A pulso y con fuerza se forjan las cruces para el enteche

Amadeo Vásquez elabora cruces de hierro en su taller ubicado en la bajada de El Padrón, donde exhibe sus trabajos.
FOTO: Diego Cáceres EL TIEMPO

Los tradicionales crucifijos se colocan en los techos de las viviendas, como un símbolo de protección vinculado a las creencias religiosas, sin embargo, tiene sincretismo con la ceremonia ancestral del Wasipichana, que consistía en la purificación del espacio de convivencia diaria de las familias.

Amadeo Vásquez aprendió el oficio de forjar el hierro a los 12 años. Aunque empezó haciendo barretas, picos, rejas y arados para los bueyes, hoy a sus 65 años se especializa en elaborar grandes y coloridas cruces.

“Quienes compran la cruz me dicen que es para colocarla en el techo de la casa para bendecirla, es una creencia religiosa; pero otros dicen que es para el Wasipichana”, explica el obrero, en alusión al ritual ancestral de purificación del espacio de convivencia diaria, que está vinculado a la cosmovisión andina.

Con las manos toscas y curtidas por el trabajo, Amadeo pondera que no hay otras técnicas más que “la habilidad y la fuerza”. Sus herramientas son las láminas tool de hierro, la entenalla, el yunque, los combos, la suelda y el compresor para pintar.

En la parte inferior de los crucifijos se destaca el año, que hace alusión a cuándo se estrena la casa. Diego Cáceres EL TIEMPO

“Tengo que concentrarme para trabajar, los modelos son de mi inspiración y son únicos, no se repiten y eso les gusta a mis clientes”, dice el obrero en su taller ubicado en la Bajada del Padrón, una calle peatonal, donde mantiene exhibidas decenas de cruces de diversos tamaños.

Sus principales clientes son los extranjeros y los migrantes azuayos, quienes le piden cruces “bien adornadas y de bastantes colores: una cruz viva”.

“Como tienen unas hermosas casas, con esto queda más hermosa”, asegura Amadeo, cuyos adornos ha vendido para habitantes de El Valle, Nulti, Ricaurte, Baños y Turi, entre otras localidades.

Trabajo
En fabricar un crucifijo grande se demora hasta 15 días y en los pequeños tarda una semana. Los precios varían según la dimensión y lo laborioso del diseño, pudiendo costar entre 100 y 500 dólares.

Empieza por hacer los dibujos, como palomas, flores, estrellas y figuras religiosas, los cuales plasma en la plancha tool y los recorta utilizando tijeras y un punzón. Para el moldeado de ciertas piezas utiliza el yunque y un combo de mango pequeño, aunque, dependiendo del trabajo, utiliza un combo grande que pesa unas 20 libras.

Para forjar los espirales o churos, utiliza la entenalla y a “pulso y con toda la fuerza, le voy torciendo para darle forma”.

Finalmente suelda y forma la cruz en una sola pieza, le coloca vidrio catedral y la pinta. Siempre en la parte inferior destaca el año, que hace alusión a cuándo se estrenó la casa.

El yunque y el combo están entre las principales herramientas que utiliza el artesano. Además de las láminas tool, la entenalla, la suelda y el compresor. Diego Cáceres EL TIEMPO 

Costumbres
La tradición es que estas cruces sean un obsequio de los compadres del dueño de la vivienda. “Por lo general es un vecino, que viene a comprar y lleva para la bendición de la casa, cuando se termina de construir”, dice Amadeo.

Según el historiador Juan Cordero, la costumbre de colocar un símbolo en los techos data de la época de la Colonia. Con él coincide el investigador de las culturas andinas, Pedro Janeta, quien en su obra ‘Memoria Ancestral’ señala que “con la llegada de la religión cristiana se elegían padrinos para la bendición de la casa con un sacerdote”.

En su obra, Janeta se refiere a la ceremonia ancestral del Wasipichana o Wasipichay, que consistía en “hacer una ofrenda al espíritu de la vivienda” para lo cual mantenían colgado un borrego y cuyes pelados en el interior de la casa, con lo que se alimentaba a los presentes, pero dejaban una pierna durante el tiempo que el dueño crea conveniente.

Amadeo recuerda que en el Wasipichana se hace una minga donde hay “abundante cuy con papas, y fuerte chicha o vino”. El dueño invita a los amigos y familiares y el compadre es el encargado de subir y colocar la cruz en el denominado ‘enteche’. (F)

Las cruces se colocan en los techos de las viviendas, como un símbolo de protección para “ahuyentar los malos espíritus”. Diego Cáceres EL TIEMPO 

DATOS
-Trabajo. Amadeo también elabora cruces para capillas, candelabros, pedestales para colocar la biblia y diversidad de adornos en hierro.
-Significado. Wasipichana es una palabra kichwa que proviene de wasi, que significa casa, y pichana, que quiere decir barrer o limpiar.
-Presente. La tradición es que estas cruces sean un obsequio de los compadres del dueño de la vivienda que se acaba de construir.

Se colocan también como delimitación del territorio y ubicación

Una investigación que reposa en los archivos del Instituto Nacional de Patrimonio Cultural señala que las cruces sirven también como delimitación del territorio y ubicación, porque no solo están en los techos de las casas sino en plazas, parroquias e iglesias. La autora del estudio, Ana Abad Rodas, subraya que con esas figuras se “pide ayuda, perdón y clemencia”.

