénicas.


p. el lector anhela los comienzos. ¿cómo empezó todo?
r. Aunque mi papá siempre me ponía frente a las cámaras y me hacía actuar cuando era niña, yo me paralizaba del miedo y me puse la etiqueta de ‘tímida’. Entonces tomé un taller con el dramaturgo y director Diego Carrasco únicamente para quitarme el miedo. Y bueno, Diego vio algo en mí y me invitó a ser parte de una obra llamada ‘Yo vine para preguntar’, en la que reemplacé a Monserrath Astudillo. Formamos después una agrupación que estuvo vigente por dos años y decidí que definitivamente el teatro era mi vida y supe desde entonces que era lo que pretendía hacer por el resto de mis días.


p. ¿fue siempre méxico una opción?
r. No. Yo llegué a México por primera vez en 2007 sin la intención de quedarme porque fui invitada por el Instituto Cultural Helénico para una obra sobre migración del director y productor Salomón Reyes. Recuerdo que participó gente de Alemania, Uruguay, Ecuador y México y fue una experiencia maravillosa. Poquito a poco me fui quedando hasta que me conquistó un mexicano. Siempre he estado entre idas y vueltas, con una vida bastante peculiar, nómada, gitana.


p. además del amor. ¿qué encontraste en méxico con respecto a tu carrera, que no tuviste en cuenca?
r. Son dos medios radicalmente distintos.  México tiene políticas culturales desde hace varios años y obviamente, la capacidad para gestionar becas, institutos y escuelas de arte, y sobre todo, un público ganado. Allá los centros culturales están llenos de teatros y todos tienen espectadores. No hay punto de comparación. Hay otras cosas en cambio que al Ecuador lo vuelven rico. Aquí los artistas son súper aguerridos, no importa que no haya dinero de por medio porque buscan las formas para lograr las cosas. Los mexicanos, no todos por supuesto, son más cómodos en este sentido y a veces les importa mucho cuánto van a ganar, más que el proyecto que van a hacer. Existen pros y contras de cada lado. Finalmente, en México es mucho más fácil conseguir un trabajo de actriz, mientras que en nuestro país nos toca competir con Netflix, con la pantalla del celular y el frío de Cuenca. Esta ciudad es un medio hostil para el teatro y las instituciones culturales todavía no se dan cuenta de la mano que deben darnos para surgir. Todo esto, también hizo que me vaya.


p. ¿qué políticas públicas hacen falta para que el teatro sobreviva en cuenca?
r. En el país entero hay que dejar de creer que todo es presupuesto y que se arregla con dinero. Yo pienso que no. Y que no se entienda que con ello les libro a las autoridades de su responsabilidad para  entregarlo, pero también hay otro tipo de políticas públicas. Por ejemplo, dar a conocer los espacios ‘escondidos’ y promocionar los eventos en pantallas gigantes: en los parques, en las plazas, en el espacio público. Solo imagino si el edificio de la Corte Provincial de Justicia cumpliría la misma función que el Teatro Sucre y se convertiría en un Palacio de Bellas Artes, o si las obras se anunciarían en los aeropuertos. La difusión es tan esencial.


p. ¿cuál es la concepción con la que nació teatro brujo?
r. Desde su nombre, Teatro Brujo tiene una concepción del teatro como un acto mágico, que debe cambiarnos a nosotros mismos o a algún espectador. La idea siempre ha sido trabajar con más gente porque en Cuenca hay actores maravillosos que están desperdiciados como Pablo Balseca o Sebastián Ordóñez, por ejemplo. Cuando adaptamos la obra ‘Espectros’ de Henrik Ibsen, pensamos en ellos, además del resto del elenco maravilloso. Siempre intentamos aplicar aquí lo que aprendemos en México.


p. ¿qué tan complejo ha sido trabajar con tu pareja?
r. Es difícil, pero usamos una metodología de inventarnos personajes ficticios al momento de ensayar, donde no somos ni Mabel ni Bruno. Cuando el ensayo acaba, volvemos a la normalidad.


p. ¿existe un personaje especial que has amado interpretar?
r. Estoy segura de que los personajes son como los hijos. No sé qué es tenerlos pero sostengo esta idea porque hay una cosa de parirlos y mantenerlos. Sin embargo, yo diría que ‘El Diablito’ me ha regalado momentos tan radicalmente opuestos, pues con él he pasado de los teatros enormes a pueblitos en los que hay 20 niños mirándome. Una vez en Pucará casi me linchan por presentarlo afuera de una iglesia. En ese momento les pedí a los niños, quienes con su mirada honesta y su sencillez escuchaban el cuento, que me siguieran para otro lado y lo hicieron. Presentar una obra en la calle es una escuela, un aprendizaje total para cualquier actor. (I)


