Innovación permite acercarse al huayru

El diseñador industrial cuencano Cristian Mogrovejo ha creado un juego basado en el objeto ancestral huayru, relacionado, según estudios antropológicos, con los rituales funerarios ancestrales. El objeto se exhibe en el Museo de los Metales junto con la muestra ‘Espejo Humeante’.
FOTO: Miguel Arévalo El Tiempo

La tradición ancestral guarda entre sus misterios objetos vinculados con los rituales funerarios, uno de ellos, y quizá aún actual, el huayru, un elemento cultural al que el diseñador industrial cuencano Cristian Mogrovejo le ha dado actualidad innovando su uso.

Antes de crear el juego el diseñador se acercó a la historia de este objeto, intrigado por la investigación del antropólogo Santiago Ordóñez Carpio, en la que se profundizaba sobre el huayru.

Similar a lo que hoy conocemos como dado, el objeto hecho con hueso, principalmente obtenido de la canilla de un humano, un tablero de madera y semillas, se utilizaban como parte del ritual funerario luego del entierro de una persona.

Mogrovejo explica que el acercamiento a la historia del huayru se complementó con una visita al cantón Sígsig en donde conoció, de primera mano, los relatos sobre la aparición del ‘juego’ y el elemento clave, que es similar a un dado. Allí observó como aún se conserva la tradición, aunque evidenció que está en proceso de extinción.

Al huayru también se lo conoce como tishno, y actualmente se lo entendería como un ‘juego’, explica Mogrovejo.

El ‘dado’ tiene marcas de uno a cinco y una cara vacía -también conocida con lluchu o llampu-, y, tras lanzarlo, los jugadores mueven las semillas, generalmente de maíz, sobre el tablero de madera en el que se han tallado orificios, en los que apenas cabe la semilla, para que el jugador siga una secuencia.

Con el principio del huayru, creó un artefacto lúdico que en lugar del tablero ahora es un pieza de madera similar a una estrella o una araña. En cada pata o extensión existen 10 orificios por los que circulan fichas elaboradas con semillas de huayruro.

A diferencia del ‘dado’ de hueso, el diseñador de 39 años de edad utiliza un dado de madera, que posee similares características que el ‘dado’ original.

El artefacto lúdico fue creado por Mogrovejo hace unos 10 años, en Estados Unidos, durante sus estudios de maestría, sin embargo, hace pocos días se presentó en la ciudad y actualmente se exhibe en el Museo de los Metales como parte de la exposición ‘Espejo Humeante’, del artista Eduardo Villacís, montada hasta abril.

Luego de la exhibición, el diseñador espera conseguir un espacio y auspicios para un encuentro académico con estudiantes universitarios y además, está pensando en producirlo para su distribución.

Ritual
En la investigación sobre la que se basa el trabajo de Mogrovejo, el antropólogo Santiago Ordóñez Carpio entiende el huyru como un juego ritual que pertenece a la concepción de lo sagrado en el mundo andino.

En ella, agrega el investigador, se introduce en aspectos como la legalización y transacción de posesiones materiales, relaciones espaciales vinculadas a la organización social andina, estética, cultos con función agrícola, recreación de movimientos astronómicos, cultos a los antepasados y las relaciones entre el mundo terreno y el de los muertos. En definitiva, el investigador propone que el juego del huayru genera una ‘solución’ al conflicto, un punto intermedio en el que las tensiones sociales se resuelven.

Pero ¿cómo se usa? Según la tradición funeraria de comunidades del cantón Sígsig, el ritual se asocia con el velorio y los cinco días que siguen a la muerte de un individuo y a las ceremonias purificatorias, por ello el ritual o ‘juego’ se lo practica los cinco días posteriores al entierro del difunto. Además, la tradición señala que familiares, amigos y allegados se reúnen en la casa del difunto, cinco días después de su entierro para rendir honras fúnebres, crean dos bandos, entendidos como dualidad (según la tradición Andina aunque enemigos según la concepción actual) en torno a una estera y una cobija, y, sobre estos elementos, el tablero de madera. Cada integrante del grupo lanza el ‘dado’ y de acuerdo al número que señale, se muevan las semillas sobre los orificios del tablero. (F)

Fabián Campoverde S.
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Innovación permite acercarse al huayru

FOTO: Miguel Arévalo El Tiempo

La tradición ancestral guarda entre sus misterios objetos vinculados con los rituales funerarios, uno de ellos, y quizá aún actual, el huayru, un elemento cultural al que el diseñador industrial cuencano Cristian Mogrovejo le ha dado actualidad innovando su uso.

