La hacienda azuaya en la mirada de Carrasco

Manuel Carrasco Vintimilla, historiador.

La Cátedra Abierta de Historia de la Universidad de Cuenca presentó el libro ‘La hacienda azuaya y otros temas de nuestra historia regional’, como parte de las inquietudes del profesor jubilado Manuel Carrasco.

Manuel Carrasco Vintimilla nació en 1939 en Cuenca. Le apasiona la historia, la educación y el campo. Es profesor jubilado de la Universidad de Cuenca y miembro fundador de Cátedra Abierta de Historia de Cuenca y su Región.

Entre sus inquietudes está su nuevo libro, ‘La hacienda azuaya y otros temas de nuestra historia regional’, que lanzó la semana pasada a través de la Cátedra Abierta.

P. ¿Por qué una investigación sobre la hacienda azuya?
R. Se trata de una inquietud investigativa e historiográfica que viene de muy atras. Yo me crié en una hacienda de origen colonial. Mi abuelo Francisco Carrasco Serrano tuvo la precaución de reunir todos los papeles que originaron esta hacienda desde las primeras mercedes de tierra, que eran parcelas muy señaladas de 58 o 60 cuadras, las composiciones que vinieron después y finalmente ya las herencias. Mi bisabuela venía de una familia terrateniente colonial y por esa situación la familia heredó esta hacienda de paso en el actual cantón Nabón. Por una serie de circunstancias, la hacienda se dividió y mi padre quedó con una parte y luego arrendó la parte central que heredó la mamá. Nos criamos allí, en una casa colonial. Luego la hacienda se vendió, pero mi padre hizo una selección de los papeles que tenía de su papá y le entregó una parte al nuevo dueño. La otra se quedó con él, y ahora conmigo. Digamos que esa es la historia de los documentos de la hacienda y de allí surgió mi inquietud.

P. No es su primer estudio en torno a este tema...
R. En la década de los 90 publiqué un primer artículo en la revista de la Casa de la Cultura sobre la historia de la hacienda de paso. Luego hubo otros intereses, como las ruinas de Dumapara que descubrí que eran parte de la hacienda de paso. También encontré otros documentos que de alguna manera nos da otras pistas diferentes de las que tienen los arqueólogos. He encontrado un estudio sobre el Qhapaq Ñan y los tambos; en fin, la hacienda era muy grande y he ido investigando en torno a cómo se consolidó.

P. ¿Qué descubrió?
R. Hay muchos datos que podría decir que son reveladores. La idea de la gente es de que la propiedad agrícola, territorial, estuvo a la voluntad de los conquistadores. Que llegaba alguien a caballo, con la espada y la cruz en la mano y decía: “aquí, allá y más allá... esta es mi hacienda”. No es eso... es un proceso histórico. El descubrimiento, la conquista y la colonización fue un proceso bien planificado. No se hacía las cosas al azar. Cuando se funda Cuenca (1557) lo primero que se hace es establecer el Cabildo, un ente que maneja las leyes. El cabildo tuvo la facultad de conceder mercedes reales. Claro, pensamos y con qué derecho la Corona tenía esa potestad. Es doloroso, sin duda, pero no podemos renunciar a lo que somos: el producto de un mestizaje cultural. El Cabildo concedía de 58 a 60 cuadras (una hectárea) de terreno. No era un gran latifundio, Cuenca se fundó con 20 vecinos. Se sabe que alrededor de Cuenca, en Gualaceo, en Río Santa Bárbara, en el Espíritu Santo había ya gente que estaba trabajando las minas. Entonces, la idea era asentar a la gente aquí. Cuenca era un sitio de encrucijadas. La condición del Cabildo era que los vecinos trabajen la tierra concedida.

P. ¿Era fácil conseguir tierra?
R. Es que no era “venga, ya estoy aquí”. Los españoles tenían que pedir permiso al Cabildo y que este les concedan el permiso de llegar a esta tierra. Tenían que demostrar que poseían capacidad de edificar casas, cultivar la tierra, etc.

