Juan Gutiérrez funde el oficio, el arte y la creatividad

El artesano pertenece a la cuarta generación que se dedica a moldear el cobre y dar forma a una diversidad de objetos. Tiene la experiencia de controlar el fuego, conocer los cinceles, los masos y disponer de los materiales. Pero, las verdaderas herramientas son sus manos, sus saberes y su creatividad.

Las obras creadas con el cobre reflejan la cara más artesanal, compleja, creativa y tal vez, oculta del arte. Juan Gutiérrez Durán, de 54 años, trabaja su taller en la calle La Condamine en la bajada del Vado.

Pertenece a la cuarta generación que se dedica al oficio de dar forma al cobre y crear diversidad de objetos. Tiene la experiencia de controlar el fuego, conocer los cinceles, los masos y disponer de los materiales. Pero, las verdaderas herramientas son sus manos, sus saberes y su creatividad.

El artesano mantiene vivo este trabajo que con el paso del tiempo se ha ido perdiendo. “Este conocimiento se irá conmigo a la tumba”, sentencia, y a la vez hace un enérgico llamado a las autoridades a tomar verdaderas acciones para preservar la tradición.

“Estoy en El Vado ya 36 años en el taller ‘La forja en cobre’, antes estuvo mi padre David Gutiérrez Avilés durante 60 años. A ellos preceden Carlos Astudillo Avilés y Gerónimo Astudillo Avilés ” quienes ya fallecieron, rememora Juan.

Cada una de esas generaciones aportó con “un granito de arena” para llegar a lo que hoy se ofrece en este local, que se inició con la hojalatería; le siguió la forja de canales y luego el moldeado de pailas de cobre y alambiques.

Don Juan conoce todas estas técnicas, pero además ha desarrollado el tallado y cincelado en cobre. Así crea candados, rosetones, coronas, olletas, colibríes, gallos, cuadros cincelados y lo que surge de su mente. No ha pasado por una formación académica, pero tiene claro el valor de su sabiduría. Se considera “bendecido por ‘tayta’ Dios”.

“Mi mejor aliado es el fuego y el cobre es tan noble que se le puede moldear y dar la forma que quiera”, asegura don Juan en su taller, donde trabaja rodeado de herramientas y artesanías decorativas, fruto de su trabajo. Elabora también artículos utilitarios como baldes, comederos, cantarillas, lavacaras y tinas, jarras, que ahora la gente compra muy poco.

Entre sus obras se destacan las pailas de cobre. Las hace desde cinco litros hasta 300 o 400 litros. Se adapta al gusto de los clientes. “Son usadas, sobre todo, por la gente del campo para hacer el tostado, para pelar el mote y para hacer la fritada porque dicen que ‘sale más suquita’”, manifiesta.

Ha elaborado también las grandes pailas que se emplean durante la Fiesta de los Toros de Girón, que se celebra entre octubre y noviembre. “Son de 250 litros y las piden para preparar el caldo de toro, típico de la tradición de ese cantón”.

También ha hecho evaporadoras de 500 litros, que se usan para hacer la panela y alambiques de hasta 1.000 litros de capacidad.

Los precios de los artículos varían de acuerdo al tamaño, al tiempo de trabajo y a la complejidad de los diseños. Una paila de 60 litros cuesta 650 dólares. Funde la materia prima a temperaturas que alcanzan los 1.200 o 1.500 grados y lo convierte en algo tan imperecedero como una escultura. Golpe a golpe forja los diseños, que ha variado con el tiempo para diversificar el mercado. Una de las actividades más laboriosas es el tallado, puede demorar hasta tres meses en esculpir una olla mediana.

Temporada
La época de mayor trabajo suele ser Carnaval, que se caracteriza por la costumbre de matar el chancho e invitar a la familia a compartir, una tradición que también ha decaído, señala.

“Ahora será de dedicarse a hacer pailas para los políticos, que vayan con paila propia abajo”, bromea.

En su taller conserva un ‘libro de visitas’, con dedicatorias y reconocimientos de turistas de diferentes países como Suiza, Francia, España, Estados Unidos y Canadá, hasta donde han ido sus obras. (F)

Valora su oficio como parte del patrimonio intangible

Día a día el artesano Juan Gutiérrez trabaja con el cobre y mantiene vivo este oficio, que valora como parte del patrimonio intangible de la ciudad.

Tiene dos hijos profesionales y ninguno de ellos continuará con la tradición, por ello hizo un llamado a apreciar el trabajo artesanal.

“Creemos que el maestro es quien tiene un título, un cartón y no damos crédito al artesano que experimenta todos los días”. En este contexto llamó a cambiar esa mentalidad de que “todo lo de afuera es mejor”.