Antes de crear el juego el diseñador se acercó a la historia de este objeto, intrigado por la investigación del antropólogo Santiago Ordóñez Carpio, en la que se profundizaba sobre el huayru.

Similar a lo que hoy conocemos como dado, el objeto hecho con hueso, principalmente obtenido de la canilla de un humano, un tablero de madera y semillas, se utilizaban como parte del ritual funerario luego del entierro de una persona.

Mogrovejo explica que el acercamiento a la historia del huayru se complementó con una visita al cantón Sígsig en donde conoció, de primera mano, los relatos sobre la aparición del ‘juego’ y el elemento clave, que es similar a un dado. Allí observó como aún se conserva la tradición, aunque evidenció que está en proceso de extinción.

Al huayru también se lo conoce como tishno, y actualmente se lo entendería como un ‘juego’, explica Mogrovejo.

El ‘dado’ tiene marcas de uno a cinco y una cara vacía -también conocida con lluchu o llampu-, y, tras lanzarlo, los jugadores mueven las semillas, generalmente de maíz, sobre el tablero de madera en el que se han tallado orificios, en los que apenas cabe la semilla, para que el jugador siga una secuencia.

Con el principio del huayru, creó un artefacto lúdico que en lugar del tablero ahora es un pieza de madera similar a una estrella o una araña. En cada pata o extensión existen 10 orificios por los que circulan fichas elaboradas con semillas de huayruro.

A diferencia del ‘dado’ de hueso, el diseñador de 39 años de edad utiliza un dado de madera, que posee similares características que el ‘dado’ original.

El artefacto lúdico fue creado por Mogrovejo hace unos 10 años, en Estados Unidos, durante sus estudios de maestría, sin embargo, hace pocos días se presentó en la ciudad y actualmente se exhibe en el Museo de los Metales como parte de la exposición ‘Espejo Humeante’, del artista Eduardo Villacís, montada hasta abril.

Luego de la exhibición, el diseñador espera conseguir un espacio y auspicios para un encuentro académico con estudiantes universitarios y además, está pensando en producirlo para su distribución.

Ritual
En la investigación sobre la que se basa el trabajo de Mogrovejo, el antropólogo Santiago Ordóñez Carpio entiende el huyru como un juego ritual que pertenece a la concepción de lo sagrado en el mundo andino.

En ella, agrega el investigador, se introduce en aspectos como la legalización y transacción de posesiones materiales, relaciones espaciales vinculadas a la organización social andina, estética, cultos con función agrícola, recreación de movimientos astronómicos, cultos a los antepasados y las relaciones entre el mundo terreno y el de los muertos. En definitiva, el investigador propone que el juego del huayru genera una ‘solución’ al conflicto, un punto intermedio en el que las tensiones sociales se resuelven.

Pero ¿cómo se usa? Según la tradición funeraria de comunidades del cantón Sígsig, el ritual se asocia con el velorio y los cinco días que siguen a la muerte de un individuo y a las ceremonias purificatorias, por ello el ritual o ‘juego’ se lo practica los cinco días posteriores al entierro del difunto. Además, la tradición señala que familiares, amigos y allegados se reúnen en la casa del difunto, cinco días después de su entierro para rendir honras fúnebres, crean dos bandos, entendidos como dualidad (según la tradición Andina aunque enemigos según la concepción actual) en torno a una estera y una cobija, y, sobre estos elementos, el tablero de madera. Cada integrante del grupo lanza el ‘dado’ y de acuerdo al número que señale, se muevan las semillas sobre los orificios del tablero. (F)

Fabián Campoverde S.
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