P. ¿Qué pasó con los indígenas?
R. A los indígenas se les ubicó en las reducciones indígenas, acá en Paccha, en Nulti. Por lo menos sabemos eso. En el actual cantón de Nabón también se hizo una segunda reducción. Indudablemente se hacía con el propósito de tener mano de obra cercana, pero no hubo un despojo. Eso lo reconoce un historiador francés Poloni-Simard. Él indica que los indígenas también tuvieron derecho a la tierra; era la tierra de ellos, sin duda. Se establecieron los pueblos indígenas, con su leyes y con sus tierras. Incluso parece que se mantuvo el sistema tripartito de la división de la tierra que tenían los incas. A raíz de esto vino lo que Poloni-Simard señala como el ‘hambre de tierras’.

P. ¿De qué se trata?
R. Empezaron a repartirse las tierras; empezaron a llegar vecinos con sed de tierra. Los ricos tendieron a acaparar tierras y agrandar sus fincas; las adquirían por compra o usurpación a sus vecinos pobres.

P. En su libro habla acerca de Iglesia Católica y el asunto de tierras...
R. Efectivamente, la Iglesia Católica fue en la época colonial y en los periodos históricos sucesivos una de las más grandes poseedores de bienes terrenales, especialmente de propiedades agrícolas y ganaderas. Los Jesuitas lograron acumular grandes propiedades. Pese al inmenso poder económico, político y social del que gozaba también fue vulnerada en sus intereses en el marco de procesos políticos y sociales.

P. ¿Cuál era la función y el valor económico de la hacienda?
P. En los primeros años las mercedes de tierra y luego las composiciones hacían referencia a solares en la urbe, a cuadras, sitios, hatos, entre otros. El término ‘hacienda’ empieza a utilizarse hacia la segunda mitas del siglo XVII. Estas haciendas se crearon dentro de un sistema agrario a fin de responder a las circunstancias locales. Fueron unidades productivas de desarrollo tardío vinculadas a sectores de exportación. Entre mediados del siglo XVII y XX, se utilizó el término para referirse a una propiedad rural, de considerable extensión, dedicada a la producción agropecuaria. (I)

Mihaela Ionela Badin
Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

La hacienda azuaya en la mirada de Carrasco

Manuel Carrasco Vintimilla, historiador.

La Cátedra Abierta de Historia de la Universidad de Cuenca presentó el libro ‘La hacienda azuaya y otros temas de nuestra historia regional’, como parte de las inquietudes del profesor jubilado Manuel Carrasco.

Manuel Carrasco Vintimilla nació en 1939 en Cuenca. Le apasiona la historia, la educación y el campo. Es profesor jubilado de la Universidad de Cuenca y miembro fundador de Cátedra Abierta de Historia de Cuenca y su Región.

Entre sus inquietudes está su nuevo libro, ‘La hacienda azuaya y otros temas de nuestra historia regional’, que lanzó la semana pasada a través de la Cátedra Abierta.

P. ¿Por qué una investigación sobre la hacienda azuya?
R. Se trata de una inquietud investigativa e historiográfica que viene de muy atras. Yo me crié en una hacienda de origen colonial. Mi abuelo Francisco Carrasco Serrano tuvo la precaución de reunir todos los papeles que originaron esta hacienda desde las primeras mercedes de tierra, que eran parcelas muy señaladas de 58 o 60 cuadras, las composiciones que vinieron después y finalmente ya las herencias. Mi bisabuela venía de una familia terrateniente colonial y por esa situación la familia heredó esta hacienda de paso en el actual cantón Nabón. Por una serie de circunstancias, la hacienda se dividió y mi padre quedó con una parte y luego arrendó la parte central que heredó la mamá. Nos criamos allí, en una casa colonial. Luego la hacienda se vendió, pero mi padre hizo una selección de los papeles que tenía de su papá y le entregó una parte al nuevo dueño. La otra se quedó con él, y ahora conmigo. Digamos que esa es la historia de los documentos de la hacienda y de allí surgió mi inquietud.