Decidí que el teatro era mi vida y supe desde entonces que era lo que pretendía hacer por el resto de mis días”.
Poquito a poco me fui quedando hasta que me conquistó un mexicano. Tengo una vida de gitana”.  
En Ecuador los artistas son súper aguerridos, no importa que no haya dinero porque buscan las formas”.
Teatro Brujo tiene una concepción del teatro como un acto mágico, que debe cambiarnos a nosotros mismos”.
                    
Comienzos. Mabel Petroff se inició como actriz de teatro en un taller de actuación dictado por el director y dramaturgo Diego Carrasco, en 1996.
Televisión. La actriz cuencana fue parte de la serie de televisión ‘Secretos’, dirigida por el quiteño Peky Andino y transmitida por Ecuavisa.
Teatro brujo. Junto a Bruno Castillo, su pareja y compañero de trabajo, han creado obras como ‘ARS Erótika’ y ‘Pentesilea von Kleist’.  
2
obras nuevas prepara Teatro Brujo:
‘Homo Consumens’
y ‘Atahualpa’.

Isabel Aguilar
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Dos décadas y un poco más de brillar en las tablas

Mabel Petroff Actriz de teatro cuencana

Mabel Petroff es una de las actrices más reconocidas de la ciudad y el país, y de las pocas que alcanzó la internacionalización con su trabajo en artes escénicas. Esto le fue posible gracias a varios y singulares factores.

Esa noche la actriz personifica a Odiseo, Pentesilea y Vogel en la obra ‘Pentesilea von Kleist’, montada por Teatro Brujo y dirigida por Bruno Castillo. Brilla sobre las tablas sin mayor esfuerzo aunque detrás del escenario existen más de dos décadas de trabajo que hoy, dejan a los espectadores boquiabiertos.
El nombre de Mabel Petroff es quizá uno de los más fáciles de reconocer y recordar cuando se habla del teatro cuencano. Vive en México hace 12 años pero visita Cuenca de manera constante porque su público la reclama. Echa de menos a la actriz que se enamoró de Bruno Castillo y crearon juntos un proyecto artístico que ha cumplido 10 años.


Su aparición en el cine y la televisión tampoco ha pasado desapercibida. Directores como Peky Andino confiaron en su trabajo para distintas producciones. Pero las luces y los telones de las tablas se crearon para ella.


En una entrevista exclusiva para diario EL TIEMPO, Mabel cuenta con sencillez y un humor muy fino, cómo ha sido tocar el éxito con las manos en teatros con capacidad para 3.000 personas en un país lejano y lo que espera de su ciudad o las políticas públicas que considera, deberían generarse en el Ecuador para reivindicar su apoyo a las artes escénicas.


p. el lector anhela los comienzos. ¿cómo empezó todo?
r. Aunque mi papá siempre me ponía frente a las cámaras y me hacía actuar cuando era niña, yo me paralizaba del miedo y me puse la etiqueta de ‘tímida’. Entonces tomé un taller con el dramaturgo y director Diego Carrasco únicamente para quitarme el miedo. Y bueno, Diego vio algo en mí y me invitó a ser parte de una obra llamada ‘Yo vine para preguntar’, en la que reemplacé a Monserrath Astudillo. Formamos después una agrupación que estuvo vigente por dos años y decidí que definitivamente el teatro era mi vida y supe desde entonces que era lo que pretendía hacer por el resto de mis días.


p. ¿fue siempre méxico una opción?
r. No. Yo llegué a México por primera vez en 2007 sin la intención de quedarme porque fui invitada por el Instituto Cultural Helénico para una obra sobre migración del director y productor Salomón Reyes. Recuerdo que participó gente de Alemania, Uruguay, Ecuador y México y fue una experiencia maravillosa. Poquito a poco me fui quedando hasta que me conquistó un mexicano. Siempre he estado entre idas y vueltas, con una vida bastante peculiar, nómada, gitana.