Entre los modelos se destacan las que llevan un gallo en la parte superior, además de las veletas, que indican la dirección del viento y los puntos cardinales. Según Amadeo Vásquez, estas cruces de metal sirven también como pararrayos. (F)

Patricia Naula Herembás
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A pulso y con fuerza se forjan las cruces para el enteche

Amadeo Vásquez elabora cruces de hierro en su taller ubicado en la bajada de El Padrón, donde exhibe sus trabajos.
FOTO: Diego Cáceres EL TIEMPO

Los tradicionales crucifijos se colocan en los techos de las viviendas, como un símbolo de protección vinculado a las creencias religiosas, sin embargo, tiene sincretismo con la ceremonia ancestral del Wasipichana, que consistía en la purificación del espacio de convivencia diaria de las familias.

Amadeo Vásquez aprendió el oficio de forjar el hierro a los 12 años. Aunque empezó haciendo barretas, picos, rejas y arados para los bueyes, hoy a sus 65 años se especializa en elaborar grandes y coloridas cruces.

“Quienes compran la cruz me dicen que es para colocarla en el techo de la casa para bendecirla, es una creencia religiosa; pero otros dicen que es para el Wasipichana”, explica el obrero, en alusión al ritual ancestral de purificación del espacio de convivencia diaria, que está vinculado a la cosmovisión andina.

Con las manos toscas y curtidas por el trabajo, Amadeo pondera que no hay otras técnicas más que “la habilidad y la fuerza”. Sus herramientas son las láminas tool de hierro, la entenalla, el yunque, los combos, la suelda y el compresor para pintar.

En la parte inferior de los crucifijos se destaca el año, que hace alusión a cuándo se estrena la casa. Diego Cáceres EL TIEMPO

“Tengo que concentrarme para trabajar, los modelos son de mi inspiración y son únicos, no se repiten y eso les gusta a mis clientes”, dice el obrero en su taller ubicado en la Bajada del Padrón, una calle peatonal, donde mantiene exhibidas decenas de cruces de diversos tamaños.

Sus principales clientes son los extranjeros y los migrantes azuayos, quienes le piden cruces “bien adornadas y de bastantes colores: una cruz viva”.

“Como tienen unas hermosas casas, con esto queda más hermosa”, asegura Amadeo, cuyos adornos ha vendido para habitantes de El Valle, Nulti, Ricaurte, Baños y Turi, entre otras localidades.

Trabajo
En fabricar un crucifijo grande se demora hasta 15 días y en los pequeños tarda una semana. Los precios varían según la dimensión y lo laborioso del diseño, pudiendo costar entre 100 y 500 dólares.

Empieza por hacer los dibujos, como palomas, flores, estrellas y figuras religiosas, los cuales plasma en la plancha tool y los recorta utilizando tijeras y un punzón. Para el moldeado de ciertas piezas utiliza el yunque y un combo de mango pequeño, aunque, dependiendo del trabajo, utiliza un combo grande que pesa unas 20 libras.

Para forjar los espirales o churos, utiliza la entenalla y a “pulso y con toda la fuerza, le voy torciendo para darle forma”.

Finalmente suelda y forma la cruz en una sola pieza, le coloca vidrio catedral y la pinta. Siempre en la parte inferior destaca el año, que hace alusión a cuándo se estrenó la casa.

El yunque y el combo están entre las principales herramientas que utiliza el artesano. Además de las láminas tool, la entenalla, la suelda y el compresor. Diego Cáceres EL TIEMPO 

Costumbres
La tradición es que estas cruces sean un obsequio de los compadres del dueño de la vivienda. “Por lo general es un vecino, que viene a comprar y lleva para la bendición de la casa, cuando se termina de construir”, dice Amadeo.

Según el historiador Juan Cordero, la costumbre de colocar un símbolo en los techos data de la época de la Colonia. Con él coincide el investigador de las culturas andinas, Pedro Janeta, quien en su obra ‘Memoria Ancestral’ señala que “con la llegada de la religión cristiana se elegían padrinos para la bendición de la casa con un sacerdote”.

En su obra, Janeta se refiere a la ceremonia ancestral del Wasipichana o Wasipichay, que consistía en “hacer una ofrenda al espíritu de la vivienda” para lo cual mantenían colgado un borrego y cuyes pelados en el interior de la casa, con lo que se alimentaba a los presentes, pero dejaban una pierna durante el tiempo que el dueño crea conveniente.

Amadeo recuerda que en el Wasipichana se hace una minga donde hay “abundante cuy con papas, y fuerte chicha o vino”. El dueño invita a los amigos y familiares y el compadre es el encargado de subir y colocar la cruz en el denominado ‘enteche’. (F)

Las cruces se colocan en los techos de las viviendas, como un símbolo de protección para “ahuyentar los malos espíritus”. Diego Cáceres EL TIEMPO 

DATOS
-Trabajo. Amadeo también elabora cruces para capillas, candelabros, pedestales para colocar la biblia y diversidad de adornos en hierro.
-Significado. Wasipichana es una palabra kichwa que proviene de wasi, que significa casa, y pichana, que quiere decir barrer o limpiar.
-Presente. La tradición es que estas cruces sean un obsequio de los compadres del dueño de la vivienda que se acaba de construir.

Se colocan también como delimitación del territorio y ubicación

Una investigación que reposa en los archivos del Instituto Nacional de Patrimonio Cultural señala que las cruces sirven también como delimitación del territorio y ubicación, porque no solo están en los techos de las casas sino en plazas, parroquias e iglesias. La autora del estudio, Ana Abad Rodas, subraya que con esas figuras se “pide ayuda, perdón y clemencia”.

Entre los modelos se destacan las que llevan un gallo en la parte superior, además de las veletas, que indican la dirección del viento y los puntos cardinales. Según Amadeo Vásquez, estas cruces de metal sirven también como pararrayos. (F)

Patricia Naula Herembás
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