P. No es su primer estudio en torno a este tema...
R. En la década de los 90 publiqué un primer artículo en la revista de la Casa de la Cultura sobre la historia de la hacienda de paso. Luego hubo otros intereses, como las ruinas de Dumapara que descubrí que eran parte de la hacienda de paso. También encontré otros documentos que de alguna manera nos da otras pistas diferentes de las que tienen los arqueólogos. He encontrado un estudio sobre el Qhapaq Ñan y los tambos; en fin, la hacienda era muy grande y he ido investigando en torno a cómo se consolidó.

P. ¿Qué descubrió?
R. Hay muchos datos que podría decir que son reveladores. La idea de la gente es de que la propiedad agrícola, territorial, estuvo a la voluntad de los conquistadores. Que llegaba alguien a caballo, con la espada y la cruz en la mano y decía: “aquí, allá y más allá... esta es mi hacienda”. No es eso... es un proceso histórico. El descubrimiento, la conquista y la colonización fue un proceso bien planificado. No se hacía las cosas al azar. Cuando se funda Cuenca (1557) lo primero que se hace es establecer el Cabildo, un ente que maneja las leyes. El cabildo tuvo la facultad de conceder mercedes reales. Claro, pensamos y con qué derecho la Corona tenía esa potestad. Es doloroso, sin duda, pero no podemos renunciar a lo que somos: el producto de un mestizaje cultural. El Cabildo concedía de 58 a 60 cuadras (una hectárea) de terreno. No era un gran latifundio, Cuenca se fundó con 20 vecinos. Se sabe que alrededor de Cuenca, en Gualaceo, en Río Santa Bárbara, en el Espíritu Santo había ya gente que estaba trabajando las minas. Entonces, la idea era asentar a la gente aquí. Cuenca era un sitio de encrucijadas. La condición del Cabildo era que los vecinos trabajen la tierra concedida.

P. ¿Era fácil conseguir tierra?
R. Es que no era “venga, ya estoy aquí”. Los españoles tenían que pedir permiso al Cabildo y que este les concedan el permiso de llegar a esta tierra. Tenían que demostrar que poseían capacidad de edificar casas, cultivar la tierra, etc.

P. ¿Qué pasó con los indígenas?
R. A los indígenas se les ubicó en las reducciones indígenas, acá en Paccha, en Nulti. Por lo menos sabemos eso. En el actual cantón de Nabón también se hizo una segunda reducción. Indudablemente se hacía con el propósito de tener mano de obra cercana, pero no hubo un despojo. Eso lo reconoce un historiador francés Poloni-Simard. Él indica que los indígenas también tuvieron derecho a la tierra; era la tierra de ellos, sin duda. Se establecieron los pueblos indígenas, con su leyes y con sus tierras. Incluso parece que se mantuvo el sistema tripartito de la división de la tierra que tenían los incas. A raíz de esto vino lo que Poloni-Simard señala como el ‘hambre de tierras’.

P. ¿De qué se trata?
R. Empezaron a repartirse las tierras; empezaron a llegar vecinos con sed de tierra. Los ricos tendieron a acaparar tierras y agrandar sus fincas; las adquirían por compra o usurpación a sus vecinos pobres.

P. En su libro habla acerca de Iglesia Católica y el asunto de tierras...
R. Efectivamente, la Iglesia Católica fue en la época colonial y en los periodos históricos sucesivos una de las más grandes poseedores de bienes terrenales, especialmente de propiedades agrícolas y ganaderas. Los Jesuitas lograron acumular grandes propiedades. Pese al inmenso poder económico, político y social del que gozaba también fue vulnerada en sus intereses en el marco de procesos políticos y sociales.

P. ¿Cuál era la función y el valor económico de la hacienda?
P. En los primeros años las mercedes de tierra y luego las composiciones hacían referencia a solares en la urbe, a cuadras, sitios, hatos, entre otros. El término ‘hacienda’ empieza a utilizarse hacia la segunda mitas del siglo XVII. Estas haciendas se crearon dentro de un sistema agrario a fin de responder a las circunstancias locales. Fueron unidades productivas de desarrollo tardío vinculadas a sectores de exportación. Entre mediados del siglo XVII y XX, se utilizó el término para referirse a una propiedad rural, de considerable extensión, dedicada a la producción agropecuaria. (I)

Mihaela Ionela Badin
Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.