Cada una de sus obras la moldea con pasión como una manera de demostrar de lo que los ecuatorianos, son capaces. (F)

Patricia Naula Herembás
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Juan Gutiérrez funde el oficio, el arte y la creatividad

El artesano pertenece a la cuarta generación que se dedica a moldear el cobre y dar forma a una diversidad de objetos. Tiene la experiencia de controlar el fuego, conocer los cinceles, los masos y disponer de los materiales. Pero, las verdaderas herramientas son sus manos, sus saberes y su creatividad.

Las obras creadas con el cobre reflejan la cara más artesanal, compleja, creativa y tal vez, oculta del arte. Juan Gutiérrez Durán, de 54 años, trabaja su taller en la calle La Condamine en la bajada del Vado.

Pertenece a la cuarta generación que se dedica al oficio de dar forma al cobre y crear diversidad de objetos. Tiene la experiencia de controlar el fuego, conocer los cinceles, los masos y disponer de los materiales. Pero, las verdaderas herramientas son sus manos, sus saberes y su creatividad.

El artesano mantiene vivo este trabajo que con el paso del tiempo se ha ido perdiendo. “Este conocimiento se irá conmigo a la tumba”, sentencia, y a la vez hace un enérgico llamado a las autoridades a tomar verdaderas acciones para preservar la tradición.

“Estoy en El Vado ya 36 años en el taller ‘La forja en cobre’, antes estuvo mi padre David Gutiérrez Avilés durante 60 años. A ellos preceden Carlos Astudillo Avilés y Gerónimo Astudillo Avilés ” quienes ya fallecieron, rememora Juan.

Cada una de esas generaciones aportó con “un granito de arena” para llegar a lo que hoy se ofrece en este local, que se inició con la hojalatería; le siguió la forja de canales y luego el moldeado de pailas de cobre y alambiques.

Don Juan conoce todas estas técnicas, pero además ha desarrollado el tallado y cincelado en cobre. Así crea candados, rosetones, coronas, olletas, colibríes, gallos, cuadros cincelados y lo que surge de su mente. No ha pasado por una formación académica, pero tiene claro el valor de su sabiduría. Se considera “bendecido por ‘tayta’ Dios”.

“Mi mejor aliado es el fuego y el cobre es tan noble que se le puede moldear y dar la forma que quiera”, asegura don Juan en su taller, donde trabaja rodeado de herramientas y artesanías decorativas, fruto de su trabajo. Elabora también artículos utilitarios como baldes, comederos, cantarillas, lavacaras y tinas, jarras, que ahora la gente compra muy poco.

Entre sus obras se destacan las pailas de cobre. Las hace desde cinco litros hasta 300 o 400 litros. Se adapta al gusto de los clientes. “Son usadas, sobre todo, por la gente del campo para hacer el tostado, para pelar el mote y para hacer la fritada porque dicen que ‘sale más suquita’”, manifiesta.

Ha elaborado también las grandes pailas que se emplean durante la Fiesta de los Toros de Girón, que se celebra entre octubre y noviembre. “Son de 250 litros y las piden para preparar el caldo de toro, típico de la tradición de ese cantón”.

También ha hecho evaporadoras de 500 litros, que se usan para hacer la panela y alambiques de hasta 1.000 litros de capacidad.

Los precios de los artículos varían de acuerdo al tamaño, al tiempo de trabajo y a la complejidad de los diseños. Una paila de 60 litros cuesta 650 dólares. Funde la materia prima a temperaturas que alcanzan los 1.200 o 1.500 grados y lo convierte en algo tan imperecedero como una escultura. Golpe a golpe forja los diseños, que ha variado con el tiempo para diversificar el mercado. Una de las actividades más laboriosas es el tallado, puede demorar hasta tres meses en esculpir una olla mediana.

Temporada
La época de mayor trabajo suele ser Carnaval, que se caracteriza por la costumbre de matar el chancho e invitar a la familia a compartir, una tradición que también ha decaído, señala.

“Ahora será de dedicarse a hacer pailas para los políticos, que vayan con paila propia abajo”, bromea.

En su taller conserva un ‘libro de visitas’, con dedicatorias y reconocimientos de turistas de diferentes países como Suiza, Francia, España, Estados Unidos y Canadá, hasta donde han ido sus obras. (F)

Valora su oficio como parte del patrimonio intangible

Día a día el artesano Juan Gutiérrez trabaja con el cobre y mantiene vivo este oficio, que valora como parte del patrimonio intangible de la ciudad.

Tiene dos hijos profesionales y ninguno de ellos continuará con la tradición, por ello hizo un llamado a apreciar el trabajo artesanal.

“Creemos que el maestro es quien tiene un título, un cartón y no damos crédito al artesano que experimenta todos los días”. En este contexto llamó a cambiar esa mentalidad de que “todo lo de afuera es mejor”.

Cada una de sus obras la moldea con pasión como una manera de demostrar de lo que los ecuatorianos, son capaces. (F)

Patricia Naula Herembás
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