p. además del amor. ¿qué encontraste en méxico con respecto a tu carrera, que no tuviste en cuenca?
r. Son dos medios radicalmente distintos.  México tiene políticas culturales desde hace varios años y obviamente, la capacidad para gestionar becas, institutos y escuelas de arte, y sobre todo, un público ganado. Allá los centros culturales están llenos de teatros y todos tienen espectadores. No hay punto de comparación. Hay otras cosas en cambio que al Ecuador lo vuelven rico. Aquí los artistas son súper aguerridos, no importa que no haya dinero de por medio porque buscan las formas para lograr las cosas. Los mexicanos, no todos por supuesto, son más cómodos en este sentido y a veces les importa mucho cuánto van a ganar, más que el proyecto que van a hacer. Existen pros y contras de cada lado. Finalmente, en México es mucho más fácil conseguir un trabajo de actriz, mientras que en nuestro país nos toca competir con Netflix, con la pantalla del celular y el frío de Cuenca. Esta ciudad es un medio hostil para el teatro y las instituciones culturales todavía no se dan cuenta de la mano que deben darnos para surgir. Todo esto, también hizo que me vaya.


p. ¿qué políticas públicas hacen falta para que el teatro sobreviva en cuenca?
r. En el país entero hay que dejar de creer que todo es presupuesto y que se arregla con dinero. Yo pienso que no. Y que no se entienda que con ello les libro a las autoridades de su responsabilidad para  entregarlo, pero también hay otro tipo de políticas públicas. Por ejemplo, dar a conocer los espacios ‘escondidos’ y promocionar los eventos en pantallas gigantes: en los parques, en las plazas, en el espacio público. Solo imagino si el edificio de la Corte Provincial de Justicia cumpliría la misma función que el Teatro Sucre y se convertiría en un Palacio de Bellas Artes, o si las obras se anunciarían en los aeropuertos. La difusión es tan esencial.


p. ¿cuál es la concepción con la que nació teatro brujo?
r. Desde su nombre, Teatro Brujo tiene una concepción del teatro como un acto mágico, que debe cambiarnos a nosotros mismos o a algún espectador. La idea siempre ha sido trabajar con más gente porque en Cuenca hay actores maravillosos que están desperdiciados como Pablo Balseca o Sebastián Ordóñez, por ejemplo. Cuando adaptamos la obra ‘Espectros’ de Henrik Ibsen, pensamos en ellos, además del resto del elenco maravilloso. Siempre intentamos aplicar aquí lo que aprendemos en México.


p. ¿qué tan complejo ha sido trabajar con tu pareja?
r. Es difícil, pero usamos una metodología de inventarnos personajes ficticios al momento de ensayar, donde no somos ni Mabel ni Bruno. Cuando el ensayo acaba, volvemos a la normalidad.


p. ¿existe un personaje especial que has amado interpretar?
r. Estoy segura de que los personajes son como los hijos. No sé qué es tenerlos pero sostengo esta idea porque hay una cosa de parirlos y mantenerlos. Sin embargo, yo diría que ‘El Diablito’ me ha regalado momentos tan radicalmente opuestos, pues con él he pasado de los teatros enormes a pueblitos en los que hay 20 niños mirándome. Una vez en Pucará casi me linchan por presentarlo afuera de una iglesia. En ese momento les pedí a los niños, quienes con su mirada honesta y su sencillez escuchaban el cuento, que me siguieran para otro lado y lo hicieron. Presentar una obra en la calle es una escuela, un aprendizaje total para cualquier actor. (I)


Decidí que el teatro era mi vida y supe desde entonces que era lo que pretendía hacer por el resto de mis días”.
Poquito a poco me fui quedando hasta que me conquistó un mexicano. Tengo una vida de gitana”.  
En Ecuador los artistas son súper aguerridos, no importa que no haya dinero porque buscan las formas”.
Teatro Brujo tiene una concepción del teatro como un acto mágico, que debe cambiarnos a nosotros mismos”.
                    
Comienzos. Mabel Petroff se inició como actriz de teatro en un taller de actuación dictado por el director y dramaturgo Diego Carrasco, en 1996.
Televisión. La actriz cuencana fue parte de la serie de televisión ‘Secretos’, dirigida por el quiteño Peky Andino y transmitida por Ecuavisa.
Teatro brujo. Junto a Bruno Castillo, su pareja y compañero de trabajo, han creado obras como ‘ARS Erótika’ y ‘Pentesilea von Kleist’.  
2
obras nuevas prepara Teatro Brujo:
‘Homo Consumens’
y ‘Atahualpa’.

Isabel Aguilar
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