Golpe a golpe se moldea la piedra en Rumihurco

Foto cortesía.

Los picapedreros se dedican a este oficio transmitido por generaciones, utilizan la piedra andesita que se extrae del Cojitambo. Sin embargo,
las nuevas generaciones ya no quieren aprender este arte.

La costumbre
del tallado
en piedra data de tiempos ancestrales
Grandes construcciones de piedra, como el Complejo de Ingapirca en Cañar, o el  Pumapungo en Azuay, evidencian que la piedra de cantera ha sido ya utilizada desde la antigüedad. Un trabajo investigativo de Rosa Velecela, sobre la historia, cultura y costumbres de Azogues, señala que no se conoce con certeza quien dio inicio a este oficio en Rumihurco. Sin embargo, los dueños de los talleres manifiestan que “esta labor se inició desde la Colonia cuando a mediados del siglo XVI llegaron los franciscanos, que además de difundir el cristianismo, enseñaron diversidad de artes, entre ellos, el tallado de piedra”. (F)

Para las hábiles manos de los artesanos la piedra no tiene secretos, ni aparentemente dureza, con el cincel y el martillo le dan formas, la moldean y la transforman en piezas de arte que reflejan la creatividad y la fuerza de los obreros.


Manuel Sibri, de 58 años, es uno de los artesanos que tallan la piedra. Trabaja junto a sus dos hijos en su taller ‘Roca Dura’, ubicado en el sector de Rimuhurco, a un kilómetro de la parroquia Javier Loyola, de Azogues.


Recuerda que empezó en este oficio a los 16 años: “Aprendí en un taller con un maestro antiguo, al principio era difícil porque es un trabajo tosco y sacrificado y es bastante laborioso moldear la piedra”.


Sin quitar la mirada del pilar que está esculpiendo, el obrero lamenta que este oficio se esté perdiendo porque la juventud ya no quiere aprender. “En este trabajo quedamos los que tienen mi edad o más, pero los jóvenes de menos de 20 años ya no quieren dedicarse a este oficio”, dice.


Experiencia
Cubierto la cabeza apenas con un sombrero, Manuel se ha acostumbrado a   trabajar sin mayor protección, pese al polvo o a la piedra que salta mientras va picando. Esto lo atribuye a su experiencia. Por otra parte, el hombre recuerda  que hace algunos años tenía en exhibición al aire libre diversos modelos e imágenes talladas, sin embargo, manifiesta que ahora las hace unicamente bajo pedido.


“El tallado es laborioso y se demora. Cuando es bajo pedido se hacen las figuras, pero lo que sí hacemos siempre son pilares, piletas y piedras para fachada”, subraya.


Un toro pequeño cuesta entre 300 o 400 dólares. “Demora casi una semana y ya trabajado hay que vender en ese precio sino no se gana nada”, asegura el hombre, quien trabaja con su hijo Jorge, de 37 años.


Él se dedica a este arte desde que tenía 11 años de edad. De la mano de su padre aprendió a hacer gallos, caballos, perros, leones, diosas, ángeles, cristos, cruces, lápidas y lo que “el cliente pida, nos trae una foto de lo que quiere y aquí le hacemos”.


En Rumihurco, una pequeña parroquia del cantón Azogues, se encuentran los talleres de los obreros que esculpen la piedra andesita, que se extrae de la cantera del cerro Cojitambo. Están ubicados en la panamericana en ambos márgenes de la carretera. Su significado en kichwa es ‘Rumi’ (piedra), lugar sagrado, piedra sagrada y ‘Urco’ (cerro).  


Labor
Para tallar la roca no hay técnicas ni se emplean moldes, lo que cuenta es la habilidad y la precisión, todo se hace a base de golpes, con las puntas o cinceles, el martillo, el combo, la busarda y para los cortes utilizan la amoladora. Usan también lápiz, el metro y una escuadra.
“Lo que los albañiles llaman combo, nosotros le llamamos martillo”, dice don Manuel. Otra de las herramientas que usan los obreros es la busarda, que en la superficie de percusión tiene unos gradiantes o dientes que sirven para pulir la piedra y darle el acabado final con una textura particular.


Los precios de las esculturas varían de acuerdo con el tamaño y el modelo, ya que de esto depende también el tiempo de acabado. Pueden costar desde 100 dólares y sobrepasar los 2.500 dólares.


José Alberto Tenesaca labora con la familia Sibri. Cubierto la cabeza con una camiseta con apenas los ojos visibles, trabaja en el moldeado de un par de toros, aunque el primero ya lo ha terminado. Esta labor le tomó cinco días. “El segundo toro debo hacerlo con medidas para que queden iguales”, indica Tenesaca de 26 años, que utiliza la memoria como la  herramienta más importante.


Hace 10 aprendió este ofició haciendo primero bases y columnas. “Después empecé a hacer figuras por pura habilidad”, cuenta.
Entre las obras que ha hecho está el dios hindú Shiva que tiene varios brazos y variedad de figuras humanas y animales de todos los tamaños. (F)


LUGAR.  A los talladores de piedra se los encuentra a lo largo de la panamericana, en el sector de Rumihurco, a un kilómetro de la parroquia Javier Loyola.
MATERIA prima. La piedra que la trabajan los hábiles artesanos es la andesita, que se extrae de las canteras del cerro Cojitambo.
HERRAMIENTAS. Para su labor los obreros utilizan las puntas o cinceles, el martillo, el  combo, las busardas. Para los cortes emplean la amoladora.
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En los talleres de los picapedreros,  levantados con pilares y cubiertos con planchas de zinc, cada uno tiene su propio espacio.

Golpe a golpe se moldea la piedra en Rumihurco

Foto cortesía.

Los picapedreros se dedican a este oficio transmitido por generaciones, utilizan la piedra andesita que se extrae del Cojitambo. Sin embargo,
las nuevas generaciones ya no quieren aprender este arte.

La costumbre
del tallado
en piedra data de tiempos ancestrales
Grandes construcciones de piedra, como el Complejo de Ingapirca en Cañar, o el  Pumapungo en Azuay, evidencian que la piedra de cantera ha sido ya utilizada desde la antigüedad. Un trabajo investigativo de Rosa Velecela, sobre la historia, cultura y costumbres de Azogues, señala que no se conoce con certeza quien dio inicio a este oficio en Rumihurco. Sin embargo, los dueños de los talleres manifiestan que “esta labor se inició desde la Colonia cuando a mediados del siglo XVI llegaron los franciscanos, que además de difundir el cristianismo, enseñaron diversidad de artes, entre ellos, el tallado de piedra”. (F)

Para las hábiles manos de los artesanos la piedra no tiene secretos, ni aparentemente dureza, con el cincel y el martillo le dan formas, la moldean y la transforman en piezas de arte que reflejan la creatividad y la fuerza de los obreros.


Manuel Sibri, de 58 años, es uno de los artesanos que tallan la piedra. Trabaja junto a sus dos hijos en su taller ‘Roca Dura’, ubicado en el sector de Rimuhurco, a un kilómetro de la parroquia Javier Loyola, de Azogues.


Recuerda que empezó en este oficio a los 16 años: “Aprendí en un taller con un maestro antiguo, al principio era difícil porque es un trabajo tosco y sacrificado y es bastante laborioso moldear la piedra”.


Sin quitar la mirada del pilar que está esculpiendo, el obrero lamenta que este oficio se esté perdiendo porque la juventud ya no quiere aprender. “En este trabajo quedamos los que tienen mi edad o más, pero los jóvenes de menos de 20 años ya no quieren dedicarse a este oficio”, dice.


Experiencia
Cubierto la cabeza apenas con un sombrero, Manuel se ha acostumbrado a   trabajar sin mayor protección, pese al polvo o a la piedra que salta mientras va picando. Esto lo atribuye a su experiencia. Por otra parte, el hombre recuerda  que hace algunos años tenía en exhibición al aire libre diversos modelos e imágenes talladas, sin embargo, manifiesta que ahora las hace unicamente bajo pedido.


“El tallado es laborioso y se demora. Cuando es bajo pedido se hacen las figuras, pero lo que sí hacemos siempre son pilares, piletas y piedras para fachada”, subraya.


Un toro pequeño cuesta entre 300 o 400 dólares. “Demora casi una semana y ya trabajado hay que vender en ese precio sino no se gana nada”, asegura el hombre, quien trabaja con su hijo Jorge, de 37 años.


Él se dedica a este arte desde que tenía 11 años de edad. De la mano de su padre aprendió a hacer gallos, caballos, perros, leones, diosas, ángeles, cristos, cruces, lápidas y lo que “el cliente pida, nos trae una foto de lo que quiere y aquí le hacemos”.


En Rumihurco, una pequeña parroquia del cantón Azogues, se encuentran los talleres de los obreros que esculpen la piedra andesita, que se extrae de la cantera del cerro Cojitambo. Están ubicados en la panamericana en ambos márgenes de la carretera. Su significado en kichwa es ‘Rumi’ (piedra), lugar sagrado, piedra sagrada y ‘Urco’ (cerro).  


Labor
Para tallar la roca no hay técnicas ni se emplean moldes, lo que cuenta es la habilidad y la precisión, todo se hace a base de golpes, con las puntas o cinceles, el martillo, el combo, la busarda y para los cortes utilizan la amoladora. Usan también lápiz, el metro y una escuadra.
“Lo que los albañiles llaman combo, nosotros le llamamos martillo”, dice don Manuel. Otra de las herramientas que usan los obreros es la busarda, que en la superficie de percusión tiene unos gradiantes o dientes que sirven para pulir la piedra y darle el acabado final con una textura particular.


Los precios de las esculturas varían de acuerdo con el tamaño y el modelo, ya que de esto depende también el tiempo de acabado. Pueden costar desde 100 dólares y sobrepasar los 2.500 dólares.


José Alberto Tenesaca labora con la familia Sibri. Cubierto la cabeza con una camiseta con apenas los ojos visibles, trabaja en el moldeado de un par de toros, aunque el primero ya lo ha terminado. Esta labor le tomó cinco días. “El segundo toro debo hacerlo con medidas para que queden iguales”, indica Tenesaca de 26 años, que utiliza la memoria como la  herramienta más importante.


Hace 10 aprendió este ofició haciendo primero bases y columnas. “Después empecé a hacer figuras por pura habilidad”, cuenta.
Entre las obras que ha hecho está el dios hindú Shiva que tiene varios brazos y variedad de figuras humanas y animales de todos los tamaños. (F)


LUGAR.  A los talladores de piedra se los encuentra a lo largo de la panamericana, en el sector de Rumihurco, a un kilómetro de la parroquia Javier Loyola.
MATERIA prima. La piedra que la trabajan los hábiles artesanos es la andesita, que se extrae de las canteras del cerro Cojitambo.
HERRAMIENTAS. Para su labor los obreros utilizan las puntas o cinceles, el martillo, el  combo, las busardas. Para los cortes emplean la amoladora.
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En los talleres de los picapedreros,  levantados con pilares y cubiertos con planchas de zinc, cada uno tiene su propio espacio.